En esta segunda entrega de mis recuerdos, quiero compartir algunos encuentros especiales con personajes que, por una u otra razón, dejaron huella en mi vida y en la historia de Cala Ratjada. Estos momentos, a lo largo de los años, me permitieron conocer de cerca a figuras memorables, cada una con su estilo y legado particular.
1976: Recuerdo cuando el promotor alemán Hans Hassen, dueño del Hotel Na Taconera, me invitaba a entrevistar a huéspedes de renombre. Fue así como pude conversar con Fritz Gretz, un conocido promotor de veladas de boxeo y manager de Muhammad Ali. Aquella entrevista fue para Majorca Magazin, y hablar sobre Ali —también conocido como Cassius Clay— me impactó. Además de ser campeón mundial de los pesos pesados, Ali era admirado por su rechazo a ir a la Guerra de Vietnam, una decisión que lo hizo aún más grande a los ojos del mundo.
Diciembre de 1981: El día 17, logré para el diario El Día de Baleares una entrevista con Fernando Sancho, el icónico actor de películas del Oeste. Fernando tenía una voz inconfundible, perfecta para interpretar a un mexicano en el cine. Me habló de su trayectoria, desde sus primeras películas en 1945 para la productora Cifesa, y luego en Suevia Films. También rodó en los Estudios Roma y Chamartín, donde construyó su carrera. Solo unos días después, el 20 de diciembre, entrevisté a Edmundo Arroced Lohse, más conocido como Bigote Arrocet, en la sala Kafe Kese de Cala Ratjada. Más tarde, en otra sala céntrica, también conversé con el cantautor mallorquín Lorenzo Santamaría y tuve la oportunidad de conocer al mismísimo Johnny Weissmuller, campeón olímpico y famoso por su papel de Tarzán en el cine.
1990: Estando en la única expendeduría de tabacos de Cala Ratjada, un día aparcó frente al estanco un elegante Rolls Royce negro. Del coche descendió un señor vestido también de negro, adornado con numerosos collares y una fuerte presencia. Entró en el estanco y, saludándome, me dijo: «Buenas tardes, yo soy Otero Besteiro, de nombre Francisco, aunque más conocido por mis apellidos.» Me presentó su mano, y yo le respondí: “Encantado, buenas tardes, soy Nicolás Nadal. ¿En qué puedo servirle?” A decir verdad, en ese momento no sabía quién era. Tuvimos una conversación amena; él era un gallego dicharachero y con gran facilidad para el diálogo. Supe después que se trataba de un prestigioso diseñador, escultor y dibujante que estaba en Cala Ratjada para dirigir la decoración del Palacio March. Una vez terminó su trabajo, tuvo la amabilidad de despedirse antes de marcharse, y nunca volví a saber de él hasta que supe de su muerte en 1994.

1998: Este año, tuve un encuentro especial con el cantautor Joan Manuel Serrat, quien pasaba unos días en Cala Gat. En aquel entonces, trabajaba en una melodía que tendría gran éxito, “Cada Loco con su Tema”, inspirada en el farero de Capdepera, Basilio. Una tarde, Serrat pasó por la expendeduría que regentaba para comprar algo —aunque, sinceramente, no recuerdo qué— y pudimos compartir unas palabras. Me enorgullece que este gran artista, recientemente galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2024, haya sido parte de mis recuerdos en Cala Ratjada.
1999: Este año, trabajando en la recepción del Hotel Canyamel Park, el director me avisó de que el legendario cuarteto The Golden Gate Quartet, que estaba de gira por Europa, se hospedaría allí. Aquella noche, sobre las 00:30, los cuatro componentes se acercaron a la recepción a pedir sus llaves y unas toallas. No pude evitar decirles que era un fan del soul americano, y ellos, amablemente, me dijeron que, como no había podido asistir a su show, cantarían una canción para mí. Para mi sorpresa, se pusieron a cantar “When the Saints Go Marching In” allí mismo en el vestíbulo. Aquella actuación inesperada atrajo a algunos clientes curiosos del primer piso, que bajaron para ver quiénes eran los que cantaban tan bien. Fue una experiencia que no olvidaré.
Principios de los años 2000: A comienzos de esta década, en el mismo Hotel Canyamel Park, comenzaron a venir intérpretes de jazz de Colonia. Estos conjuntos de tres músicos traían un sonido impecable con clarinete, guitarra baja, trompeta e incluso banjo y trombón. En una de esas veladas, invité a un amigo de Cala Ratjada y a su esposa a disfrutar de la música. Eran tiempos en los que los turistas se quedaban por quince días o más, permitiendo estancias más largas para los músicos. Hoy en día, todo ha cambiado, y los visitantes rara vez superan los tres días. Aquel jazz dejó una marca en mi memoria, como tantos momentos de aquellos tiempos únicos.
Con esta segunda entrega, cierro un capítulo más de mis recuerdos, esperando que mi memoria siga siendo generosa para poder compartir más historias en una próxima colaboración.
