Me remiten una fotografía de la playa de Son Moll del año 1905, y la verdad es que esta imagen da mucho que pensar. En aquel tiempo, en Son Moll no había ninguna edificación. El turismo, sencillamente, no se sabía todavía lo que podía llegar a ser.
En la fotografía se pueden ver dos molinos, que eran de cal Rey, y si uno amplía la imagen con cierta paciencia puede observar incluso la silueta del campanario de la iglesia de Capdepera. Poco más. Aquella era una Son Moll abierta, despejada, sin construcciones, sin establecimientos y sin el movimiento que con el paso de los años acabaría transformando por completo esta zona.
Ahora que se ha eliminado el chiringuito de Son Moll, después de tantos años formando parte del paisaje de la playa, creo que esta fotografía tiene todavía más valor. No porque sirva para decir si aquello tenía que permanecer o desaparecer, que eso corresponde a las leyes y a quienes tienen que aplicarlas, sino porque ayuda a recordar que los lugares cambian, y que a veces cambian mucho más de lo que somos capaces de imaginar.
Cuando uno mira esta imagen antigua se da cuenta de que Son Moll fue, durante mucho tiempo, una playa sin nada de lo que hoy nos parece habitual. Ni hoteles, ni apartamentos, ni paseo, ni chiringuito, ni servicios turísticos. Solo la playa, el mar y aquel paisaje que formaba parte de una Cala Ratjada muy distinta a la actual.
Con los años llegó el turismo, llegaron las edificaciones y llegaron también esos espacios que para muchas generaciones se convirtieron en parte de su memoria. El chiringuito, nos guste más o menos, acabó siendo uno de esos elementos reconocibles de Son Moll. Muchos lo asociaban al verano, a la playa, a los baños, a las conversaciones y a tantos recuerdos de vecinos y visitantes.
Pero la historia nos enseña que nada permanece igual para siempre. La Son Moll de 1905 no se parece a la de mediados del siglo XX, ni tampoco a la que hemos conocido en estos últimos años. Y ahora, con la demolición del antiguo chiringuito y la previsión de colocar una instalación desmontable y más pequeña, empieza otra etapa más en la larga transformación de esta playa.
Por eso considero que estas imágenes antiguas son importantes. Nos permiten entender de dónde venimos y nos ayudan a mirar el presente con más perspectiva. Son Moll no empezó con el turismo ni con el chiringuito. Mucho antes ya estaba allí, con su arena, su mar, sus molinos al fondo y el campanario de Capdepera marcando la distancia.
Nicolás Nadal

