El Mercat Medieval de Capdepera vuelve a situarse como una de las grandes citas festivas de Mallorca, una propuesta que va mucho más allá de una feria y que se ha consolidado como una experiencia colectiva donde historia, cultura y participación vecinal se entrelazan. Con más de 25 años de trayectoria, el reto sigue siendo el mismo: crecer sin perder la esencia. De ello hablamos con el regidor de Fires i Festes, Joan Campins, que analiza el presente y el alma de una de las celebraciones más singulares del municipio.
—El Mercat Medieval lleva años siendo una de las citas más potentes del calendario de Capdepera. ¿Qué mantiene vivo hoy ese carácter tan especial?
—Efectivamente, yo creo que desde fuera es el evento festivo más popular. Diría que el secreto es una mezcla entre la diferenciación medieval y el entorno del Castell.
—El año pasado se insistía mucho en la autenticidad. ¿Qué hace que la gente no solo vea la Edad Media, sino que la sienta?
—El entorno del Castell y las calles del centro de Capdepera ya respiran ese ambiente durante todo el año, pero si le añades la decoración, las paradas, las actuaciones, los olores y la música, te transporta todavía más a la época fundacional de nuestro pueblo.
—¿Hasta qué punto el Mercat sigue dependiendo del pueblo para tener alma?
—En los primeros años fue fundamental. Ahora, por su dimensión, el Mercat podría caminar solo, pero el apoyo de vecinos, asociaciones y escuelas aporta autenticidad. Demuestra que el pueblo hace suyo el mercado y no que el mercado se come al pueblo. Sin ese apoyo sería algo más artificial, enfocado solo al visitante, y eso sería un error.
—¿Cómo se trabaja para crecer sin perder el vínculo con los orígenes?
—Es una mezcla entre introducir novedades cada año —nuevas paradas, espectáculos o conciertos— y mantener a los grupos y artesanos que han dado continuidad durante más de 25 años. Hay que innovar sin olvidar lo que ha hecho grande al Mercat.
—¿Qué papel tienen este año los colectivos locales?
—Tienen un papel protagonista. Contamos con la Coral s’Alzinar, la Coral Gabellina, sa Soler Gabellina, la Banda de Música, Batucap, los Gegants i Caparrots, los Xeremiers de Na Babaiana o la Escola de Ballet Bella Durmiente. Además, asociaciones, clubes y negocios montan paradas, y las escuelas participan en la jornada del viernes. Quiero agradecer a todos ellos su implicación porque aportan ese sello gabellí tan importante.
—¿Qué señal te confirma que el Mercat ha funcionado de verdad?
—Ver el domingo por la noche a la gente del pueblo cansada, pero satisfecha. Eso significa que han vivido el Mercat durante los tres días. Y también es importante conocer las sensaciones de los vendedores, que son quienes dan forma al evento.
—Capdepera tiene un entorno patrimonial único. ¿Cómo se potencia sin desvirtuarlo?
—Aprovechar ese entorno es clave. Hay que decorar sin tapar el encanto del Castell y del centro. Nuestro Castell es único, imposible de copiar. Este año, además, hemos renovado las banderas de los faroles y muchos escudos del castillo para mejorar la imagen.
—El Mercat transforma el pueblo durante días. ¿Qué dice eso de Capdepera?
—Dice que la gente tiene ganas de fiesta y de hacer pueblo. Los vecinos del centro ven su día a día alterado, pero aun así lo disfrutan. Sin su comprensión sería imposible. No es una feria de un día, es un evento que empieza a montarse el jueves y no termina de desmontarse hasta el lunes.
—¿Qué peso tienen los oficios y la artesanía?
—Seguimos apostando fuerte por ellos. Este año hay reincorporaciones después de años. La llata y las fibras naturales tienen protagonismo, pero también muchos otros oficios medievales. Es importante no perder ese legado, aunque cada vez cuesta más encontrar artesanos disponibles.
—¿Qué sensación te gustaría que se lleve quien venga?
—Que ha vivido una experiencia diferente a cualquier otra feria de la isla. Un espacio vivo, seguro y limpio. Venir al Mercat tiene que ser garantía de querer volver.
—¿Qué hace que siga siendo tan auténtico?
—La normativa estética de las paradas, la selección de productos, elementos como el vaso de barro y la presencia constante de música, personajes y espectáculos por las calles. Todo eso crea una sensación inmersiva real.
Más allá de la entrevista, Campins también destaca la apuesta musical de este año, con propuestas de Mallorca, Menorca y Zaragoza, que combinan folk, rock y mestizaje. En total, cerca de 150 paradas y unos 30 grupos artísticos darán forma a una programación continua desde las 10 de la mañana hasta la madrugada durante tres días, consolidando al Mercat Medieval como una de las grandes citas culturales y festivas de la isla.


