El Escolar afronta el tramo final de la temporada con sensaciones encontradas tras las últimas derrotas, pero también con la perspectiva de haber firmado un curso muy por encima de lo esperado. Para analizar este momento, hemos hablado con su entrenador, Carlos Torreblanca, que lanza un mensaje claro: orgullo por el trabajo realizado y confianza en seguir compitiendo hasta el último partido.
Pregunta. ¿Cuál era el objetivo del equipo al inicio de la temporada?
Respuesta. El objetivo principal en un primer momento, allá por agosto, era hacer un equipo e intentar que las situaciones de años atrás no se repitieran. Tan simple como que los 20-25 jugadores que empezaran la temporada la acabaran y que en fechas como Navidad el equipo no se deshiciera.
P. Sin embargo, el equipo lucha por algo más. ¿Cómo se explica ese cambio de escenario?
R. La realidad es que durante la primera vuelta el equipo ha sacado partidos que, para mí, incluso no estaban pensados para sacar un resultado positivo. Eso ha generado que el ambiente alrededor del primer equipo cambiara y que se empezara a pensar en objetivos como subir de categoría o luchar por cosas que no estaban contempladas a principio de temporada.
P. ¿Cómo llega el equipo a este tramo final de competición?
R. Hemos llegado un poco justos de pilas, de fuerzas, pero estamos vivos y vamos a luchar hasta el final. El equipo ha hecho un esfuerzo mental muy grande, pero quiere luchar hasta el final. La realidad es que hemos estado enganchados hasta el último tramo de la temporada con opciones de quedar campeones, y eso tiene mucho mérito.
P. Las últimas derrotas han sido duras. ¿Qué mensaje traslada al vestuario?
R. Lo que les dije a ellos es que no hay que tener un pensamiento negativo por llevar dos derrotas. El escenario que se contemplaba al inicio era muchísimo peor de lo que se ha conseguido. No podemos perder esa perspectiva, y más cuando aún hay posibilidades matemáticas.
P. ¿Cómo valora la temporada en su conjunto?
R. Analizando temporadas anteriores hemos conseguido tener una regularidad durante todo el año, cosa que años atrás no se había conseguido afianzar. La temporada sigue siendo inmejorable, con opciones matemáticas aún de poder quedar más arriba. Quedan tres partidos y se intentará conseguir los máximos puntos posibles y ver en qué posición conseguimos quedar.
P. ¿Qué le dice eso sobre el grupo que ha formado este año?
R. Dice mucho. En julio prácticamente éramos diez jugadores y ahora hemos construido un equipo que ha competido hasta el final. Eso es lo más importante y lo que hay que valorar.
P. ¿Con qué mensaje se queda para lo que resta de campeonato?
R. Que hay que seguir compitiendo, seguir luchando y terminar la temporada como lo que hemos sido hasta ahora: un equipo que no se rinde y que ha sabido crecer cuando nadie lo esperaba.
Un equipo que no se rinde: la fuerza del Escolar está en su vestuario
Si hay algo que define al Escolar en este tramo final de temporada no es solo la clasificación ni las matemáticas que todavía le mantienen con opciones. Es, sobre todo, la implicación de una plantilla que no ha dejado de creer.
En un momento del campeonato en el que las fuerzas flaquean, la temporada turística empieza a condicionar horarios y compromisos, y los equipos suelen perder efectivos, el Escolar ha respondido con todo lo contrario: compromiso, presencia y sentido de grupo.
La mejor prueba se vivió en el último entrenamiento. 22 de los 24 jugadores disponibles estuvieron sobre el césped. Solo dos ausencias, ambas por lesión. Una cifra que, a estas alturas de curso, dice mucho más que cualquier discurso.
Porque este equipo no solo compite los fines de semana. Este equipo entrena, se implica y se presenta. Y eso, en categorías como la Primera Regional, marca diferencias.
El vestuario del Escolar ha construido algo que va más allá de los resultados. Un bloque sólido, con un alto porcentaje de jugadores del propio municipio, que ha sabido mantenerse unido incluso cuando las cosas se han torcido en las últimas jornadas.
Lejos de venirse abajo tras las derrotas recientes, el grupo ha cerrado filas. No hay resignación, no hay desconexión. Hay trabajo, hay presencia y hay una idea clara: pelear hasta el final.
Ese es el verdadero salto que ha dado el Escolar esta temporada. De ser un equipo que sufría por acabar las temporadas, a convertirse en un grupo que compite, que cree y que responde cuando toca.
El fútbol, muchas veces, se decide por detalles. Pero antes de eso, se construye en el día a día. Y ahí, el Escolar ha encontrado su mayor fortaleza.
Porque cuando 22 jugadores acuden a entrenar en el momento más exigente del año, lo que queda claro es que este equipo no ha dicho su última palabra.
Difícil, pero no imposible: el Escolar se juega este sábado seguir soñando
El tramo final de temporada en Primera Regional entra en su momento decisivo y, aunque el margen se ha estrechado, el Escolar sigue vivo. Las cuentas no son sencillas, pero tampoco definitivas. Con tres jornadas por delante y nueve puntos en juego, el equipo de Capdepera mantiene opciones reales de engancharse a la lucha por el playoff… y todo pasa, sí o sí, por ganar este sábado.
La clasificación marca el punto de partida: Bunyola y Artà lideran con 69 puntos, Sencelles les sigue con 68 y el Escolar es cuarto con 63. Cinco puntos separan a los gabellins de la zona de playoff y seis del liderato. A simple vista, parece una distancia considerable, pero el calendario abre una ventana que invita a creer.
La jornada de este fin de semana puede ser un punto de inflexión. El duelo directo entre Bunyola y Sencelles garantiza que uno de los rivales directos —o incluso ambos, si hay empate— se dejará puntos por el camino. Y ahí es donde entra en juego el Escolar, que recibirá en casa al Cala d’Or (séptimo clasificado) el sábado a las 18:00 horas en Es Figueral.
El escenario es claro: si el Escolar gana, recortará distancias sí o sí. Si no lo hace, la pelea se complica de forma prácticamente definitiva. No hay margen de error.
En cuanto a los enfrentamientos directos, la situación está muy ajustada. El golaveraje con Sencelles y Artà está empatado, mientras que con el Bunyola está perdido, un detalle que puede ser determinante en caso de igualdad final. Por eso, más allá de mirar a otros campos, el equipo necesita sumar de tres en tres y mantener la presión hasta el último momento.
Pero más allá de los números, hay un contexto que explica por qué este final de temporada tiene tanto valor. El Escolar ha pasado en un año de cerrar la temporada anterior con un duro 10-0, apenas 12 jugadores convocados y presencia masiva de juveniles, a competir hasta las últimas jornadas por objetivos que ni siquiera estaban en el guion inicial.
Hoy, el equipo presenta una realidad completamente distinta: un bloque consolidado, con entre el 80% y el 90% de jugadores del municipio, comprometido y competitivo. Sin ir más lejos, en el último entrenamiento han estado presentes 22 de los 24 jugadores disponibles, a pesar de encontrarnos ya en plena antesala de la temporada turística, un momento históricamente complicado para mantener la regularidad.
Ese es, en el fondo, el gran cambio del Escolar esta temporada: ha dejado de ser un equipo que sobrevivía para convertirse en un equipo que compite.
Y ahora, en este último tramo, toca dar un paso más.
El partido de este sábado en Es Figueral no es uno más. Es el partido que puede reactivar la ilusión, meter presión a los de arriba y convertir las últimas jornadas en una auténtica final. Un triunfo abriría escenarios, encendería la clasificación y obligaría a mirar de reojo lo que ocurra en el Bunyola–Sencelles.
Difícil, sí. Pero no imposible.
El balón vuelve a rodar este sábado a las 18:00 horas. Y el Escolar, todavía, tiene algo que decir.
