11 marzo 2026

    La gente fallece, suele ocurrir con frecuencia y puntual seguridad…

    VERITAS, VERITATIS. Pep Maria Moll

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     Me sorprendió la cara de estupor de mi amigo, desencajado, incrédulo, como si le estuvieran gastando una broma pesada, al comunicarle la muerte de un compañero nuestro, lo cual le parecía, al amigo,  algo imposible.

    ” La gente fallece, suele ocurrir con frecuencia y puntual seguridad a más o menos largo plazo. Sí, es algo muy penoso, en efecto, triste e inesperado, aunque real e inapelable. También, algún día, nos tocará a nosotros”, exclamaba Arturo.

    Somos un grupo en donde no falta gente culta, con sentido común, con esa cierta madurez que dan los años y la vida. Claro que, en estas circunstancias, se nos asemeja una barbaridad tener que palmarla, pronto o tarde. Ellos y ellas son irreprochablemente sanos y felices, por vivir sumidos en un mundo confortable y en colores suaves. Dolor, muerte, son palabras lejanas que únicamente pueden pronunciarse respecto a otros. Como si a nosotros nunca tuviera que cogernos el toro, la vejez está lejos, somos guapos, fuertes, sanos… ¡¡inmortales!!. 

    ¿Qué piensan ellos al contemplar, por ejemplo, aquel bello coche de 16 válvulas que conduce temerario algún conocido o cuando ponen en un pedestal la atractiva imagen de un dinámico personaje que, con llamativo atuendo, bebe cava en compañía de una bella mujer, o esta misma que,  al pasar,  deslumbra por doquier… o el conocido triunfador en su medio laboral o artístico, aparentemente protegidos por los dioses del Olimpo?.

    ” La vida es un cartón de bingo en el que siempre nos cantan línea antes de tiempo. Esos aparentemente inmortales protagonistas de la prensa del corazón, políticos de alto rango, primeras figuras del deporte, etc. van a desaparecer en cualquier año de estos. Tampoco os vais a escapar ninguno de vosotros – ni yo mismo –porque esa es una rifa en la que todos llevamos papeletas. No lo asumimos, no lo reconocemos, drogados con lo mucho que nos queremos a nosotros mismos; somos la biblia en verso…”, pontifica el colega de estudios que, procedente del seminario, se reúne con sus viejos amigos con motivo del Mercat Medieval de Capdepera, y a los que poco antes les había informado de que el Papa Francisco había dicho que el infierno ya no existía.

    RAILES HACIA LA ETERNIDAD

     En realidad, nuestro certificado de garantía es tan frágil que no duramos nada.  Deténganse un momento a leer la letra pequeña: basta saltarse un semáforo; bajar al cajero automático y tropezarse con alguien de pulso alterado; que el mecánico no haya terminado de ajustar una pieza del coche que hemos llevado a reparar; que un virus, un cortocircuito, un resbalón bajo la ducha, un trombo del corazón haciendo turismo… Todo lo que tenemos, que parece tan sólido, tan valioso y definitivo, se va al carajo en un soplo, en un segundo, al menor descuido nuestro y al menor guiño del azar, la vida, la condición humana. Basta un insecto, un trocito de metal en forma de metralla o bala, una gota de agua o aceite sobre el asfalto por donde circula tu vehículo haciendo trompos, un estornudo, una cualquiera de esas bromas pesadas con las que el Universo se complace en pasar el rato, y tú, yo, nosotros, todo lo que tenemos y todo lo que representamos, y todo lo que amamos o fuimos, lo que somos o pudimos haber sido, se va al diablo y desaparece para siempre sin que vuelva nunca jamás. Así nos iremos todos, claro, y unos antes que otros…

    O sea – volviendo al principio — que fallece. La palma! Desaparece. Pasa a mejor vida o no pasa a ninguna en absoluto. Y, entonces, va un amigo y pregunta al otro: 

    __”Sabes que Fulanito ha muerto? Y el otro, que acaba de tomarse una copa con el extinto, o que ayer, sin ir más lejos, lo vio con un aspecto estupendo, va y responde: __”Fulano? ¡Imposible!. Eso es lo que dice el muy cretino, absolutamente seguro de que esa vulgaridad no puede ocurrirle a él. Grave error!! Y va, y continúa ante la computadora, donde también puede acechar la definitiva sorpresa…

    Sí, veritas veritatis …

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