6 junio 2026

    “El Golea”, tras 95 años, emergerá en la costa de Cala Mesquida ante su bibliotecario y amigos el viernes día 12

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    Pere R. Guaita

    Tomás Garau Febrer, en su libro L’oracle dels vogamarins, detalla este fragmento:

    —En muchos lugares de la costa mallorquina surgen, emergen, muchos episodios provenientes de la mar, unos leves y otros más graves, que han ido forjando el sentimiento de resguardo y reverencia por ella, a pesar de ser tan estimada. En cierta ocasión, antes del Movimiento Nacional, encalló un barco muy grande detrás de Es Cap d’es Freu, cerca de la playa de Sa Mesquida: “El Golea”. Con mi familia estaba yo en Cala Rajada y fuimos hasta allí; mi progenitor, entonces, tenía unos 30 años.

    Cuando mi padre me lo contaba, él mismo revivía el hecho y, de forma pensativa, añadía:

    —¡Muchísima gente, proveniente de distintos lugares de Mallorca, vino a ver el hundimiento! Algunos para ver si podían hacerse con algún objeto. Allí estuvo el barco a merced de las olas durante mucho tiempo, hasta que aquel temporal acabó por hundirlo.

    Hace poco tiempo cayó entre mis manos, casualmente, una reproducción de una postal. Al mirarla con más detenimiento no dudé ni un momento —y además conociendo aquella parte del litoral— de que tenía la plasmación fotográfica, de autor anónimo, del desastre. En ella aparecía “El Golea”; por un instante pude vivificar dos momentos: el primero, el instante en que escuchaba embobado este hecho, aquel suceso, por boca de mi padre. Después, gracias a la fotografía, el poder resucitar aquel instante preciso, único, irrepetible, en un espacio inferior en que la vieja cámara del autor desconocido captó, por segundos, la gran ola que pasaba por encima de la popa del barco, ya dividido en dos.

    Nos cuenta Tomeu Obrador, de Diario de Mallorca, que fue una historia real, leyenda transmitida de generación en generación; recuerdo muy vivo en el municipio de Capdepera. El hundimiento del Titanic a escala del Llevant tiene otro nombre propio: El Golea. Construido en 1929 en la ciudad francesa de Toulon, propiedad de la Compagnie de Navigation Mixte, hizo su viaje inaugural en septiembre del mencionado año, pasando por Barcelona, Palma y Marsella. A continuación ya fue destinado a la línea regular de Port Vendres-Argelia, ruta que también transcurría por el canal de Mallorca-Menorca. Durante algo más de un año realizó este trayecto, dos o tres veces a la semana.

    El Golea era una gran embarcación, ultramoderna en su momento, con camarotes de cuatro categorías y aire acondicionado, la cual sufrió su pesadilla el 25 de mayo de 1931. Acaban de cumplirse 95 años.

    Densa niebla en la bahía de Alcúdia. La ruta se desvía un poco y “El Golea” embarranca entre Cala Mesquida y Es Cap d’es Freu, en Capdepera, en “Es Llamp”. Resultó inicialmente intacto, procediéndose a distintas acciones para intentar reflotarlo. De hecho, existían muchas esperanzas de cara a salvarlo y llevarlo otra vez a mar abierto.

    Sin embargo, ni potentes cuerdas tensionadas por otros barcos ni la intervención de ingenieros y buzos para explosionar con dinamita los llanos donde permanecía atrapado el barco consiguieron su objetivo. Tampoco surtió efecto esperar un temporal que lo removiera. Las cuerdas se rompieron y hubo posterior castigo contra las rocas de la costa, rompiéndose la monumental motonave en tres trozos. A finales de junio acabó de hundirse. En toda esta tragedia no hubo heridos ni muertos. Eso sí, el capitán, a quien culpabilizaron del naufragio, se suicidó meses después.

    Sobre este hecho impresionante, Miquel Flaquer “Llull”, autodenominado “Bibliotecario de El Golea”, efectuó una exposición con fotografías históricas y múltiples objetos recuperados del naufragio, como jaboneras, orinales, escupideras, percheros, sillas, mesas, tazas, espejos, etc.

    Para el viernes día 12 está anunciada por Llull y su gran amigo Biel Flaquer “Barona” una excursión al lugar de los hechos. De seguro que, con ellos, desde el cielo, estará su estimado Sebastià Nebot, que hace pocas fechas se marchó hacia otros lares, apenas sin despedirse.

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