En quince años ejerciendo de conserje de noche en un hotel de nuestra comarca, me he visto en situaciones un tanto difíciles e inimaginables. Que nadie piense que llevar a cabo una labor de tal responsabilidad sea una tarea fácil. Me he visto en situaciones un tanto embarazosas, pero siempre he procurado salir con la cabeza bien alta.
Una de tantas que puedo detallar, sin herir la sensibilidad de nadie, trata de un matrimonio alemán. El marido se había venido a Cala Ratjada con un grupo de amigos, pero su mujer prefirió quedarse en el bar del hotel con unas amigas. Estas se fueron a dormir y la mujer se quedó sola.
Sobre las 23.30 horas, esta mujer estaba en el bar y había bebido más de la cuenta. El barman me dijo:
—Nicolás, ¿por qué no llevas a esta clienta a dormir? Así yo podré cerrar el bar, que estar aquí con una clienta nos cuesta más en luz que otra cosa.
Yo cogí a la clienta y, como pude, la llevé al ascensor. Ella tenía la llave de la habitación. Entramos, le quité la ropa que llevaba, la tumbé en la cama, la tapé con una manta y me dirigí de nuevo a mi puesto de trabajo.
Que nadie piense cosas raras ni extrañas. Mi comportamiento siempre ha sido el de procurar ser un caballero en todos los aspectos.
Sobre las 05.00 horas de la madrugada llegó su marido con los amigos, que procedían de Cala Ratjada. Yo no conocía al marido y mucho menos a su esposa. Supongo que habían entrado en el hotel en un momento en que yo no estaba. Pero lo curioso del caso es que la mujer se informó de la hora en que yo entraba al trabajo y me estuvo esperando para gratificarme con una respetable cantidad de dinero.
Yo me opuse a aceptar gratificación alguna. Mi comportamiento era como me indicaba mi conciencia: respetar y ser respetado. La mujer me comentó que había hablado con su marido del comportamiento que yo había tenido con ella, estando su esposa ebria. No me quedó más remedio que aceptar el dinero que me ofreció, por haberla llevado a la cama sin haberle puesto una mano con malas intenciones.
Situaciones como estas me sucedieron varias, que quedarán en el recuerdo de siempre haber obrado como buen católico y haciendo honor a mi estatus, dejando el pabellón en lo más alto de mi vida laboral.
