12 febrero 2026

    Cala Ratjada, años atrás y la modesta tienda de Carlos Oliver

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    Poco a poco voy dejando de lado mis habituales secciones periodísticas, que desde el año 1969 he venido colaborando con los más diversos medios de comunicación de la Isla. Tanto en la lectura como en redactar, es un medio que me invita a ejercitar mi mente, recordando unos tiempos en que Cala Ratjada era un “paraíso” con menos cemento. Por supuesto, los que la habitábamos nos conocíamos todos.

    En mi época dorada, años cuarenta, cincuenta y alguna década más, en aquel entonces no existía ninguna superficie destinada a grandes supermercados. Existían las modestas tiendas de comestibles, que perduraron hasta los años 1970.

    Aquellas primeras décadas, el poder adquisitivo de los pobladores era prácticamente nulo, principalmente debido a los temporales que hacían impracticable la pesca en el Canal de Mallorca/Menorca.

    Algunos marineros eran admitidos en el jardín del Palacio March en los meses del invierno. Algún arrastrero se trasladaba al puerto de Palma, donde se podía faenar en la bahía o en la vecina isla de Ibiza.

    Los que la poblamos en aquel entonces iban a proveerse, para la subsistencia, en algunas de las tiendas, como podrían ser “Ca l’amo Pere Antoni”, “Can Xisquet”, “Can Fernández”, “Can Bloch” o “Ca’s Sabater”. El tendero tenía una lista donde iba anotando los artículos que cada cliente adquiría, los cuales serían abonados posteriormente en su totalidad, en el momento en que se ganaba algún dinero. Así funcionaba la sociedad de entonces.

    Aquella forma de vivir perduró hasta la llegada de las grandes superficies. Ya se sabe que “es peix gros se menja es peix petit”, siendo ello la causa de que las modestas tiendas desaparecieran, por su competencia o lo que fuera.

    Además, antes había un trato más familiar tendero/cliente, que salta a la vista. Hoy aquello ya desapareció. Los trabajadores de estas grandes superficies no tienen el trato y diálogo con los clientes como se tenía antes.

    Pero entre aquellas modestas tiendas, actualmente existe un comercio que lucha “contra viento y marea”, haciendo lo indecible para dar un muy buen servicio a los clientes: calidad y puntualidad, aparte de simpatía y muy buen trato. Este negocio es la popular tienda de Carlos Oliver, denominada “Sa Botiga”.

    Carlos Oliver Cháfer, con su esposa Amalia, llegaron a Mallorca en el año 1991, procedentes de Valencia. Se instaló en la localidad de Lloseta y, al año siguiente, en 1992, montó una tienda en Cala Ratjada. Ha tenido que hacer frente a algunos contratiempos. En esta tienda se pueden encontrar artículos de primera calidad; además del buen servicio y la simpatía, son los factores fundamentales para hacer frente a las adversidades que Carlos Oliver se ha encontrado a lo largo de su vida comercial.

    Carlos, una persona que siempre dispuesta a dar una ayuda en beneficio de quien lo necesite. Se ha desenvuelto en el ambiente social que le requiere. Años atrás se hizo cargo de la presidencia de la Confraria del Santo Cristo de los Pescadores, en donde yo, con anterioridad, había fracasado estrepitosamente, y todo ello debido a la escasa ayuda obtenida por parte de los socios colaboradores, principalmente en los actos procesionales de la Semana Santa.

    A pesar de lo explicado, Carlos, como buen comerciante, sigue atendiendo a los clientes, por mucho que las grandes superficies sean un obstáculo. Una persona muy dicharachera, cuyo buen humor es la faceta para atender a su público.

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