Ricardo Zapatilla – “Cardo” para los amigos – vino desde Ciudad de México, a Mallorca, en dos ocasiones y aquí conoció e hizo amistad con Lewis Th.Gardens. En el segundo viaje ya era, el escritor, autor de varios libros, los cuales (según sus propias palabras en la entrevista previa a la presentación de sus obras por el mencionado “Cardo”) para los melindrosos, o algún decadente moralista, podrán parecerles escandalosos. Sin embargo, iban dirigidos a gente liberal a la que guste el relato en su más pura definición que no es, necesariamente, sinónimo de inmoralidad, donde cualquier parecido de los personajes con personas físicas, será pura coincidencia. El entorno en el que se mueven es muy limitado, aunque real, o lo fue, pues todo cambia y, todo lo demás es un puro cuento o invención.
Visitó Ricardo Zapatilla con Gardens el Castillo de Capdepera y lo hizo por la empinada cuesta que formaba la calle de Ses Pedres, más tarde de Frai Massanet y, ahora, del Plà d’en Cosset, antes, muchísimo antes, de convertirse en la también dura escalera que conduce casi a las puertas del vetusto monumento. Fue en 1960 del pasado siglo; cuatro años antes una fuerte nevada había dejado su espeso y copioso manto blanco, que afortunadamente “Cardo” pudo contemplar en la soberbia imagen que ilustra estas líneas y que le facilitó Lewis Th.Gardens.


Fue en 2001 cuando ambos se reencontraron, como hemos dicho, y Lewis le contó que: __”Cuando escribí mi primer libro alguien dijo, como subestimándome: Si Fulano ha escrito un libro yo también escribiré otro. Al propio tiempo quería dar a entender que lo haría mejor que yo. ¿Y, por qué no?. Lo comentábamos con José Moyá, alias “Pep Fareta”, cuando desapareció de mi entorno “Dick” un perro pastor alemán, al cual Pep trató con cariño al saber apreciar las enormes cualidades que adornaban a tan extraordinario animal, el más inteligente, hermoso y noble ejemplar que jamás conocí. Pues, como decía, todo el mundo tiene, si quiere, y puede, la oportunidad de expresarse con la escritura, unos mejor y otros peor. Un libro lo puede hacer cualquiera, pero lo que se dice un buen libro, eso está reservado para unos pocos. No me considero entre ellos, ni mucho menos, y me conformaría con que fueran un motivo de esparcimiento y solaz para mis posibles lectores. Es el fin primordial de un libro y me daría por muy satisfecho si lo consigo. Ya después, con el tiempo, trabajo y mucha constancia, puede que llegara a figurar entre aquellos pocos elegidos. Pero dudo que ese sueño, ilusión, quimera, entelequia o utopía llegue jamás a realizarse. Cuando escribo no pienso en ello, tampoco me esfuerzo en promocionarme y, sobre todo, a mi edad, no espero llegar a tanto. Soy ya viejo para que esas inquietudes puedan materializarse. Escribo, y pinto, porque me gusta dibujar y escribir. Espero, con ello, no hacer daño a nadie. Recuerdo unas palabras de Camilo José Cela en el prólogo de su libro “La Colmena”: “El mejor aliado del escritor es el tiempo”. Para mí, ni eso…,”.

Las narraciones de Gardens transcurren y están inspiradas en el municipio de Capdepera, entrañable para él, que conoció. En sus libros quiso imprimir, a modo de novela ambiental y costumbrista, un cierto verismo, algunos usos y costumbres de ese pueblo, muy pocos, los estrictamente necesarios a fin de no torcer el ritmo de la obra y describir algunos, entre los muchos, de sus bellos parajes. Personajes ficticios que se mueven en ese contexto que se rigen por un criterio convencional en cuanto a rigor cronológico, son puramente imaginarios. El autor quería hacer observar que en los años sesenta se vivía muy intensamente en el ámbito a que se refieren los hechos que esas narraciones relatan. Eran los comienzos de un turismo fuerte en la isla, del “overbooking”, la masificación, la invasión del cemento y del poder adquisitivo. Fue cuando adquirió Lewis su primer utilitario, un Seat 600, como los que muestra una de las fotografías que acompañamos.
Ricardo Zapatilla le comentaba a Gardens, según Jean Paul Sartre, que cada personaje debe ser como una trampa, que el lector debe quedar atrapado en ella, que se muestra incierto con la incertidumbre misma de los héroes, que se inquiete con sus inquietudes, que sea desbordado por su presente, que se doble bajo el peso de su porvenir, que quede encerrado por sus sentimientos en altos e inaccesibles farallones. Que sienta, en fin, que cada uno de sus estados de ánimo y cada movimiento de su espíritu se encierran en la humanidad entera, a pesar del escamoteo perpetuo del presente, hacia un descenso sin apelación hacia el Mal, o una ascensión hacia el Bien.

Finalmente decir que Lewis Th.Gardens consideró también oportuno hacer una casi obligada concesión a los naturales de Capdepera, o que entiendan el léxico de las islas, al incluir en el primero de los libros unas pocas palabras en “mallorquín” y cuya traducción se halla en un índice al final de la obra, y por creer, asimismo , que ayudarían a ambientar algo más el contenido de su modesta ópera prima.
