6 junio 2026

    Cuatro agentes, miles de miradas: así se mueve la Unidad de Playas que vigila el verano en Capdepera

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    Hay dispositivos que no hacen ruido, pero que están en todas partes. Que no protagonizan titulares… hasta que un día se echan en falta. La Unidad de Playas de la Policía Local de Capdepera es uno de ellos. Desde el 1 de mayo ya está en marcha, y aunque para muchos pasa desapercibida, su trabajo se mueve justo en ese espacio invisible donde se construye la sensación de seguridad.

    Cuatro agentes. Los mismos del año pasado. Y eso, en este caso, no es un detalle menor.

    “Son los mismos cuatro que estaban el año pasado. Si no pasa nada raro, seguirán esta temporada”, explica el regidor de Seguridad, Manuel Filgueiras. Una continuidad que no solo habla de experiencia, sino de algo más difícil de medir: conocimiento del terreno, de los ritmos, de las dinámicas que se repiten cuando el municipio cambia de piel y entra en temporada alta.

    Porque el verano no solo llena las playas. También multiplica situaciones.

    “Lo que hacen va mucho más allá de estar en la arena”, viene a decir Filgueiras cuando enumera sus funciones: control de accesos, vigilancia de vehículos sospechosos, detección de taxis pirata, seguimiento de la venta ambulante… pequeñas intervenciones que, sumadas, marcan la diferencia entre el orden y el descontrol.

    Y todo eso, además, con una pieza clave: la coordinación.

    “El año pasado hubo una muy buena coordinación con socorristas. Nos fue muy bien”, recuerda. No es casual. En un entorno como el litoral, donde conviven miles de personas a diario, la rapidez de respuesta depende muchas veces de cómo se conectan los distintos servicios.

    La unidad no funciona con un esquema rígido. Se adapta. Se mueve. Respira al ritmo del municipio.

    “Mínimo son dos, máximo son cuatro. Intentamos que sobre todo los días puntuales o los fines de semana sean cuatro”, explica el regidor. Porque no es lo mismo un martes de mayo que un domingo de agosto. Y esa flexibilidad es, precisamente, una de sus fortalezas.

    También los horarios se ajustan a esa lógica cambiante: “Empiezan a primera hora de la mañana y acaban entre las seis y siete de la tarde, dependiendo del mes”. Es decir, cuando más gente hay, cuando más pasa, cuando más hace falta.

    Y cuando no hace falta, también cuentan.

    “Si hay días de mal tiempo y las playas no están muy congestionadas, dan cobertura al resto del municipio”, añade Filgueiras. Porque la seguridad, al final, no entiende de zonas, sino de necesidades.

    Desde el Ayuntamiento, la lectura es clara. La alcaldesa, Núria Garcia, lo define como “una herramienta clave para garantizar la seguridad y la convivencia, y para ofrecer un servicio cercano y eficiente”. Una pieza más dentro de ese engranaje que se activa cada verano.

    Pero hay algo que no aparece en los partes ni en las estadísticas. Es esa sensación de normalidad cuando todo funciona. Cuando no pasa nada. Cuando la gente disfruta sin pensar en lo que hay detrás.

    Ahí es donde trabaja la Unidad de Playas.

    Sin ruido. Pero con todo en marcha.

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