13 febrero 2026

    “OKUPAS “ A SU LIBRE ALBEDRÍO

    “OKUPAS “ A SU LIBRE ALBEDRÍO

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    Parece ser, dicen por ahí y, además, existen quienes lo sufren en sus propias carnes, que Capdepera está “okupada”, es decir: viviendas infrautilizadas que han recibido la visita, para quedarse en ellas, de personas sin techo ni posibilidades de una digna existencia.

    En la calle del Port, una propietaria se ha encontrado con toda una familia pernoctando en una casa que heredó de un familiar; en la calle de “Sa Muntanya” comentan que los vecinos, de noche, oyen ruidos en habitaciones contiguas a sus muros de separación con un edificio cerrado a cal y canto desde que sus moradores fallecieron. La mansión de “Ses Pedreres” hace tiempo que está “okupada”, de hecho se ven salir de allí personajes, unos conocidos y otros no, que campan por sus respetos con total impunidad.

    En la calle Col.legi, donde en otra era fue una activa herrería, adosada a una vivienda que confluye con la calle Cervantes, cuyo dueño vive en Sóller, se las vieron y desearon para evacuar de indigentes sus estancias, las cuales no contaban con electricidad pero que, sin embargo, al pasar enfrente de las cocheras se veía luz y se oía música. El juzgado tomó cartas en el asunto. Luego, el dueño, decidió tapiar algunas ventanas y poner seguridad a las puertas de acceso a la planta baja y piso. Este caso, muy comentado en el pueblo, ha durado varios años; el propietario no tiene hijos, está soltero y con salud delicada, y no se puede desplazar con asiduidad a Capdepera.

    Ha saltado la noticia, esta última semana, del allanamiento de una antigua farmacia del pueblo, que más tarde, se convirtió en bar, perteneciente al edificio conocido de “Ca’n Creus”, pendiente de reconvertirse en hotel urbano, donde la propiedad cedió un local para que, semanalmente, mujeres de la parroquia elaboraran allí buñuelos que dispensaban a quienes acuden los miércoles al mercado de la villa. ¡Cuál no fue la sorpresa de aquellas benefactoras mujeres, al percatarse, el último día en que se disponían a condimentar los buñuelos, que habían desaparecido todos los enseres y utensilios para poder cocinar aquellos dulces! . Los desaprensivos que arramblaron con el material – incluidos grifería y elementos eléctricos varios, además de objetos de fontanería – dejaron la casa expedita, imposibilitando las tareas de aquellas benditas mujeres que tuvieron que recurrir a sus propias pertenencias, las de su casa, para poder cumplir con el sagrado deber de la “buñolería”, cuya recaudación va destinada a la reparación de la capilla del Carregador, para el cierre de cuyo presupuesto de obras (ya iniciadas) falta menos.

    Y es que, por la parte trasera de ese edificio del Plà d’en Cosset, la del “árbol de pisos”, presuntamente, se puede acceder a su interior; aunque, nos dicen, que la casa existente entre la calle Paz con Segadors Gabellins, vecina de la que fue Oficina de Telégrafos (que también tuvo que tapiar sus accesos), asimismo ha sufrido hurtos o robos, como ustedes prefieran llamarlo.

    Nos cuentan que un señor extranjero que había adquirido un viejo y destartalado chalet en la zona de Son Moll y que había regresado a su país, unas semanas, al volver a Mallorca, se había topado con que le habían roto un ventanal del chalet y, en su interior, había ropa y residuos de comida. Estuvo vigilando algunos días y constató la presencia de gente de color, colándose en el interior del chalet. Resultando que el alemán tenía avisada una empresa de demolición, previa a una nueva construcción, apremió a dicha empresa para que iniciara la demolición.

    Aunque pueda parecer gracioso, a la llegada de la voluminosa maquinaria de derrumbes y tras dar unos gritos desde fuera, los “okupas” salieron como alma que se lleva el diablo, a toda velocidad, perdiéndose por entre los matorrales de la montaña adyacente a la casa. Y antes de proceder a la demolición de la misma, el propietario revisó su interior, desalojando vetustos objetos y signos de presencia humana, amontonándolos justo en un recoveco de la calle, a la vista, por si los desaprensivos deseaban, pronto o tarde, recuperar lo que el extranjero pensó sería de ellos.

    En Capdepera, al igual que en otros lugares, deben convivir con estas situaciones. Algunos practican desahucios sin mucho éxito, otros amenazando a los “okupas” con pena de ser denunciados, los dueños, a la autoridad o tomando las de Villadiego pertrechados de pertenencias ajenas. Las denuncias parecen no tener efectividad si no se demuestran con pruebas, o cogiéndolos “in fraganti” e, incluso, ni así… dicen los afectados.

    Las denuncias parecen no tener efectividad si no se demuestran con pruebas, o cogiéndolos “in fraganti” e, incluso, ni así… dicen los afectados.

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