La semana pasada, concretamente el día 1 de febrero, se produjo el óbito de José Reyes Silva. “Partió hacia el infinito, seguramente al Paraíso”. José Reyes Silva, todo un caballero, en vida se granjeó las amistades de quienes le conocimos y le tratamos, por sus múltiples cualidades en su vida social.
José Reyes nació en Hospitalet de Llobregat el 14 de agosto de 1963. Fue en el mes de agosto de 1974 cuando vino a vivir a Canyamel, donde hizo la Primera Comunión en la parroquia de este núcleo urbano de Capdepera. Fue un alumno del Colegio S’Alzinar. Fue un ciudadano ejemplar en la zona de Canyamel, donde compartió su vida con Caridad De La Fuente Escribano. Ambos formaron una pareja muy acorde con los tiempos actuales. No voy a relatar la amistad que me unía con el finado José, su compañera Caridad y el hijo de ésta, Héctor. Por unas circunstancias que no mencionaré, solamente diré que yo cuidaba a este muchacho de cuatro años, como si fuera un familiar de mi entorno. En este tiempo yo no tenía nieto alguno y el pequeño Héctor era merecedor de todo mi cariño y atenciones en el deambular cotidiano.
Con Caridad, que era la compañera de José, merecería un capítulo aparte. Siendo una persona que nació en Valladolid, no tuvo problema alguno para incorporarse a la vida social mallorquina, pero lo que me ocupa es el finado José Reyes. Como anotaba, José Reyes había nacido en Barcelona y en el año 1974 se trasladó a vivir en Canyamel. Trabajaba de Relaciones Públicas y mantenimiento en una empresa de alquiler de automóviles y Caridad era la delegada de esta empresa. La labor de José era impecable en acondicionar y poner los vehículos a disposición de los clientes. Era tanta la amistad que me unía con José, Caridad y Héctor, que ello sería merecedor de un capítulo aparte. José era un ciudadano que derrochaba simpatía y don de gentes, ya que no fue tarea difícil granjearse sólidas amistades, no sólo en Canyamel, sino en municipios colindantes con Capdepera, lo cual quedó reflejado y patentizado en las exequias celebradas en el tanatorio del cementerio del municipio y en el funeral en la Iglesia Parroquial, donde se pudo demostrar el cariño y la simpatía que había cosechado esta pareja, José y Caridad. Que Dios tenga a José en su Gloria y le acoja en su seno por años sin término.
