13 febrero 2026

    Manojo de notas históricas de Melchor Llull Mesquida

    Transcripción: Pep Maria Moll/ Maria Juan

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    Siglos XVII y XVIII: Habitantes y vírgenes (IV)

    La vida es  lucha y es crecimiento; nuestro organismo combate contra los mil agentes que atentan contra su salud y en esta contienda adquiere nuevas energías y nuevo desarrollo hasta llegar a su perfección. También nuestro pueblo, venciendo múltiples contrariedades, crecía y aumentaba, mostrando lo que sería en día no lejano, como se insinúan y acentúan después en el mozo las facciones viriles que delatan al  hombre perfecto del mañana. De unos 700 habitantes que tendría a finales del siglo XVI llega a 1400 a principios del XVII, según datos de Torres y Berard. Este crecimiento planteó un serio problema a los rectores de la vida religiosa y fue la falta de capacidad de la pequeña iglesia para acoger a todos los fieles, a pesar de que se celebraban dos misas. Por ello, fué necesario construir un crucero perpendicular a la nave existente que ampliara su cabida, pudiendo cobijar a toda la gente. Esta ampliación  finalizó en el año 1703, según aparece en la llave que cierra la bóveda.

    Por la descripción que de la iglesia del Castillo hace Torres y Berard sabemos que ésta contenía, en aquel tiempo, los siguientes altares: Altar mayor y, a su derecha, las capillas de San Juan Bautista, San Sebastián y San Antonio de Viana; a la izquierda, la de Nuestra Señora del Rosario, la del Santo Cristo y de las Benditas Almas, más otro pequeño altar, junto a la puerta, dedicado a San Vicente Ferrer, que en sus tiempos predicó en el púlpito lateral, todavía existente. Capillas sencillas y pobres.  En el altar de la Visita Pastoral de 1765, aparecen dos nuevos altares: el de la Inmaculada Concepción y el del Buen Pastor, y no se nombra el de San Antonio.

    Por una carta que escribió el Rdo. Sr. Vicario de ésta al Rdmo. Sr. Obispo, se desprende que en el siglo XVIII tenía la iglesia del Castillo un órgano, pues en ella se recuerda al Prelado que hacía un año había fallecido el Rdo. D. Pedro Juan, que tocaba el órgano, el cual ahora se echa a perder y se lo comen los ratones ( textual). La carta está fechada en 1789.

    Santa Maria del Cap de la Pedra.-   La Virgen de la Esperanza, patrona de nuestro pueblo, reina de nuestros campos, atalaya de nuestros mares, defensora de sus hijos, faro que ha guiado por las rutas del arrepentimiento hacia Dios a los que deambulaban extraviados por los senderos del vicio y del error, es a la vida del pueblo “gabellí” lo que el corazón  es al cuerpo humano, nutriéndolo de savia sobrenatural y meciéndolo en el regazo de su protección materna. 

    Documentos de final del siglo XIII nos hablan ya de una “Santa Maria del Cap de la Pedra” , señal inequívoca de que nuestra Madre velaba con amor las primeras palpitaciones de la vida de nuestro pueblo que, seguramente, no sospechaba lo que llegaría a ser para èl aquella Virgen a la que invocaban con el infantil balbuceo de un culto humilde y sencillo, bajo la advocación de “la nostra Dona”, como era frecuente en aquellos remotos siglos. Si es difícil precisar con exactitud las primeras fosforescencias  del despertar de la alborada que va creciendo por momentos y que muy pronto eclipsa el tembloroso parpadear de las estrellas, también es inseguro señalar las primeras manifestaciones de la devoción a la Virgen bajo el título de Ntra. Sra. de la Esperanza, cuyos indicios se remontan a los primeros siglos después de la Reconquista y va aumentando rápidamente hasta superar todas las otras devociones del pueblo. 

    A final del siglo XVI, en una Visita Pastoral, se cita ya el altar de la Virgen de la Esperanza, y tan intensa y sentida llegó a ser esta devoción que todos los meses dedicaban una fiesta a esta Virgen y la sacaban en procesión por las calles del Castillo, profusamente adornada con joyas de rico valor que le ofrendaban sus hijas como le ofrecían las más hermosas flores de sus campos. En la pequeña capilla, ocupaba Ella el altar mayor y en el corazón de sus hijos el primer amor. Las contínuas gracias y reiterados favores que la Real Castellana dispensaba a sus fieles vasallos atizaban más el fervor de éstos cuya profunda gratitud y encendido amor para con su Bienhechora era la más eficaz y suave presión sobre el bondadoso corazón maternal. Este amoroso pugilato y creciente flujo y reflujo entre Abogada y devotos culminó, por parte de María,  en el hecho portentoso, avalado por una antigua tradición, del milagro conocido con el nombre de “ Fosca contra els moros” y en la explosión de entusiasmo de sus hijos de proclamarla Patrona de Cap de la Pedra. Estos rasgos son cómo las rúbricas con que ambas partes sellaban un pacto mutuo que no debía ya romperse jamás. Desde entonces guardarán esta Virgen, amparo y guía de nuestro pueblo, como el más preciado tesoro de su corazón.

    Para probar como han así cumplido su compromiso, permitidme que copie unos párrafos en la lengua vernácula en que fueron escritos por un hijo de Capdepera, los cuáles tienen todo el sabor de nuestro terruño: ___”El culte i veneració de tot el poble a la Verge de l’Esperança ha crescut  tant, fins al present, que els dies de festa semble hi ha jubileu a aquell oratori per la molta gent que a totes hores hi puja amb gran veneració i les pareds d’aquell sagrat recinta están ja casi cubertes de presentalles. Enmig de les terribles sembatudes que desde la revolució de Septembre han fet minvar la antiga i ardenta fe d’aquell poble, valgalí la devoció a l’Esperança que ha mantingut com áncora ferma, enmig del desfet temporal i el pobrets qu’havían fet aigo, gracies a la dolça maneta de la Mare del Castell, que tornaren dins la nau sagrada de l’Esglesia, nostra Mare”.

    En 1840 fue bendecido el nuevo templo parroquial, en 1856 fue dado de baja como plaza de armas el Real Castillo, retirándose la guarnición que lo defendía. Estos dos hechos influirían para que el culto a la Virgen fuera todo trasladado a la nueva iglesia. Pero el amor a la cuna siempre perdura y los hijos de Capdepera amaban el oratorio del Castell donde siempre habían venerado l’Esperança, recordando su santuario desde donde había, durante tantos siglos, velado por el bien de sus hijos, y así, en 1871,  fue elevada una instancia al Obispo para que, previo permiso de los propietarios del Castillo, autorizara la celebración de la fiesta de l’Esperança en la antigua capilla, lo cual fue benignamente concedido. El 12 de noviembre de 1893, fiesta del Patrocinio de Maria, por primera vez, el pueblo de Capdepera, en devota romería y cantando el Santo Rosario, subió al Castillo, haciendo promesa de repetirlo cada año de igual forma, lo cual se ha cumplido hasta el presente, dedicando un solemne novenario en los domingos anteriores al 18 de diciembre, onomástica de la Patrona, como preparación de esta festividad.

    Tres han sido las distintas imágenes de la Virgen “gabellina”. La primera, de tosca escultura y las otras dos cinceladas con esmero delantando una escultura más reciente.La primera imagen que recibió el homenaje de las primeras centurias fue retirada del culto y substituida en 1871 por la segunda de éllas, aunque en época más moderna se entronizó la que, actualmente, se venera, aparte de la que siempre ha estado visible en la parroquia, la cual se saca en procesión cada 18 de diciembre.

    ___” I en tant, ¡ dolça Reina!, salvau Capdepera / tan rica en belleses i en nobles trofeus/ del mal que hi havía, del mal que impera/ salvau.la per sempre, siau s’escollera/ si té moltes culpes, està a vostres peus”.  

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