Nicolás Nadal
Era en el año 1967, yo me encontraba en Madrid, para mi enlace matrimonial; mientras tanto esperábamos a la hermana de mi esposa, que se hallaba trabajando en Alemania. Ella, junto con su marido Urbano Fernández Ruiz (epd) y el hijo de ambos, Marcos, habían partido de la ciudad alemana de Troisdorf con rumbo a Madrid.
Habían pernoctado antes de llegar a París, donde pasaron la noche; a la mañana siguiente emprendieron viaje hacia la capital de España. En aquellos tiempos, Francia no disponía de autopistas, todo eran carreteras con arbolados en los bordes de las mismas. Urbano, que disponía de un chalet en Bilbao, había efectuado el trayecto de Alemania a España en el mes de octubre, regresando a Alemania a principios de diciembre, lo que indica que se sabía la carretera de memoria.
Yo hice un viaje junto con mi cuñado, saliendo a las 06,30 hs. de Bilbao a Alemania, parando únicamente en las afueras de París, pero al llegar a la capital francesa recibí un soberano susto, y es que la autopista de circunvalación pasa por debajo de las pistas de aterrizaje del aeropuerto de Orly. Justo en el momento que nosotros pasábamos, debió de aterrizar algún avión, ya que el estruendo que ocasionó fue ensordecedor. Yo, como lo desconocía, me asusté. Mi cuñado me explicó que por encima de la autopista aterrizaban los aviones y que sobre las pistas había unas planchas de acero y que aquí no había pasado nada.
Paramos en un área de servicio para almorzar, que serían las 17 horas, sin parar llegando a Alemania, a su casa, a las 09,30 hs. En total fueron 1.455 kilómetros, todos de una tirada.
A mi cuñado le encantaba conducir; en su juventud, antes de ir para Alemania, había cumplido el servicio militar en una compañía de camiones en Navarra, siendo en la vida civil un experto conductor.
A lo que iba es a relatar la “odisea” o percance que tuvo en este viaje hacia Madrid. Habían salido por la mañana y, pasado París, se encontraron con un camión de gran tonelaje TIR (Transporte Internacional con Remolque) que les venía de frente. Se supo que este camión había pasado una revisión en un taller y una de las 10 ruedas no habría sido bien ajustada al transporte, saliéndose de su anclaje en este trayecto, cuya rueda fue a estrellarse contra el Mercedes que conducía Urbano.
Fue tan rápido el momento que la rueda entró dentro del coche, pasando entre el conductor y su esposa María Luisa. El conductor del tráiler no se había enterado del tema; algunos metros después del percance, los conductores le dieron aviso de lo sucedido.
Urbano, una vez ocurrido el suceso, dialogó con el conductor y fueron a la casa aseguradora ADAC, que se hizo cargo de todo lo ocurrido. No le quedó más remedio que arrear con todo lo que pudo y coger un tren con destino Madrid.
Como anotaba antes, yo me encontraba en Madrid, en la casa de mis futuros suegros, y una tarde llaman a la puerta y la madre de mi futura esposa me dice: “Nicolás, abre la puerta”, que era la hermana de mi esposa con su hijo en brazos y, al momento, llegó su marido Urbano, quien explicó lo sucedido.
Una “odisea” que lo único que hubo que lamentar fue la pérdida del vehículo de Urbano, que al poco tiempo la casa aseguradora le dio un nuevo coche Mercedes, ya que el accidentado quedó en siniestro total.
Esta colaboración está dedicada a la memoria de mi cuñado Urbano Fernández, que falleció en Sankt Augustin (Alemania) el día 24 de diciembre de 2026.
