14 marzo 2026

    Helenio Herrera, un “mago” del fútbol en Cala Ratjada

    Nicolás Nadal

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    Nicolás Nadal

    No es nada fácil recordar hoy la estancia en nuestra localidad de este auténtico “mago del balón”, cuando ya han pasado más de cincuenta años. Yo lo conocí de manera muy fugaz y la impresión que me dejó fue la de una persona poco sociable. Corría el año 1956 cuando el argentino Helenio Herrera, que por aquel entonces era entrenador del Sevilla, pasó una temporada en Cala Ratjada. En aquel equipo andaluz militaba un gran defensa conocido como Campanal, y ya entonces Herrera dejaba frases para la historia del fútbol como “ganar no es todo, es lo único” o “el que no lo da todo, no da nada”. También se le atribuye aquella célebre afirmación de que “yo gano los partidos al bajar del autocar”, pronunciada en su etapa posterior con José Luis Núñez como presidente del F. C. Barcelona.

    Más allá del mito y del personaje, poco pude tratar personalmente al gran entrenador, apenas llegué a estrecharle la mano. Helenio Herrera había nacido en Buenos Aires en abril de 1910, aunque con el tiempo modificó su acta de nacimiento para figurar como nacido en 1916. Se había casado en Marruecos con una súbdita francesa, Lucienne Leonard, con quien tuvo cuatro hijos: Helena, Francisco, Linda y Daniela.

    Antes de divorciarse de Lucienne, Herrera buscó un lugar tranquilo para pasar sus vacaciones y lo encontró en Cala Ratjada, alojándose en la pensión Villa Marqués Joy, más conocida como Ca Madò Pandereta. No recuerdo con exactitud todos los detalles de aquella estancia, aunque sé que acudían a desayunar a casa de una hermana de mi padre, Ca sa tia Catalina Nadal, situada a apenas veinte metros de mi domicilio. Fue precisamente por esa proximidad como entablé una gran amistad con su hijo Francisco.

    Francisco tendría unos 18 años cuando nos conocimos. Era una persona muy culta, que había pasado por la Universidad de la Sorbona de París. Pronto comprendí que hablar de su padre era una “materia reservada”, por lo que nunca me atreví a hacerle preguntas impertinentes. En los años siguientes, 1957, 1958 y 1959, la familia continuó viniendo a Cala Ratjada, ya sin Helenio, que seguía entrenando distintos equipos hasta recalar en el F. C. Barcelona. Su residencia habitual estaba fijada en la rue Marbeau, en París.

    Francisco realizó el Servicio Militar en Argelia, cuando todavía tenía la denominación francesa, y durante ese tiempo me envió algunas fotografías que, con el paso de los años, quién sabe dónde habrán ido a parar. Su hermana mayor, Helena, se casó con un francés, Jean Claude, del que se decía que llegó a ejercer como masajista del emperador centroafricano Bokassa. Daniela, la más joven, muy guapa y con una fuerte personalidad, falleció de una forma extraña que prefiero silenciar, y fue una figura muy popular entre la juventud de Cala Ratjada de aquellos años.

    Con el tiempo, Francisco se casó con una italiana y, por lo que deduzco, Cala Ratjada dejó de formar parte de su vida. Era un hombre poco hablador, que se expresaba en un perfecto castellano y que poseía una gran mundología. Mantuvimos correspondencia durante algunos años, pero acabó perdiéndose el contacto y nunca más he vuelto a saber de aquella familia que dejó un grato recuerdo entre los jóvenes pobladores de Cala Ratjada de la década de los cincuenta.

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