Viejos recuerdos vienen a mi memoria al repasar unos tiempos lejanos. Hoy tengo que hablar de una persona vinculada a la obra manufacturada del palmito, es decir, de los garballons, como es sa llata. Esta persona fue mi madre: Isabel Ferrer Moll, más conocida como “Na Bet Vaguera” o, en su caso, “Na Bet de Ca’s Tamboré”, ya que su padre fue el cajista de la Banda de Música de Capdepera, después de haberlo sido también en una banda de regimiento en Cuba.
Nació mi madre el día 6 de enero del año 1913, hija del matrimonio formado por Antonio Ferrer Massanet y María Moll Flaquer. Este matrimonio tuvo ocho hijos, siendo mi madre la segunda.
Como decía, su padre había ido a la Guerra de Cuba y, al regresar de aquella contienda, no pudo desempeñar trabajo alguno. Se dedicaba al pastoreo de cabras, cobrando un precio irrisorio. Por este motivo, mi madre, “Na Bet”, se dedicó a la obra de la palma, haciendo la popular llata. Yo mismo, siendo un mozuelo, tenía que ir a buscar carrizo para los bordes de las obras.
Eran tiempos muy difíciles y de muy bajo poder adquisitivo. Mi madre tuvo que afanarse en buscar trabajo para aportar algo a la familia y hacer frente a las adversidades propias de aquellos años. Durante las horas diurnas, y siempre que las labores se lo permitían, se dedicaba a cuidar el casal de Son Jaumell, propiedad de don Jorge Fuster Valiente y doña Carmen Oleza. En las demás horas del día y del año, trabajaba en la llata para aportar algún jornal a la casa de sus padres.
“Na Bet”, de joven, trabajó como ama de llaves en Son Jaumell. Era una persona que se acomodaba a cualquier trabajo que se le ofreciera. Entre estos empleos, fue asistenta del señor Massanet, farolero del Faro de Capdepera, limpiando los quinqués; trabajó también en un chiringuito regentado por una señora irlandesa conocida como “Sa Senyora Dalia” y con la maestra Maruja Comas Camps. Además, prestó sus servicios a dos señoras, una noruega y otra inglesa, que residían en Cala Gat, en “Cabo de Hornos”.
Todos estos eran trabajos que le ocupaban cierto tiempo, pero, en las horas muertas, se dedicaba a la manufactura de sa llata. Para mi madre no había domingos ni días festivos. Eso sí, siempre escuchando la buena música de alguna emisora de radio. No está bien que yo lo diga, pero cantaba muy bien.
En su juventud, la corriente eléctrica se apagaba a las 23.30 horas. Ella, para cumplir con la entrega de las obras a quienes las recogían, conocidos como es traginers, continuaba muchas noches trabajando a la luz de la luna, empeñada en dejar la obra acabada y lista para que los traginers pudieran recogerla. Así cumplía puntualmente con la entrega de los trabajos terminados.
Uno de estos tràginers, concretamente Juanito Aso Moll, sabía bien la clase de obra que hacía mi madre. Un día le preguntó si podría confeccionar una cesta de palmito para que fuera entregada a la entonces reina de España, doña Sofía, que visitaría en Palma una exposición dedicada a la obra de palma.
Mi madre se esmeró tanto en la confección que la Reina se interesó por saber quién había realizado una obra tan perfecta. Le explicaron que procedía de una señora de 80 años de Capdepera que había dedicado toda su vida a la labor de sa llata.
Mi madre dedicó más de ochenta años de su vida a la manufactura de la obra del palmito. Falleció el día 29 de noviembre del año 2000.
En la fotografía adjunta aparece mi abuela materna, María Moll Flaquer, quien también dedicó toda su vida a la obra de la llata.
Nicolás Nadal


