El pregón de l’Esperança 2025, pronunciado por Ángela López, se convirtió en un ejercicio de memoria personal y colectiva, de agradecimiento y de reafirmación de un sentimiento profundamente ligado a Capdepera y a su patrona, la Mare de Déu de l’Esperança. Un texto cargado de vivencias, emociones y referencias muy concretas a la historia reciente del municipio, que conectó de manera directa con el público asistente.
Ángela López inició su intervención explicando la sorpresa y el respeto con el que recibió la propuesta del párroco, Xisco Bernabéu, para ser la pregonera de este año. Reconoció que su primera reacción fue decir que no, no por falta de voluntad, sino por el miedo a no estar a la altura de lo que representa la Virgen de la Esperanza para Capdepera. Sin embargo, tras reflexionar, entendió el pregón como una oportunidad para dar las gracias, tanto al pueblo como a la Virgen, por todo lo que le han dado a lo largo de su vida.
Nacida en Hinojosa del Valle, en la provincia de Badajoz, Ángela recordó que llegó a Capdepera con apenas dos años, cuando su familia emigró en busca de trabajo. Desde ese momento, dejó claro uno de los mensajes más significativos del pregón, expresado también en catalán mallorquín: “som una gabellina més”. Una afirmación que fue entendida por muchos como una declaración clara y serena de pertenencia, un recordatorio de que la identidad gabellina también se construye desde la convivencia, el arraigo y los años compartidos.
El pregón recorrió su infancia en Capdepera, evocando calles, vecinos, comercios y recuerdos cotidianos que dibujaron un retrato muy reconocible del pueblo de hace décadas. Ese tono luminoso dio paso a uno de los momentos más duros del relato, cuando recordó la enfermedad y posterior fallecimiento de su padre, diagnosticado de leucemia cuando ella tenía once años. Ángela explicó cómo aquella etapa marcó a su familia y cómo la fe en la Virgen de la Esperanza y la solidaridad del pueblo fueron fundamentales para salir adelante. Mencionó expresamente la ayuda canalizada a través de las monjas franciscanas y la colaboración de muchas personas anónimas, a quienes quiso agradecer públicamente su apoyo.
También hubo espacio para su vida adulta, su familia actual y su agradecimiento a la Virgen por su marido, Santiago, y por su hija, Inma, a quienes definió como su gran tesoro. En este recorrido vital, destacó su vinculación con l’Obreria de l’Esperança, de la que forma parte desde hace años, subrayando el trabajo discreto y constante que se realiza para mantener viva la devoción y las tradiciones ligadas a la patrona de Capdepera.
Ángela puso en valor las novenas, las subidas al castillo, las vistas, los momentos de recogimiento y también los espacios de convivencia que se generan alrededor de la celebración. En este contexto, remarcó la importancia simbólica de las recientes restauraciones de la Mare de Déu Morta y de la Mare de Déu de l’Esperança, que calificó como un acto de amor hacia el patrimonio, la historia y la fe del pueblo.
El pregón concluyó con palabras de agradecimiento por la oportunidad de vivir un momento que definió como único en la vida, alternando el castellano con expresiones en catalán que reforzaron el tono emocional y el mensaje de arraigo. Un discurso que, más allá del ámbito religioso, dejó sobre la mesa una reflexión compartida: Capdepera es también la suma de quienes llegaron, se quedaron y hoy sienten el municipio como su hogar, con la misma legitimidad que quienes nacieron en él.
