Una mirada atrás Pere R. Guaita
Pocos inventos como el fonógrafo. Thomas Edison fue su creador en 1877. Un aparato que resultó ser una auténtica revolución en el mundo de la música. Su potencial de entretenimiento permitió a la gente más humilde poder acceder al mismo, como antes lo hicieron las clases privilegiadas de nuestra sociedad.
En Mallorca, los fonógrafos ya existían en la década de 1880 en algunas casas particulares. Diez años después, están registradas visitas de viajeros extranjeros que recorrían la geografía isleña ofreciendo audiciones fonográficas.
La primera referencia en la comarca de Manacor nos lleva al mes de septiembre de 1897, dentro del marco de las ferias y fiestas de Manacor. Un programa anunciaba que todos los días funcionaría un cinematógrafo, un fonógrafo y se realizarían proyecciones ampliadas de fotomicrografías, lo último en tecnologías de aquel momento.
En el mes de agosto de 1900, en Capdepera, se organizaron unas fiestas en la Congregación Mariana de esa villa, donde hubo un encuentro de velada literaria y musical de la época en la que el empresario “gabellí” Bartomeu Servera Melis introdujo el fonógrafo, complementando la proyección de películas mudas en el teatro de Ca’n Bibí y la amenización de los intermedios. Los films se proyectaban en partes y entre uno y otro capítulo se hacía una pausa.
Algunos otros pudientes vecinos decidieron hacerse con una de aquellas máquinas sonoras. Incluso hubo quien las cedía o alquilaba para alegrar con su música reuniones festivas o familiares. Los miembros de la Congregación Mariana, con los frailes “ligorinos” del convento de la calle Col·legi, gozaron de audiciones alternándolas con conciertos de bandas de bandurrias dirigidas por Miguel Bonnín con motivo del patrón San Alfonso de Ligorio.
El “gabellí” Bartolomé Servera (a) “Piricus” era el “cap del Partit Conservador” de la comarca de Llevant. Fue fundador del Banco de Manacor y destacó entre las distinguidas personalidades de la zona. Servera matrimonió con una hija de Mateo Melis (a) de Ca’n Patilla, otro destacado personaje de Capdepera. Se creó una firma de crédito comercial denominada “Razón Social Hijos de Servera y Melis”, que gozó de gran prestigio a lo largo de casi 40 años. La hija de Servera, Leonor, se casó con quien sería, con el tiempo, el destacado magnate Juan March Ordinas.
Y volviendo a lo que nos ocupa hoy, el fonógrafo, añadir que este aparato no llegó a popularizarse en demasía, especialmente debido a la aparición del gramófono; un dispositivo capaz de reproducir con cierta calidad los sonidos previamente registrados en un disco plano giratorio. Este invento resultó ser la evolución mejorada del fonógrafo, que grababa sobre un cilindro.
El gramófono resultaba más económico a la hora de reproducir y su mecanismo era más sencillo, puesto que, con una sola grabación, podían realizarse miles de copias a partir de un mismo molde. La posterior evolución hacia el tocadiscos lo convirtió en el aparato triunfador entre sus adeptos.
En verano, en muchos pueblos de Mallorca, Capdepera incluido, en salones como el del “Recreo”, por ejemplo, se realizaban audiciones semanales los fines de semana por la noche, congregando numeroso público. Alternaban la música con la interpretación de diferentes piezas a cargo de una orquestina.
Desde 1954, Pablo Marqués, un apasionado de estas antigüedades, de Palma, colecciona estos accesorios, además de proyectores de cine, walkie-talkies, radios y otros utensilios que todavía funcionan y en los que se pueden escuchar grabaciones originales, entre otros, del genial tenor Caruso, el violinista Pablo Sarasate, Glenn Miller, Antonio Machín o Bonet de Sant Pere.
Pablo Marqués creó la Unión de Radioaficionados de Mallorca —a edad infantil construyó una radio con una carcasa de madera—, destinada al rescate y socorrismo, además de comunicaciones varias, como una emisora cuya frecuencia llegaba hasta Inglaterra. Precisamente, Marqués conoció a dos grandes aficionados a la radiodifusión como Antonio Garau Muntaner, de Cala Rajada, y Clemente Garau Bordoy, de las Cuevas de Canyamel; ambos recientemente fallecidos.
Garau Muntaner creó en los años 60 del pasado siglo el Club Filatélico de Cala Rajada. Las colecciones de sellos de Correos tuvieron gran raigambre en aquellos años. A este club asistían algunas veces a lo largo del mes personas muy vinculadas a la numismática, disciplina que englobaba desde monedas y billetes hasta otros objetos relacionados, además de los sellos, que eran apreciados y valorados por personas entendidas en este arte. Algunas piezas presentaban defectos de fabricación o singularidades relacionadas con la historia de los tiempos en los que fueron utilizadas, como monedas de oro y plata que habían sido heredadas por quienes formaban esta asociación.
Allí, en este centro filatélico de Cala Rajada, situado en la calle Menorca, congeniaron personas que, a la vez, gozaban de los avances de la tecnología de radio y emisoras. Tal es el caso del mencionado Clemente Garau, el cual siempre se consideró “gabellí-artanenc”, en ese orden, pues durante toda su vida vivió en su casa de Canyamel, justo encima mismo de la playa, donde construyó el primer hotel de aquella zona. Años antes, Clemente había sido, junto con su hermano, guía de las cuevas. Fue un investigador y difusor de la historia de aquella zona del municipio de Capdepera. En tiempos de filmación de reportajes con tomavistas de imágenes de 8 mm, que propiciaron la aparición de sendos festivales de cine aficionado en Mallorca, Garau Bordoy coadyuvaba al montaje de las películas previo a su exhibición. En su casa de Canyamel contaba con un estudio al que se podía acudir para cualquier menester relacionado con las mencionadas tecnologías; el carácter afable y dadivoso de su propietario invitaba a ser su amigo y poder contar con su desinteresada colaboración.




