No es fácil encontrar a personas muy «abiertas» al diálogo, o sea, que es un placer conversar con estos paisanos que aparecen un día en la vida, sin ir en su busca. Hace ya un cierto tiempo, que a diario, suelo compartir una tertulia mañanera, en alguna céntrica cafetería de Cala Ratjada, con Francisco Castellano Gallardo, quién me explica el «trajín» de su vida por Capdepera. Es un placer dialogar con estas personas que me aceptan en su mesa y dialogar abiertamente de los más variados temas de la vida social que nos ha tocado vivir, más con una persona tan dicharachera.
Sin ánimos de ser un entrometido y distorsionar la tertulia mañanera, me explica Francisco, que nació en la localidad Cañete de las Torres, provincia de Córdoba en 1942. Eran ocho hermanos y a una edad muy temprana se salió de su localidad natal para venir a Mallorca, concretamente a Artá. Lo primero que hizo fue, como es lógico, hacer frente a las adversidades de aquellos tiempos, los recursos eran más bien escasos.
Busco un trabajo, empezando en guardar cerdos en una finca rústica: «Sa Boguda de Baix«, también existía «Sa Boguda de d’Alt» en San Lorenzo. Ganaba una (1) peseta cada año, una pieza de queso y una lechona, que lo alimentaba en la misma finca, para disponer de un cerdo cebado en otoño.
Buscando y empeñandose en lograr un trabajo mejor, contacto con el constructor Jerónimo Ferrer (epd) «Es Malater«. Eran tiempos de la expansión y crecimiento de Cala Ratjada. Con un tajo de unos cinco albañiles, construyeron el «Hotel Támpico«, el «Hotel Serrano» y otras construcciones, como es la «Capilla Oratorio» del Convento de las Franciscanas de Cala Ratjada.
Los albañiles de aquel entontes, eran: el maestro de obras, Jerónimo «Malater» (epd) y su hijo Sebastian (epd), Gabriel Moll Massanet (epd), «Tolo Caracu« (epd) y algún paleta más, que no eran muchos, pero eso sí, muy bien avenidos, tanto en el trabajo como en el ambiente social.
Para trabajar de albañil, se levantaba a las 5 de la mañana, tenía que caminar a diario de Artá a Cala Ratjada y a la tarde al acabar la jornada, de vuelta caminando, a su domicilio en Arta, y así cada día durante más de un año. Si llovía se las apañaba como podía, como a cubierto debajo de algún algarrobo o lo que fuera.
El sueldo no bastaba para comprarse un paraguas, pero se compró una bicicleta por 3 pesetas, que iba pagando 10 céntimos cada mes, para no tener que caminar desde su domicilio al trabajo y viceversa.
Con el tiempo le tocó en un sorteo una moto Guzzi Hispania, al no disponer del permiso de conducir, se la tuvo que cambiar por un «notorrino» de menor potencia, que funcionaba con un motor de poca cilindrada y a pedales.
En el año 1956, concretamente el día 2 de febrero, se las vio y deseó con la nevada que había caído en la zona del Llevant de Mallorca, una «odisea», que explicada con todo detalle, habría para narrar una historia del «más allá«
Se casó a la edad de 21 años con Margarita Mayol Mayol, de cuyo matrimonio tuvo tres hijos: José, Jaime y Quico. Explicar los pormenores de la vida de Francisco, daría para tiempo y más tiempo. Para más INRI, al tener que jubilarse resultó que no estuvo asegurado en alguna empresa, así funcionaba el sistema en otra época, que tuvo que trabajar más años para poder cobrar una pensión
Como tengo el espacio más bien limitado, esto es a grandes rasgos la entrevista con Francisco Castellano Gallardo.
