16 febrero 2026

    Desde la transformación ‘Gabellina’ (1965) hasta los experimentos de 2011

    Pep Mª Moll- Maria Juan

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    En los archivos que dirige nuestra compañera Paula Valls Dins l’Ona dels records, nos llamó la atención un prólogo titulado “ A los lectores de ayer” que suscribe Llucià Rinyon- Mes de Maria 2011. En el mismo, el mencionado escritor habla de un matrimonio: los Canaan- Senyors d’Ahir, quienes vendieron el Hotel “Castillo”, en la playa de Son Moll, en Capdepera (hoy ya desaparecido al ser absorbido por su vecino: el hotel Gili, ambos formando la nueva denominación de “Na Forana”), y se fueron a vivir a Cascais en 1965.

    Fue la época de la gran transformación “gabellina”. El prólogo de Llucià Rinyon fue escrito por éste como pórtico de un libro que aglutina hechos y noticias del municipio de Capdepera, que en el archivo de Paula Valls están dispersos pero ordenados individualmente, según iban publicándose en los periódicos con los que Bartomeu Melis trabajó desde 1962. El autor del prólogo cita a este periodista como “cronista de la vila”, sin que jamás Ayuntamiento alguno haya creado esta figura, existente en otros lugares del orbe isleño. 

    La primera noticia sobre la que informó, en el citado 1962, fue la colocación de una cruz de madera de nueve metros de altura en “Sa Cova Negre”, donde hoy está instalado un radar para la navegación aérea. Una cruz que un devastador y premonitorio incendio calcinó pocos años después, siendo substituida, con el tiempo, por ese símbolo más adecuado con los nuevos valores tecno de la sociedad gabellina: un radiofaro construido con cemento armado. Y la última de las noticias, de 1978, nos habla de qué, tras 41 años, la Agrupación Socialista de Capdepera reabrió sus puertas en la calle de la Luz, donde antes existió un centro republicano ( ¡gira el món i torna al Born!)

    Sigue el prólogo, que transcribimos palabra por palabra: ___” Nos encontramos en el período  MiM ( del Més y Més, en su fórmula matemática: M2). De cuando pasamos de ir a Palma con el autobús de los “Terres” o en tren, a tener automóvil. De cuando, solamente, los más pudientes tenían un aparato de radio a los transistores japoneses; de tener cuatro microsurcos a que todos los adolescentes tuvieran tocadiscos propios. De cuando el tío Miquel Verger se paseaba, todos los veranos, con un carro repartiendo barras de hielo, a tener frigorífico. De cuando pasamos de ir del “excusado” al baño. A nivel colectivo, pasamos de las escuelas del piso de “La Palmera” y de la planta alta del Bar “Diego” a las de S’Alçinar y S’Auba a trabajar, mayoritariamente, en el sector turístico. De cuando transitamos desde la represión sexual nacional-católica al topless. Del tránsito desde la dictadura a la democracia. De la construcción de las redes de alcantarillado y del polideportivo de “Es Figueral” y de tutti quanti y que se puede encontrar, bien narrado, en las páginas de estas crónicas de “Meyme”.

    Aunque lo que de veras importa no es el cúmulo de “odradeks” de los que gozamos y antes no, sino la transformación del hombre en una prótesis de la sociedad tecno-científica y la asunción, con convencimiento y alegría,  que la utilidad del hombre radica en producir y consumir necesidades  con el peligro de convertirse en elemento prescindible en caso de no seguir, a paso de marcha, los dictados de la tecno-economía que se reveló al mundo, en el momento de la publicación del libro, que recopila dichas crónicas, bajo la forma de mercados financieros…  y mañana será otro día. En definitiva – escribe Ll. R. – el libro es un manojo de noticias que narran el proceso de entrada, y a fe de que lo hicieron por la puerta grande, tanto “gabellins” como “calarajaders” hacia la modernidad. 

    Así que las crónicas del Arxiu Meyme  (gracias, Paula Valls, por dejarnos adentrar en este ilustrado laberinto)  son las últimas anotaciones escritas en la frontera entre la historia y el futuro que dura para siempre más. Es el último homenaje que los “gabellins” se dedican a sí mismos antes de abandonarla definitivamente ( aún que a esto, ellos, jamás lo supieron) . Del autor, gran aficionado al cine, podríamos decir, en caso de querer homenajearlo, que fue un “ Último mohicano”.  A partir de aquí, la tecno-ciencia es el motor móvil universal que permite la subsistencia de la especie humana, lo cual implica algunos cambios que los humanos se esforzaron en comprender y adaptarse. 

    Llucià Rinyon  explica que el turismo continuó siendo el mantenimiento material del pueblo; aunque bajo otros principios, porque la economía técnica de mercado ha conseguido acortar al mínimo el tiempo de espera entre el producto acabado, cuando se inicia el proceso productivo, y el momento posterior del consumo de la mercadería, incluso haciéndolos coincidir en algunos casos, con la consecuencia fabulosa de poder vivir la vida ya vivida en un espacio –tiempo efímero. Por otra parte, las empresas dedicadas a la producción de necesidades han evolucionado muchísimo y poco tienen que ver con el marketing de épocas históricas, revolucionando las políticas de oferta. El concepto de “destrucción creativa”, si bien teorizado a mediados del siglo XX, se desarrolló a gran escala alrededor del cambio de siglo, abriendo posibilidades de negocio insospechadas hasta entonces. Y todo ello bajo la nueva división internacional del trabajo, surgida de la Gran Recesión, en la primera década del siglo XXI, que trastornó la distribución de las zonas productivas y de consumo y las correspondientes distribuciones de renta personal, sectorial y regional.

    Así que los “gabellins” invirtieron en la creación de nuevas necesidades turísticas destinadas a captar potenciales clientes y, como no podía ser de otra manera, se inició un largo proceso de prueba y ensayo. Por ejemplo, se estudió la posibilidad de que las aguas de la playa de Son Moll fueran cambiando de color a lo largo de la jornada laboral de los bañistas ( consulten: www.pigment-printing.com/es/hand-pigment-3.html) . De habilitar un Jardín Eterno , “Sweet Dreams”, en el  Puig Seguer a instalar en la playa de Cala Agulla un tobogán de 1.427 metros con una pendiente del 13`48% de media y con capacidad , al mismo tiempo, para doce usuarios ( consulten: www.fibrart.com.mx i/o aquaquita.mx) . De construir un hotel submarino a dar forma al parque temático hortera más grande del mundo, según se puede consultar en “El Mundo de Baleares” de 20/10/2010, página 15. De dotar de acompañamiento acústico la playa de Cala Agulla, el pinar que lo rodea hasta llegar a Cala Mesquida y enlazar con el Parque natural de Llevant ( actualmente, este enlace, ya efectuado), consistente en una red de altavoces que emitirían cuñas publicitarias interrumpidas por música de consumo.  Un  primer experimento de estas características tuvo lugar en Washington Mountain, localizado en la sociedad más avanzada a finales  de la era histórica , tipo “Con la muerte en los talones” de Alfred Hitchcock. 

    De captar turismo rosa ( 14/05/2011 Plaza de los Pinos de Cala Rajada) a cambiar el nombre de las cosas, puesto que la Neolengua se había teorizado en 1984 y así intentaron trastocar el nombre del pueblo por el de Firstsun. Cierto como la vida misma. 

    Realmente, bucear en los vericuetos del archivo mencionado y leer con detenimiento y una constante sonrisa en los labios el prólogo para los lectores de ayer , pórtico de aquellas crónicas de esa mirada atrás en el tiempo , ha sido un verdadero placer para quienes hemos tenido el privilegio de hacerlo. Sin embargo, deberemos volver, en breve, a sumergirnos en este abismo insondable de conocimientos que nos permiten sustentar esta sección nuestra en aras de recordar el pasado para mejorar el presente y, como no, el futuro.

    Hasta la próxima, amigos. 

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