Tras los experimentos citados en esta misma sección de nuestra edición anterior y mientras éstos tenían lugar comenzaron a organizarse viajes radioactivos a Chernóbil en una combinación ejemplar de iniciativas culturales, empresariales y públicas…
Así lo describe en su prólogo para “Girant l’ullada cap enrere”, Llucià Rinyon. Y añade:
___” En primer lugar, distintos artistas pintaron las fachadas de la ciudad fantasma de Pripyat; después comenzaron a aparecer los primeros turistas que rápidamente fueron encuadrados en los medios de transporte de masas humanas; más adelante, la señora Helen Clark, alta funcionaria de la ONU en el programa PNUD ( Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) , visitó la zona y dijo que el turismo podía ser “una excelente oportunidad para aumentar la conciencia de la tragedia y la importancia de la seguridad nuclear”. Una interesante fuente de ingresos a la que el gobierno ucraniano, aprovechando el espectáculo de exaltación de masas tele-espectadores-deportivos de la Eurocopa del 2012, dió impulso patrocinando el primer parque temático nuclear. Si me he extendido con este ejemplo de Chernóbil es porque es el paradigma de la nueva manera de trabajar en el futuro. Un monstruo reluciente de “destrucción creativa”, de tecno-ecología, de reciclaje, de sostenibilidad y de creación de necesidades con base tecnológica; hoy, moneda corriente, pero de difícil comprensión para el hombre de ayer “.

De hecho, producía desazón ver a los hombres de frontera, educados en tiempos históricos, pululando intentando encontrar respuestas correctas antes de convertirse en materia de rehúse, como si unas cuantas toneladas de arena en una playa (solución histórica) garantizase la supervivencia del negocio turístico en una tecno-sociedad-virtual progresada. Para no hablar de la organización de masas móviles utilizada para conseguir permiso para amontonar arena, más propio de los proletarios del siglo XIX (una clase social extinta) que de la era soluble-instantánea, publicitada, ya entonces, por Cola-Cao, derrochando un recurso tan escaso y caro como es la energía que desprende la materia prima humana. Recordamos la arenisca en cantidad que llenó Cala Agulla en substitución de la arena original arrastrada por el temporal marino.

Al adentrarnos en el Arxiu Meyme, custodiado por Paula Valls, se nota que el autor del libro más arriba reseñado estaba al pairo; su “modus operandi” era cubrir la noticia, irse a su casa, redactarla, mandarla a Palma, donde se imprimía en papel y se remitía, en forma de periódico, al pueblo. Entre la producción de la noticia y su consumo por parte de los protagonistas y vecinos, podía pasar, tranquilamente, una semana, siete dias!. Nos ahorraremos comparaciones sangrantes con la situación actual, en que la redacción misma de la noticia ya es, de por sí, noticia y se difunde instantáneamente por la red, para ser consumida por cientos de millones de usuarios. La imagen idílica de los tiempos que narra el Arxiu define la calidad de vida de la que, entonces, gozaban Capdepera y Cala Rajada, fotografía que ilustra este artículo.
___ “Se nos hace imprescindible acusar a los editorialistas del libro— Rinyon, dixit –que dificultaron, con gran peligro para la población circundante, el estallido del progreso. No comprendían que la tecno-ciencia había llegado para quedarse, desconocían que la supervivencia de la especie depende de la tecno-sociedad y proponían unos programas de la era histórica que el modelo Chernóbil hacía intransi-tables. Educados, o mejor dicho, mal educados en principios obsoletos, no procesaban que el viaje del progreso había llegado a su destino, que ya eran el futuro. La multiplicación de los panes y los peces a la manera científica, como si dijéramos”. El libro citado, firmado por M y M, el que el lector de ayer ha tenido en sus manos, es peligrosísimo y conviene leerlo — quienes no lo hayan hecho– protegidos con armaduras, protectores y escudos espirituales adecuados”.
___” I com fos que romancejava, els joves l’agafaren per la mà, i també la seva muller i les seves dues filles, per la pietat que Jahveh tenia d’ell. Els feren sortir i dugueren a fora de la ciutat. Mentre els portaven fora, un d’ells sigué: Salva’t per la teva vida! No miris darrera teu ni t’aturis en tota la plana. Fuig a la muntanya perquè no siguis atrapat. Però la muller de Lot mirà enrere i es tornà una columna de sal”.

A partir de aquí es responsabilidad del lector continuar girando hojas y correr el peligro de convertirse en mujer de Lot, que es como denomina la Biblia a los progresistas retardatarios. Los lectores de “Girant l’ullada cap enrere” se encontrarán con un escrito introductorio casi incomprensible hoy en día. Y es que en tiempos pretéritos se formaban unas categorías profesionales de capital humano totalmente superfluas, hoy desaparecidas gracias a la genial combinación de fracaso escolar y Plan Bolonia, que se dedicaban a racionalizar a “ posteriori” los comportamientos de las unidades productivas-consumidoras en un intento, siempre fracasado, de dar sentido a sus conductas y adaptarlas socialmente. Una técnica tosca de conformación de masas, hoy ya superada, aunque imprescindible para los lectores de ayer.
