Sara tomó hace cuatro años el relevo del trabajo creado por Jackie y Max en 1977
Renovarse o morir, dicen. Casa Nova es un ejemplo de lo que es vivir con el paso de los años.
Debemos remontarnos a finales de los 70 cuando Jackie Colman puso en marcha este proyecto. Era octubre de 1977.
Jackie trabajaba en una empresa de buceo para turistas. Desde hacía tiempo le tenía puesta la mirada a un pequeño hotel en pleno paseo marítimo que estaba cerrado al público. Lo veía cada día cuando regresaba al puerto al atardecer.
Personajes de la talla de Sean Connery se habían alojado antes allí.
“¿Por qué no cogerlo para que los turistas que contratan nuestros servicios se puedan tomar después una copa y pasar una velada agradable”, pensaba.
Pues dicho y hecho. Así fue como inició el proceso de reforma que duró un año y que en 1978 lo permitió abrir al público, preservando la esencia e idiosincrasia del negocio que antes había existido allí.
De hecho a día de hoy, todavía están las cocinas antiguas y muchos elementos que rememoran el pasado.
“Si estas paredes hablaran…”, nos cuentan con una sonrisa socarrona.

Fue sin duda la época gloriosa de Mallorca. El paraíso estaba en consonancia y armonía con la llegada de turistas. ¡Qué tiempos aquellos!
Pero sigamos con nuestra historia.
Maximiliam Stebegg, conocido por todo el mundo como Max, era un guía turístico austriaco que cada noche pasaba por el Casa Nova para tomarse una copa.
Y como no podía ser de otra manera, el amor fluyó y Max pasó a formar parte del equipo hasta convertirse en el alma mater del negocio.
“Una de las cosas que más nos enorgullece – dice Max – es que a día de hoy nos siguen visitando muchos de los turistas que teníamos como clientes en aquella época”. “Hemos creado un segundo hogar”, apunta.
Pero con el paso de los años, esa clientela se hacía mayor y cada vez tenía menos posibilidades de viajar. “Además, la pandemia ha hecho mucho daño”, nos cuentan Jackie, Max y Sara (de ésta última hablaremos a continuación).
Además, Max y Jackie estaban cansados de tanto trabajar y pensaban que era el momento de dar paso a la sabia nueva.
Una sabia nueva encarnada en la figura de Sara Ferriol, de la cual ambos son sus padrinos.

“Hace once años que empecé a trabajar en el Casa Nova y he tenido tiempo para poder vivir en primera persona y el momento más álgido lo que Jackie y Max crearon”, dice la que desde hace cuatro años ha tomado el relevo generacional y ha tenido que asumir el reto de mantener con vida y el esplendor de Casa Nova.
¿Cómo lo ha conseguido?
“No ha sido nada fácil”, reconoce Sara. “Gracias a todo lo que aprendí con Jackie y Max he podido continuar con el proyecto”, si bien apunta que “la pandemia nos ha llevado a reinventarnos sin perder nuestra esencia”.
¿Y cómo lo han hecho?
“Durante la pandemia, cuando podíamos teníamos abierto y nos convertimos en uno de los referentes de ocio de la juventud tanto del municipio como de la zona”, cuenta.
Además, destaca que “hemos seguido manteniendo la clientela alemana que desde siempre nos había visitado.
Esto lo han conseguido gracias a que “hemos intentado que todos se sientan cómodos y a gusto, creando un espacio armonioso y de respeto”, explica, al mismo tiempo que reconoce que “me siento muy orgullosa de ello, porque no sabía si seríamos capaces de conseguirlo”.
¿Y cuál es el secreto del éxito?
Max cree que “nuestra personalidad de trabajar y trabajar con calidad es lo que nos ha permitido conseguir el éxito”, mientras que Sara añade que “Max y Jackie han regentado un bar de copas con una mentalidad sana y yo intento hacerlo igual”.
El Casa Nova, que está a punto de cumplir los 45 años, tiene espacio para todo el mundo.
“Recuerdo cuando a los clientes les dejábamos una libreta y un boli sobre la mesa para que cuando pedían la cuenta tan solo tuviéramos que sumar lo que ellos habían apuntado”, comenta Max.
Antiguamente a Casa Nova acudían turistas alemanes y jóvenes del municipio. Esos turistas se hicieron mayores, y los jóvenes del municipio se casaron y tuvieron hijos, dejando de ir durante un tiempo porque tenían que cuidar de sus retoños.
“Con el paso de los años, ahora vienen la primera ola de los clientes mallorquines que tuvimos; si conocerlos de nada, me piden si soy Max y cuando les digo que sí me dan un abrazo porque son el hijo de tal o cual cliente”, recuerda emocionado con una lagrimilla en los ojos, a la vez que se pregunta: “¿Hay algo más bonito en la vida?”
“Esto es lo que intentamos mantener”, explica Sara, “que Casa Nova sea un lugar no solo de diversión sino en el que la gente se sienta a gusto como en casa”, apunta haciendo referencia también a los camareros “porque tenemos algunos que llevan más de veinte años con nosotros: como Isidoro, Mario o Mercedes”.

Exceptuando Bolero, Casa Nova es el local de copas más antiguo de Cala Rajada y su historia tiene peso tanto a nivel turístico como social en nuestro municipio.
¿Y ahora qué?
Max dice: “Nosotros (refiriéndose a Jackie y a él) estamos jubilados”.
Sara en cambio, son mucha satisfacción pero también con mucho respeto se sincera: “el COVID fue un golpe muy duro que lo cambió todo; y ahora no nos queda más remedio que ir con la vista puesta al próximo año”.
Max cree que “la evolución de precios, la guerra, el COVID ha hecho que aunque la gente tenga muchas ganas de vivir, la gente tenga miedo”, aunque Sara asevera con una sonrisa de oreja a oreja: “pero cada día que abro veo una oportunidad”.
¿Qué es lo que Sara ha aprendido de Max?
“Lo he aprendido todo. Pero esa sonrisa que tiene mueve montañas y he aprendido de él que siempre hay que intentar tener una sonrisa en la cara”.
Max en cambio reconoce que “cada vez que veo a Sara detrás de la barra me emociono”.
Casa Nova se caracteriza ahora entre otras cosas por el juego con el fuego. A Sara le gusta mucho la película de Bar Coyote y “es por ello que me gusta vivirlo con nuestros clientes en el local; y ellos lo disfrutan con nosotros”.
Además, se da la circunstancia de que hoy en día las redes sociales lo viralizan todo y estas costumbres del Casa Nova tienen mucha aceptación entre los seguidores.
“He de reconocer que al principio de todo no veía claro el proyecto de Sara”, asevera Max, pero subraya que “he de reconocer que ella tenía razón y ha encontrado la forma de hacer el cambio generacional de una forma perfecta”.
Sara quería hacer Relaciones Públicas y Periodismo (desde luego tiene el perfil perfecto), si bien su camino al final derivó al mundo de la gastronomía.
Jackie, Max y Sara viven como un privilegio poder disfrutar, aunque a veces sea muy duro, de la evolución de un proyecto empresarial que no es más que el reflejo de su forma de ser.
Una forma de ser que queda manifiesta durante la realización del reportaje, cuando nos encontramos a solas con ellos, con el local vacío, y aporrea la puerta un hombre, cubano, al que todos conocen como Titi, que tan solo se ha parado para darles un beso y un abrazo a nuestros tres protagonistas.
¿Hay algo más bonito en la vida o de lo que uno pueda sentirse más orgulloso?
Pues este es el reflejo y el resumen de lo que es Casa Nova. Una historia que nació allá por los 70 y que a día de hoy sigue más viva que nunca; eso sí, con su naturaleza e idiosincrasia, intactas.
Por muchos años más. La vida sigue.
