12 febrero 2026

    Ambiente verbenero y deportivo de verano

    NARRACIONES VERÍDICAS… O CASI. Lewis Th. Gardens

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    Al ritmo de la música interpretada, en primer lugar, por el conjunto denominado “Cobre”, que hacía de telonero de la orquestina, invitada de gala: “Bahía”, de Manacor, y en la plaza llamada “Orient”, en Capdepera, se movían las parejas. 

    Era el primer día de las fiestas del Patrón del pueblo. Olía a pólvora por los recientes fuegos de artificio y, también, por los petardos que arrojaban los chavales por la calle Mayor y la plaza, en el exterior de la verbena. Ésta iluminada por farolillos, globos de papel, bombillas de colores, estaba bastante animada. En la tarima que se alzaba en uno de los lados del recinto habilitado para bailar, junto a la pista, la orquestina tocaba, una tras otra, las piezas más de moda y los jóvenes, y los no tan jóvenes, aprovechaban la ocasión para disfrutar. 

    Algunos chicos, por una parte, y niñas adolescentes, por otra,  formaban grupúsculos contemplando el ambiente.  Muy pocos eran los que llevaban una chaqueta, menos los que lucían una corbata, y contados los que portaban ambas prendas. 

    JOVENES SENTADOS EN LA VERBENA DE SANT BARTOMEU

    Hacía calor y casi todo el mundo iba en “mangas de camisa”, lo cual les hacía más llevadero el ejercicio, y el placer de abrazarse en aquel baile que se efectuaba un par de noches al año, y por las mismas fechas. 

    Allí, aparte de foráneos que acudían de otros pueblos cercanos, se juntaba toda la sociedad de Capdepera.

    En el reducto verbenero la elite se codeaba con la plebe. Lo distinguido, o chic, se rozaba, o era empujado, por el torpe bailar de lo más cazurro. Sólo hacía falta, para ello, el pago de la entrada para acceder al recinto de aquella regocijante velada al aire libre. 

    ADOLESCENTES REUNIDOS EN LA FIESTA

    Y, ajenos a aquella algarabía, abigarrada gente, y alegre fiesta, se hallaba algo más de una docena de hombres jóvenes, bien formados,  algunos con botella en ristre, que en la terraza de el “Recreo” celebran el triunfo del equipo de fútbol de Capdepera, formado por escolares, el cual, por la tarde, en el campo de la Escuela Nueva,  habían derrotado al eterno rival de la vecina villa. 

    Y es que en el alto feudo del Encinar, conocido como Escuela Nueva, se jugaba a fútbol un domingo sí y otro no. En invierno, ya que en verano hacía mucho calor y solamente competían con motivo de las fiestas. Y, en esta ocasión, posaron todos para la cámara de un fotógrafo local. 

    CAMP DE FUTBOL DE S’ESCOLA NOVA CAPDEPERA- ALEMANIA 1969

    Allí estaban los balompédicos, sus entrenadores y masajistas, y los directivos que regían el club, amén de algún espontáneo “forofo”, hincha, que se colaba. 

    En el apogeo de la heterogénea verbena, una chica, muy pegada a su profesor de tenis reía, y movía coqueta, y con excitante cadencia, su impresionante figura al son de un “blues”. De vez en cuando sacudía la cabeza haciendo ondear el dorado fuego de su blonda cabellera.  Era el centro de atracción,  y ella lo sabía. Por su esbelta figura y por ser, también, motivo de habladurías ya que su frívolo comportamiento era la comidilla de la gente. 

    SILUETA DE LA CHICA Y SU PROFESOR DE TENIS, DEL AUTOR DE LA NARRACIÓN

    Y eso, a ella, la divertía. “Así aprenderán a no entrometerse en la vida de los demás”, pensó. Odiaba el cotilleo del pueblo sin parar en mientes que ella era la principal motivadora del mismo. Era muy bonita, demasiado llamativa y la encontraban algo, o quizás, bastante descarada. Y no por principios más o menos moralistas: en este aspecto la villa de Capdepera pasaba olímpicamente de ello. Pero los vecinos, la opinión generalizada,  pensaban que, por tratarse de la hija de una familia bien acomodada, ella debería comportarse con más decoro y no dar pábulo a murmuraciones. 

    La familia de la muchacha no estaba en la verbena, se había quedado en el lujoso chalet situado en la avenida de los Pinos, en la carretera que une Son Moll, Sa Pedruscada y Es Carregador; un chalet con un amplio ventanal, donde podía contemplarse el pinar, la luna y el mar en toda su inmensidad. La luz del lejano faro rielaba, se reflejaba, a intervalos regulares, sobre los cristales,  paseándose por el interior de la espaciosa sala para después desaparecer hasta dejarla de nuevo a oscuras…

    FESTA CELEBRACIÓ TRIOMF DEL ESCOLAR DE FUTBOL 1970
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