5 abril 2026

    “S’Alzinar” de nuestros desvelos: temor e impaciencia

    Pep Maria Moll

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    OPINIÓN Pep Maria Moll

    En este 2026 se cumplen 55 años de la inauguración del Colegio de S’Alzinar de Capdepera. Un complejo escolar que, debido al aumento de población estudiantil, fue ampliado al cabo de varios años. Y es en esta ampliación donde, parece ser, se produjeron anomalías que amenazaban de derrumbe el edificio, que obligó a desalojar al alumnado hacia una serie de módulos situados en la explanada del campo de deportes, donde hace pocas semanas el pabellón anejo sufrió desprendimientos en su estructura, obligando, asimismo, a abandonar aquella amplia nave destinada a prácticas deportivas, sustituyéndola por una carpa. Polideportivo que tardará hasta final de curso para reformarse casi íntegramente en base a un presupuesto que puede rondar el medio millón de euros.

    De todos modos —tengamos confianza— tanto el conseller de Educación como el inspector (ambos desplazados hace unos días a Capdepera) han confirmado que los técnicos del Govern han evaluado mediante una completa radiografía el edificio que corría peligro de derruirse, llegando a la conclusión de que la estabilidad y acondicionamiento total del mismo no podrá completarse antes de mediados de 2027. Se cuentan ya en número de tres las fechas dadas por el conseller Vera como plazo de finalización.

    En el seno de la asociación de padres de alumnos “AMIPA” se tiene el corazón encogido al ver cómo se va prolongando la solución final al problema que atañe de cerca a sus hijos, y están ojo avizor en cuanto al desarrollo de los acontecimientos, que pasan por la puesta en marcha, por parte del Ayuntamiento, de las gestiones en aras de encontrar espacios de grandes dimensiones capaces de absorber todo el entramado escolar. Se viene hablando estos días de una zona adyacente a la calle Rosas; también de unos solares limítrofes con la vía de circunvalación, y una tercera opción podría ser un sector cercano al Instituto, el cual facilitaría tener congregado todo el “campus” (por así decirlo), donde las comunicaciones serán primordiales a la hora de decidir el enclave.

    Nadie olvida —todos lo saben en Capdepera— que las “esllevissades” o deslizamientos de terreno siempre penden de un hilo, y en época lluviosa todavía más. Desde las montañas de Sa Cova Negra y Ses Penyes, riachuelos subterráneos surcan y erosionan los sedimentos del valle que baja hacia la localidad, desembocando en arterias antiguas ya inutilizadas que, en otro tiempo, desaguaban en la fuente-cisterna de la plaza de l’Orient, desgraciadamente desaparecida, venas con caudal acuoso que debilitan el subsuelo, en el decir de los entendidos.

    La arcilla ha sido siempre el gran inconveniente de la zona; sin embargo, obras recientes como las del hotel que se construyó sobre lo que fue convento de las monjas, en ningún momento —y eran susceptibles de posibles “esllevissades”— sufrieron problema alguno. Han sido años secos que evitaban la mencionada erosión del entorno.

    Hace un siglo, el Ayuntamiento de Capdepera ya planificó una escuela en S’Alzinar. La historia cuenta que el cambio de alcalde propició que las obras de dicho centro quedaran inacabadas (cuatro aulas sin cubrir y un patio), permaneciendo incólumes aquellos viejos reductos azotados por el tiempo, hasta que en 1968 se decidió construir el colegio actual, que se inauguró en 1971. La causa que los políticos locales de aquellos tiempos enarbolaron para no terminar las mencionadas obras ya fue el peligro que la arcilla llevaba aparejado, aunque no es menos cierto —según cuentan las crónicas de aquellos días— que el tema fue motivo de cambio de Alcaldía.

    1928 PRIMERA PIEDRA DE S’ALZINAR

    El nuevo alcalde suspendió las obras por la gravedad que suponía haberse detectado movimientos de tierra en aquel sector de S’Alzinar, convenciendo a los vecinos sobre la inviabilidad de construir allí arriba las nuevas escuelas. Y según reza la historia, aquel alcalde, comerciante de fuerte arraigo popular en una pequeña Capdepera de principios del pasado siglo, contaba en la plaza de l’Orient con un espacioso edificio entre las calles Luz y Centre —actualmente apartamentos— que posibilitaba poder acoger a los escasos alumnos de primaria y crear la llamada Escuela Nacional Graduada de los tiempos del Caudillo. Generaciones de estudiantes pasaron por aquellas aulas hasta que, como se ha dicho, en 1971, después de tres años de trabajos de construcción, vio la luz el soberbio edificio de S’Alzinar que, en el decir de quienes lo visitaron y, en especial, el día de su apertura por parte de las autoridades provinciales, era el colegio mejor situado y equipado de Mallorca: enfrente la mole del Castell y el pueblo de Capdepera, y a sus espaldas la verde vegetación del frondoso encinar, en una extensión de 150 metros cuadrados, dotado de ocho aulas, capaz para 400 alumnos, comedor, salón de usos múltiples, campo de juegos y otras dependencias, que más adelante fue ampliado con un aforo rayano hasta las dieciséis aulas.

    Las reuniones de APIMA se irán sucediendo. Después del largo período que ha tocado vivir por la imposibilidad de poder ocupar los muros del bloque deteriorado, quienes tienen a sus vástagos acudiendo a diario a S’Alzinar han manifestado por activa y por pasiva que estarán vigilantes y apremiarán a quien corresponda para conseguir la solución definitiva que, de forma un tanto tímida, que no evasiva, desde la Conselleria se les promete. 2027 está lejos y ya se sabe que “las cosas de palacio van despacio”. ¡Que haya suerte!

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