NICOLAU NADAL
En Cala Ratjada, respetar el Código de Circulación parece, en algunos casos, una recomendación más que una obligación. No son pocos los vecinos que observan una tendencia preocupante: conductores que, con total desparpajo, ignoran las normas de tráfico, estacionando donde les place y tomando decisiones que no siempre respetan los espacios reservados para los peatones.
Según relatan algunos residentes, es como si ciertos ciudadanos tuvieran “Cera del Corpus”, una expresión mallorquina que ilustra bien esa actitud de sordera selectiva frente a la ley. Durante un acto reciente en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Carmen, en Cala Ratjada, el aparcamiento contiguo al templo quedó completamente abarrotado. Un conductor “listillo”, al ver la falta de plazas, optó por aparcar su vehículo en una zona peatonal bien señalizada, sin prestar atención a la clara prohibición de estacionar en ese espacio.
¿Dónde está la autoridad?
Más allá de la conducta individual, está la percepción de que Cala Ratjada necesita urgentemente alternativas de aparcamiento y un mayor control de las infracciones, porque, aunque no se puede vigilar cada esquina, el incumplimiento constante genera una sensación de que la ley no se aplica de manera uniforme.
Un reflejo de civismo y convivencia
No solo se trata de aparcar correctamente, sino de respetar el espacio común y de dar ejemplo a los más jóvenes, quienes son los futuros conductores y ciudadanos. En última instancia, el respeto al Código de Circulación no es una mera formalidad; es un reflejo de la convivencia y del civismo que todos deseamos para nuestro entorno.
Este relato, evidencia el reto de respetar y hacer respetar las normas. Cala Ratjada, como cualquier otro lugar, merece una ciudadanía consciente de que cada pequeña acción contribuye a una comunidad mejor y más segura.
