15 marzo 2026

    Promiscuidad

    Maria Juan Funtilla

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     Mi compañero de trabajo Guillermo S.D. dejó que husmeara en el contenido que él llama “un diario íntimo” , escondido durante años – desde 2007, dice – en un cajón de su casa. Le insinué que lo que aquel diario contiene debería tener visibilidad, debían aquellos trazos escritos a mano ver la luz. 

    Guillermo, que fue administrativo en su quehacer profesional, quizás podría decir ejecutivo, con un carácter tímido, temeroso, no tiene muy claro eso de dar difusión a sus deseos de escribir cosas en aquel diario que, por el momento, ha abandonado debido a un receso que ha tenido que hacer por culpa de una dolencia. 

    __”Haz una prueba, lee y si lo consideras adecuado publica éste (señalando una de las páginas), luego ya veremos..”, semi autoriza el compañero. Entonces, leo:

    ___  A algunas compañeras de trabajo las noto, últimamente, un tanto revoltosas en el transcurso de la escasa media hora en la que contamos para hacer una pausa para desayunar, por turnos de cuatro personas. 

    Cuentan que ellas han leído en una de las “¿cualificadas?” revistas del corazón que algunas publicaciones ofrecen los fines de semana, que las Baleares figura en primera posición en el ránking de cáncer de útero. 

    Lo que no logran explicarse estas señoritas y señoras allí tertuliando  es que el motivo que esgrime la revista en cuestión como causa de la enfermedad citada sea la promiscuidad. Sus puntos de vista difieren sobre el particular, inquieren: ¿ que tendrá que ver una cosa con la otra?      __” ¿Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad?”. 

    Un señor que acostumbra a desayunar con las compañeras en cuestión responde a la pregunta que, precisamente, radica en “la velocidad”, el “quid” del asunto. 

    ___”Poco a poco, pausadamente, con lentitud y buena letra, saboreando los frutos que la madre naturaleza nos ofrece y con un solo Dios y una sóla mujer…” añade aquel señor. 

    Mientras, desde un despacho cercano al hábitat donde descansan, una voz ( no exenta de buen humor) exclama: __”Sí, un solo Dios i una sóla mujer…¡ y cada día, a ser posible..! Como aquello que dice la publicidad del plátano de Canarias”.

    Continúo leyendo:  __ Pues, eso, si cada día, por lo menos, un plátano o una mandarina, en el terreno sexual o afectivo entre hombre y mujeres, de ahí puede surgir, sin duda, la promiscuidad puesto que si la relación no se encuentra consolidada o, cuando menos, definida, y se actúa sin orden ni concierto, no tan sólo uno/una se exponen a sidas, gonorreas, sífilis, sino también, como ahora, al cáncer de útero. 

    Pero eso si continuamos dando crédito a la “¿cualificada?” revista dominical que, al parecer, arrasa en los kioscos. Si la revista lo dice…¡será verdad!. 

    No quedan satisfechas aquellas mujeres trabajadoras con la explicación, hasta que una de éllas, más veterana , más madura, expone: __”La clave está en hacer forolla (furor) en el momento de las relaciones íntimas, puesto que si te lo tomas desmesuradamente se corre el riesgo de perjudicarnos fisiológicamente. ”. A lo que sigue un largo silencio…

    El tema ha dado de sí para otra media hora de “manduca”  para el siguiente día, aunque no ya con tanta vehemencia en la discusión. La “forolla”  había disminuido y aparecían, de nuevo los semblantes inocentes de aquellas chicas que explicaban que ya se consideraban afortunadas si podían saborear, alguna vez en alguna salida nocturna sabatina, si se terciaba, una aventura de este tipo, ya qué: __”Hoy los jóvenes con los que nos topamos, son muy pusilánimes. Y no es cuestión que tengamos que ser, casi siempre, las mujeres las que llevemos la iniciativa.

    ___ “Hay que ver los estragos que producen estas revistas del “cuore”…”, exclama el compañero autor de las ante-escritas líneas.

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