No le iba a la zaga a mestre Tomeu Coix , del capítulo anterior, el popular Pep Tous Cetre. Según “contarelles” gabellines, parece ser que Pep Tous tenía una agencia de transporte de mercaderías (los más viejos del lugar no lo recuerdan en esta actividad), que diariamente iba desde Capdepera a Palma. Sí que recuerdan quienes nos cuentan estos “coverbos” el camión “rus” (de Rusia) de Juan Serra Melis y Jordi Nadal (padre de Magdalena Nadal que vivía en la casa adyacente al café de l’Orient); los cuales tenían la cochera del enorme camión enfrente del bar “El Recreo”.
Cuando tenían que ponerlo en marcha, sobre las seis de la mañana, toda la calle del Llum se estremecía. L’amo en Jordi, persona muy alegre, era un aficionado de las corridas de toros. Muchos días, en Palma, pasaba con el camíón por delante de la plaza de toros y se ponía a cantar: ”La vida de los toreros es una vida real/ viven (él pronunciaba “vivan”) como caballeros y mueren en el hospital”.
En tiempos más recientes, también regentaron agencias de transportes Juan Femenias Salas Tanjó, Sebastián Flaquer Flaquer de sa Costa, Bartolomé Terrasa Flaquer Ruis y, actualmente, Miguel Moragues Ferrer Margalidà. A uno de ellos, dos señoras solteras de Palma, de cierta edad, le encargaban botellas de grandes dimensiones y cubos tapados llenos de agua potable, de la que las fuentes de Sa Cala y Es Carregador manan, dado que aquellas mujeres preferían esta agua que fluye sobre la misma playa, a la que tenían que beber en Ciutat.


Cierto día, el camionero de la agencia iba retrasado como para tener que ir a llenarles los cubos en las fuentes descritas – hacia dos semanas se había encontrado en el arroyuelo niños nadando que le insultaron y le salpicaron de agua (les sacó una foto para enseñársela al padre de uno de ellos que reconoció), y en su interior el chófer exclamaba para sí mismo vituperios para las ancianas solteras.
Y a partir de aquel día se abstuvo de acercarse al litoral y se aprestó a llenar las garrafas con el agua que salía de “sa manxa de Sa Creu” (ya desaparecida) que al hacerla rodar con una manivela, desprendía agua potable para los vecinos que la podían aprovechar para consumo casero. Y así lo hizo, por espacio de cuatro años, llenando a mansalva, cada quince días, los utensilios, hasta que se jubiló. Y aquellas señoras de Palma, todas contestas y ufanas, creyendo beber agua.. de Sa Cala y Es Carregador.
Walter Bloch Studer Bloch, de Cala Rajada, era muy amigo de Pep Tous Cetre. Walter le llamaba Xetre – con “x” y así tenía colgado el nombre de Pep en un rótulo en la fachada del bar de Bloch –. Los dos eran grandes compañeros. Tanto Bloch padre como su hijo, del mismo nombre, comentaban que dejaban a Pep Cetre subirse a la terraza del bar y, desde allí, tirar la larga caña de pescar con prolongado hilo, anzuelo y “esca” hasta hacerlo llegar justo a la bocana del Racó de ses Graneres, a unos cincuenta metros.


En cierta ocasión, en que Pep estaba muy cansado y no estaba por la labor de pescar, para evitar que su esposa le tirara de la oreja derecha (solía hacerlo cuando discutían y él le regalaba un clavel que siempre llevaba en el ojal de la camisa) fue a ca na Magina — la más popular de las vendedoras de pescado de Cala Rajada, y le compró un buen “ranxo” de pescado variado. Regresó a Capdepera en el carro de repartir leche a domicilio de Miguel Sureda Verger, todo feliz y contento. A su mujer, admirada por la “peixetada” que traía Pep, no tuvo otra idea mejor que repartir el pescado entre sus vecinas, las cuales estuvieron muy contentas con el regalo, y todavía quedó para ellos. Y l’amo en Pep, que se lo miraba, mientras acariciaba el clavel del ojal de la camisa, exclamaba: “Vatúa el món, amb lo que m’ha costat aquesta pescada…!”.
