16 febrero 2026

     La cueva de Sa Font de Sa Cala

    NARRACIONES VERÍDICAS… O CASI de LEWIS TH. GARDENS

    Relacionado

    El Ayuntamiento instará a Educació a agilizar la mejora del CEIP S’Alzinar

    El pleno municipal abordó nuevamente la situación del CEIP...

    S’Auba también requerirá actuaciones de mejora

    En materia educativa, también se informó de la necesidad...

    Primera Regional

    Escolar 1 - Montaura 1 Goles: 1-0 (44’) Miquel À....

    Fue el año 1956 Única oportunidad despreciada

    Es un hecho que ocurrió en el año 1956....

    Comparte

    Junto a la costa, a la izquierda de Sa Font de Sa Cala (Capdepera) , ya pasada la pequeña playa de n’Aladern, y en las diáfanas aguas que hay frente al varadero d’en Creus, buceaban dos hombres.

    Ambos apenas se conocían, pues su amistad databa de tan sólo pocos días. El más alto, y esbelto, era un alemán llamado Klaus Litmann, de unos treinta años de edad. Era un turista más de los muchos que se hospedaban en el Camping de Antonio Moll, alias Miquelet. 

    El otro, bastante más mayor, achaparrado y más feo, era un español residente en el cercano pueblo, a cuyo término municipal pertenecía el complejo turístico de la citada Font de Sa Cala…. 

    Este último, en su tiempo de ocio, solía dedicarse a la pesca submarina y, la mayoría de las veces, a criticar a sus vecinos, en el pueblo, con los que convivía y de los que vivía, ya que tenía montado un negocio en el centro de la villa. También era aficionado a la espeleología, coleccionando todo aquello que pudiera tener cierto valor documental: piedras raras, fósiles, e incluso estatuillas, o figuras de metal, por lo general bronces de las épocas romanas, fenicias o púnicas, que solía hallar en sus excavaciones. 

    CAMPING FONT DE SA CALA
    FIESTA, EN 1960, DE LOS SUBMARINISTAS. JORFE PRUBÍ, ENTRE ELLOS.

    Los dos hombres, y en circunstancias que se relatan más adelante, se conocieron en Ca’n Cardaix , un lugar algo apartado del complejo turístico conocido por el Camping, en pleno campo y con un peculiar aspecto de rancho, en el que se servían, y se sirven, toda clase de comidas. Bajo un emparrado de ramas de pino, que cubre y forma parte de un amplio comedor, con sus largas mesas, y a través de una humeante paella, Jorge Prubía veía frente a él a la mujer más bonita que creía haber contemplado en su vida. Bonita y hermosa… ¡Qué tipo de mujer! Y, además, elegante!

    La Nuria, su ordinaria media naranja, no se podía comparar con aquella preciosa alemana, a quien no le llegaba, ni por asomo, a las suelas de sus rojas sandalias, las cuales cubrían sus pequeños y lindos pies. ¡Odiosa comparación! Valía la pena admirar aquel portento importado del norte de Europa y envuelto – es un decir – en una mínima expresión de tela (sic) bañador, tan justo que de él parecía querer escapar la totalidad de su lindo cuerpo. Era un dos piezas acariciado por las áureas hebras de una larga cabellera.  En su mente, envidiaba Prubí al joven acompañante de la beldad, posiblemente su pareja.

    Sin apartar los ojos de la hermosa joven empezó a dar cuenta del arroz, algunos de cuyos amarillentos granos, al caer de la cuchara, se engarzaban en los canosos rizos de su velludo y cuadrado pecho. Por un momento, creyó haber perdido el apetito ante la visión de aquella walkiria, pero había nadado mucho y, así que hubo probado el primer bocado, le dedicó mayor atención a su paella. 

    Tenía hambre… De momento le esperaba aquel suculento plato de arroz rodeado de unas apetitosas y rojas gambas, acompañadas de trozo de pollo, y conejo, donde hincar sus dientes.  Después, ya vería…

    La joven notó la penetrante, e insistente, atención de que era objeto y en la cara enrojecida de Prubí, asomó una sonrisa, casi como de disculpa. Relamió su grasienta boca y no por el sabor de la paella, que estaba sabrosísima. La hermosa joven le devolvió la sonrisa. Jorge sabía que él no era un Adonis. A pesar de su avanzada calvicia no tenía ni un pelo de tonto. No, el catalán no era tonto, sabía lo que quería. Aunque quién juega con fuego acaba por quemarse y aquella mariposa exponía con demasiado descaro sus vistosas y frágiles alas a la llama que ella misma había encendido y que inflamaba a don Jorge Prubí y Camps.

    Hizo un esfuerzo para apartar, por unos momentos, la tentadora imagen de la procaz joven y, dejando sus oscuros lentes de sol sobre la mesa, se dirigió al mostrador. Tan sólo, llevaba un pantalón, una especie de Meyba, de un color casi negro, y que le llegaba por debajo de las rodillas. El vientre y los michelines , le sobresalían colgando estos sobre la elástica.

    – ¡ Hola, Toni! , saludó al dueño del local.

    – ¡Hola, don Jorge!

    En el pueblo le daban el tratamiento de don y, aún, muchos gabellins (gentilicio aplicado a todos los habitantes nacidos en la Villa de Capdepera) no se explican la razón de tan respetuoso trato, pues el origen de Prubí, aunque catalán a todas luces,  por habla y acento, sigue siendo oscuro para todos ellos. 

    Nadie sabe, en realidad, porque vino a Capdepera, de donde vino, y dado que todo lo de Mallorca le era criticable, el porqué se quedó a vivir en la isla.

    – ¿ Ha comido bien..?

    – Excelente, pero quiero que me hagas un favor: ¿Ves aquella parejita junto a mi mesa..?.

    Toni asintió con un gesto.

    – Quisiera obsequiarles con uno de los pescados que te vendí esta mañana, al regresar de hacer pesca submarina. Ya sabes, el mero que pesó casi dos kilos sería ideal… Yo estaré ahí, en la mesa que hay junto a ellos… Diles que lo pesqué yo y, como me han resultado muy simpáticos, les invito esta noche a cenar aquí.

    Agradeció la pareja el detalle de don Jorge y Toni les presentó. Una mezcla de alemán e inglés entre ellos, que el dueño de Ca’n Cardaix soslayó.

    Y así fue como se entabló aquella rara amistad entre aquellos alemanes y el taimado y sórdido personaje, buceador, y coleccionista, don Jorge Prubí y Camps, el cual – como puede verse en la fotografía de la fiesta dedicada a los submarinistas, organizada por Jordi Ballester, que adjuntamos – él está presente. 

    Continuará….

    spot_img