Michel Heijman, holandés de nacimiento, es el pregonero este año de las fiestas de Sant Bartomeu de Capdepera.
Desconocemos si es el primer ciudadano extranjero que tendrá el honor de poder leer el pregón de las fiestas patronales, si bien es cierto que en una conversación mantenida con él nos cuenta que “son ya 25 años que lleva en la Isla y que Capdepera es su casa”.
Es difícil que la gente no lo conozca. Bien por su labor profesional, bien por la social o personal es alguien involucrado con el municipio.
Nos da que pensar que la elección de Michel puede o no (posiblemente nosotros somos mal pensados) de que el hecho de que sea extranjero no sea algo del agrado de algunos gabellins de pura cepa.
Bien es cierto que al margen de este debate que puedan tener algunos, los tiempos cambian y el mundo, también. De hecho, es posible que lo haga más rápido y descontroladamente de lo que nos gustaría.
Lo que está claro es que el hecho de haber escogido a Michel como pregonero puede ser un gesto del Ajuntament al intento de la integración de aquellos ciudadanos extranjeros que han venido a nuestra Isla y en concreto a nuestro municipio a residir y pasar su vida.
Es aquí donde desde nuestro punto de vista, figuras como las de Michel, que se mueven bien en los dos ambientes, tienen un papel muy importante a jugar: uno para intentar crear lazos de unión entre ‘nativos’ y extranjeros; y dos para que esos lazos sean creados desde la comprensión y no el compromiso.
De no ser así, de poco servirán gestos como el del Ajuntament para unir sensibilidades.
Hemos de ser escrupulosos a la hora de defender nuestras costumbres y a la vez conscientes de que los tiempos cambian, la sociedad también y el mundo toma un camino que nos guste o no es el que es.
Aquí es donde todos, y decimos todos, tenemos que poner de nuestra parte siendo respetuosos con nosotros mismos, pero también con los demás, sin caer en el error de crear relaciones de sumisión ni agresividad, sino de asertividad en la que ambas partes se sientan a gusto.
