14 marzo 2026

    Vigilar y trajinar con las marcas toponímicas de Capdepera 

    A L’AGUAIT Pep Maria Moll

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    Dice Vicenç M. Rosselló en su Geohistòria sobre Capdepera” que sacar la cabeza del hilo del ovillo del topónimo de esta localidad: Cap de Pera, un cabo muy tozudo que, por su terquedad, nos obliga a la tautología del “cap o punta” del que el pueblo ha usurpado un nombre macizo, férreo y obstinado, hace preguntarse: ¿quién puso este nombre?  No parece que fueran los mallorquines. Los naucleros pisanos y genoveses, antes que los catalanes,  haciendo la “ruta de las islas” (Braudel, 1966), como que las del norte eran menos peligrosas, pasaban por delante de nuestras costas y enfilaban con las señas, fijándose sobre todo con los cabos como principales referentes, donde se encontraban fortificados algunos.

    Los genoveses comerciaban con las islas Baleares desde mediados del siglo XII y, además, ejercían de corsarios, y no para crear fronteras sino más bien para atravesarlas (según Abulafia, 1996). Los documentos de guardias y castellanos manejados por los historiadores nos permiten simplificar la trayectoria del topónimo “cap de la Pera”, siglos XIII y XIV; “cap de la Pedra”, siglo XV, y “cap de Pera”, el siglo XVI y siguientes. 

    TALAIA NOVA DEL CAP VERMELL
    TALAIA NOVA DEL CAP VERMELL

    El análisis de la información escrita o cartografiada resulta más complicado o enrevesado. El “Compasso da navigare” posiblemente nos dé el testimonio más antiguo (a mediados del siglo XIII) “capo de la Pera”. También habla de “Fornelli”  (Fornells), “Citadella” (Ciudadela) y “Maone” (Mahón). Contemporánea a “Compasso” es la Crónica del Rey Jaume I que escribe y pregunta: “ E a què era açò d’aquells focs que es feien al “cap de la Pera?”, puesta en boca de los sarracenos de Mallorca. El mismo pasaje maneja el arcaico “cap de la Peira”, la cual para los marineros catalanes debía ser la denominación más corriente.

    Repasando las cartas o atlas portulanos, las cosas cambian. Pietro Vesconte, veneciano de 1321, escribe: “cauo de la pera” en 1330. El hecho de que Angelino Dulceti, introductor de la cartografía en Mallorca, en 1339, ignore el topónimo – aunque nos cueste creerlo y nos duela – quiere decir que no le debía conceder mucho peso. Su seguidor, Abraham Cresques, le denomina ”petra”, (en italiano, piedra). Battista  Agnese, veneciano, en el atlas de bolsillo de 1546, que escribió para el rey Felipe I, lo define  “c. de la pera”. Luego están  el portugués Diogo Homem, el mallorquín emigrado Joan Martínes, el mapista mallorquin viajero Bartomeu Olives, Vicenç Pruners y Plácido Caloiro-Oliva que forman, todos ellos, una muestra que reafirma la importancia del “cap de Pera”  como seña naval.

    Durante los primeros años del siglo XI, los documentos hacen contínuas referencias al cabotaje que navega de Menorca al puerto de Palma y que, debido a averías o temporales, fondea en Cala Gat ( Massanet et al.,2008) . El pequeño, pero insistente cabotaje como también contrabando casi consentido, justifican topónimos como los anteriores y otros no tan antiguos, como serían “el caló de Sa Fusta”, “es Carregador”, “S’Entrador”, “S’Embarcador d’es Verger”, “sa punta de sa calç (es Verger)”, “es Racó de ses graneres”, donde embarcaban, como producto de fabricación local, las palmas de “garballó”  como parte substancial; “es Secret”, “sa cova d’es tabac” , “s’embarcador d’es Rei”…, la mayoría de los cuales están referidos en la carta náutica 965 de la Comisión Hidrográfica, conferida por José Gómez Imaz, el año 1895.

    La torre del “Cap” controlaba y vigilaba “es Freu de Menorca” . En 1837, aún tenía un encargado: Joan Font i Floriàn, miembro de las familias notables del término, sobrino del capellán del Castillo (Massanet et. Al., 2008), que pudo ser el último episodio de la crónica de dominio del canal de Menorca, que se había iniciado en 1231 con las fogatas del Rey Jaume. 

    TORRE D'AUBARCA
    TORRE D’AUBARCA

    Tanto las obras como la actividad y vigilancia dejaron una buena huella en la toponimia del litoral. De torres, tiene Capdepera la “d’en Nunis”, para empezar; la “d’en Montsó” o de Canyamel; la de “s’Heretat” y la “d’en Massot”, conocidas como “Ses Talaietes”, sobre las mismas Cuevas de la Ermita; “la Cega”, la cual sólo protegía Cala Gat, la torre “d’es Matzoc” y la “d’Aubarca”. 

    Otro grupo es el de las atalayas: la de “Son Jaumell” ( 271 metros), la “Morella o Freda” (562 metros), la más elevada. Nos queda el “Castell de Capdepera” (162 metros y vértice geodésico) y, para finalizar, un topónimo exquisito: “Cala n’Aguait”.

     La tranquilidad tenía un precio: la vigilancia. 

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