En Capdepera se celebró el 3 de junio de 1923
Para dar cumplimiento al acuerdo del Ayuntamiento de Capdepera en el que se determinó confeccionar la Bandera Mallorquina, para que ondease altiva y orgullosa al lado de la Española en la Casa de la Villa de aquella localidad, se improvisó una fiesta, en consonancia con el hecho de que, ahora, se cumplen 100 años de las manifestaciones de Palma y Sóller, que fueron una espléndida muestra de entusiasmo del pueblo en pro de su estandarte.
El día 3 de junio de 1923, también Capdepera quiso honrar su historia, homenajeando como se merece la enseña patria. La Associació per la Cultura de Mallorca, que tanto se preocupó por el enaltecimiento de nuestras cosas, desde el primer momento, tomó parte activa, dando datos y facilitando a sus miembros el poder dar lucimiento al acto. Miguel Garau (a) Climentó , el cual llevaba en sus venas sangre de la misma sangre de sus abuelos, puso todo el entusiasmo del que es capaz de verter un hijo por su madre, encontrando un digno compañero en el regidor Pep Bauzà (a) Tacó.
He ahí, pues, a continuación, emulando a Sóller y Palma, la narración del acontecimiento en nuestra Capdepera una vez izada la Bandera. El alcalde Pedro Antonio Bauzá (a) Pilón se dirigió a los numerosos vecinos reunidos ante la Casa consistorial con estas palabras:

”Pueblo!: Este Ayuntamiento, por mi boca, debe deciros que está gozoso al ver que habéis dado la cooperación que esperaba de vosotros en esta fiesta. Esta manifestación de vuestros sentimientos en pro de la Bandera, nos llena de satisfacción, porque vemos que el acuerdo que hemos tomado ha sido de vuestro gusto; por otra parte, esto nos anima a todos a continuar trabajando en el mismo camino seguido, porque la animación de hoy viene a ser una aprobación a nuestra gestión.
Hemos colocado esta Bandera que es la nuestra. Seguramente no la conocíais! Y…¿no es vergonzoso que un pueblo tenga ignorancia tan grande de cosas como ésta? Al hacer el debido honor a nuestra insignia nos honramos a nosotros mismos y el pueblo que honra lo suyo es el pueblo más grande del mundo. Corresponde a Capdepera, pues. el tercer lugar entre todos los de Mallorca que han homenajeado debidamente la bandera que acabamos de izar. El primero fue Sóller, el segundo Ciutat y aquí lo estamos haciendo hoy. Y yo quisiera que todos los demás pueblos nos siguieran y así todo mallorquín que tuviera que emprender un peregrinaje por otras regiones que no sean Sa Roqueta, pudiera a la sola vista de la bandera ver Mallorca, ya que la bandera lo es todo: tradición, religión y costumbres que unidas constituyen nuestra pequeña patria. Después de daros las gracias a todos, tengo que dárselas a los señores de l’Associació per la Cultura de Mallorca por haber prestado generosamente su concurso en esta fiesta. Y debo decirles algo: Cuando os encontréis lejos de nosotros recordad que en la parte del levante mallorquín y casi dando la mano a nuestros hermanos de Menorca existe un pueblecito en el que habitan unos congéneres vuestros, cuyos corazones palpitan unidos por un solo afecto, el amor a Mallorca y el amor a Capdepera”.

Miguel Garau (a) Climentó, gabellí y miembro de la citada “Associació”, efectuó el siguiente panegírico:
”¡Deu Vos guard, gabellins!. Como “gabellí” que soy me dirijo a vosotros por dos motivos: Hablo, en primer lugar, para agradeceros la acogida que habéis dado al acuerdo municipal de entronizar , hoy, nuestra bandera, la Bandera Mallorquina, que acabamos de izar y por la solemnidad que estáis dando a este acto con vuestra presencia, ayudando con entusiasmo a un mayor esplendor de la fiesta. En segundo lugar, hablo en nombre de la nueva “Associació per la Cultura de Mallorca” de la cual soy el más humilde de sus componentes, para saludaros en su nombre y para expresaros la sorpresa que han tenido los que con su presencia enaltecen este acto que no pensábamos encontrar en Capdepera. La fervorosa y coral acogida que han tenido ni tampoco el amor que demostráis por las cosas de savia mallorquina. La asociación ha visto con satisfacción estas notas hermosas con que sazonáis esta fiesta, que aunque no sea hija de aquella Asociación sí que puede ser considerada ahijada estimada. Deciros, también, que he sido yo el primer sorprendido. Sabía que vuestro corazón, paisanos gabellins, era sensible a todos los movimientos de orden espiritual, pero no creía que lo fuera con tanta intensidad como la que hoy rezumáis, demostrando con ello el afán legendario en vuestros corazones, de conocer el más allá de poder descubrir horizontes nuevos y saber poneros en el lugar que os corresponde, al asociaros a todas las empresas provechosas, no caminando detrás ( que es el lugar de los miedosos) sino en primera línea, el sitio de los que se arriesgan. Y estas virtudes son las que me hacen exclamar: ¡ Aquest és el meu poble!.”
__” ¿Qué cosa es la que me mueve a mí a hablaros y a vosotros a escucharme y reunirnos en este lugar?. En dos palabras puede decirse: el amor a la nuestro—continuó su arenga Miquel Garau –. Esta bandera es nuestra, porque nos fue dada por uno de nuestros Reyes que era mallorquín, como nosotros, porque esta es la tierra que lo vió nacer; nos la dio para que la amásemos y la venerásemos y no dudó en dárnosla como enseña de su sangre que representan estas cuatro barras. Ah!, señores, si Dios permitiera que alzaran su cabeza nuestros antepasados, convertidos en polvo, cuyos despojos guarda el osario de nuestro Castell! Como la reconocerían y se abrazarían a ella y al besarla nos dirían con ojos lagrimosos de gozo: ¡Hijos nuestros, amad la bandera, y en sus pliegues veréis toda la historia de nuestro pueblo, en cada pliegue una gesta gloriosa de varones ilustres de los que la indiferencia de unas cuantas generaciones ha borrado su nombre!. Estas barras rojas son la sangre derramada penosamente y de buen grado en los movimientos épicos de nuestra historia. En el color amarillo, está el oro puro de las virtudes de la raza. En nuestro Castillo la voluntad hecha fuerza, la fé férrea de todos los “gabellins”. En el color violeta el de las montañas, del mar y del cielo que Dios nos dio para que Mallorca, con el verde de sus campos, sea como una esmeralda engastada en la turquesa inmensa del mar latino. Es el mismo sentimiento que ponemos a las cosas de nuestro abuelos ausentes, donde no haya ni un “gabellí” que no se sienta orgulloso del legado más grande que ellos podían hacernos y me refiero al Castillo, alzado por nuestros ancestros, convirtiéndolo en un bastión, un testigo viviente donde mirarnos, cual espejo, y que reposa sobre la cima que domina este pueblo recordando a todas horas su potencia y su pasado glorioso”.
”A vosotros, grey infantil, niños y niñas de Capdepera, que con vuestros cánticos en pro de la bandera habéis solemnizado este acto, acordaros siempre de esta diada de hoy, puesto que vosotros sois el pueblo del mañana y esta simiente de mallorquinidad y gabellinidad que hoy se ha esparcido dé su fruto. Y a las mujeres que han bordado con esmero y gusto la Bandera, al agradeceros vuestro impagable trabajo, os pedimos que unáis vuestras voces a la mía con un ¡ Visca Capdepera! ¡Visca Mallorca!.
El próximo 3 de junio podría la “Obra Cultural Balear”, heredera de aquella “Associació per la Cultura de Mallorca”, recordar de alguna manera la fiesta que hace un siglo se celebró en la plaza del Sitjar de Capdepera: la de la Bandera Mallorquina.
