Las fiestas de Sant Antoni han ido bien. Todos los actos han salido perfectamente y según lo esperado para un año normal. Ya nos hacía falta.
Tanto la víspera, con la picarolada, los foguerons y demás, salieron perfectamente; y eso que el viento amenazó durante todo el día, pero sobre todo en el momento de encender el fuego. Fue ya entrada la noche cuando las fuertes rachas hicieron acto de presencia. Menos mal, porque en otros pueblos, las hogueras fueron suspendidas.
El día de la festividad del santo las beneïdas pudieron celebrarse también sin problemas, y eso que instantes previos el agua amenazó e hizo acto de presencia.
Nada, ahora queda que Cala Rajada pueda celebrar las fiestas igual de bien que Capdepera.
Por cierto, ¿sabían que en Cala Rajada siempre se encienden más foguerons que en Capdepera? Es normal. Debido al mayor número de habitantes, la zona costera siempre suele contar con una decena más de hogueras que el pueblo. La comparativa es entre 20 y 30.
Y no hemos de olvidarnos de que la semana siguiente es el turno de Canyamel, donde todo es más ‘recogido y en familia’.
Motivo de enfrentamiento
El antiguo consistorio ha sido motivo de enfrentamiento político. Fue en nuestras ediciones de 2021 cuando dimos cuenta del rifirrafe entre equipo de gobierno, principalmente el alcalde, y oposición, en concreto Més per Capdepera.
Un tema que, desde entonces, ha permanecido en calma tensa, hasta la inauguración del nuevo archivo municipal, que ha vuelto a dar el ‘sus’ a dichos enfrentamientos, en esta ocasión de forma ‘velada’.
Estamos en campaña electoral y a pesar de que los comicios municipales sean en mayo, ahora sí que las maquinarias se han puesto en marcha.
Unos para vender logros y otros para manifestar su desacuerdo con todo (o casi todo) lo establecido por el alcalde y sus colaboradores.
A los ciudadanos no ha llegado el momento de ponernos en la barrera para presenciar el espectáculo que nos ofrecerán en los próximos meses.
Què hem de dir? Paciència; no en queda d’altra.
