Pocas horas después de los hechos relatados en el capítulo anterior, un pescador de caña, que transitaba por los senderos que acceden a las múltiples pesqueras que hay por la costa, descubrió el cuerpo inconsciente del maestro, flotando extendido y con los brazos en cruz, dentro del agua cerca de una roca… Cuando la alarma fue dada, y el cuerpo herido de don Mario retirado, las elucubraciones de quienes aparecieron por la zona rocosa, ignorantes de toda la trama que supuso lo que pudo haber sido un final trágico del maestro, no acababan de comprender lo ocurrido y, conociéndolo, se hacían cruces de su extraño comportamiento, primero con lo que reflejaron las fotografías esparcidas por doquier y, ahora, con aquella drástica decisión de caerse al mar.
En el parte, y de común acuerdo, las autoridades de la Villa hicieron constar el accidente, y no posible suicidio: “ Al pisar una piedra, ésta se desprendió, y don Mario Gayá cayó al vacío…”. Era la manera de evitar escándalos y guardar el buen nombre del profesor. La caridad no estaba reñida con ciertas leyes, obsoletas, según la opinión de sus buenos amigos.
Al hospital donde fue trasladado por una ambulancia acudió mucha gente del pueblo de Capdepera, asustados y preocupados por su estado, incluso parecía haber llorado don Miguel, el boticario… sus enrojecidos ojos daban fe de ello. El mismo Jorge Prubí i Camps, con su esperpéntica figura, también fue a visitarle. En su cara se notaba un rictus de dolor, ( tenía que sacar todo el partido posible de la orquitis que, de nuevo, le atormentaba).

Fue él quien presentó la joven turista al docente, y ésta resultó ser la causante, aunque indirecta, de perdición para aquel hombre que, antes de conocerla, fue todo un ejemplo a seguir. Algunos días después Erika fue citada para prestar declaración. Se presentó élla en el Cuartelillo de la Guardia Civil, en la calle Honda, con uno de sus rayados nikis y un short, sentándose ante el Sargento, don Basilio, y cruzando con cierto descaro, tus tentadores muslos. En el ojo falso de don Basilio, el de cristal, se reflejaba la luz de la bombilla que, sin tulipa, colgaba de un torcido hilo desde el techo del despacho. Y, en el otro ojo, en el bueno, brillaba otra lucecita de franca admiración, pero que dada la integridad y el fuerte sentido del deber que le honraba, trató de disimular sin dar una sola concesión a sus persona-les sentimientos.
Aunque don Basilio reconocía que la joven era la tentación en persona, su deber estaba por encima de ello. __ “ Perdone que la haya molestado, señora, al hacerla venir pero, según tengo entendido, usted y don Mario, mantuvieron cierta relación. Hay quien afirma , y hay imágenes de usted bailando con dos Mario en un establecimiento, que ha causa de esa relación él pudo haber hecho lo que, al parecer, hizo: querer suicidarse”. Don Basilio Corralete se la miraba atusándose el enorme bigote que lucía bajo su aguileña nariz.
___” Mi sentir very much accidente de pez magister, perdón, del herr proffessor. Mi no gustar que Vd. decir, mi no tener contacto , ¿ decir bien? , con herr proffessor. El hacer a mí proposiciones para hacer amor, que decir ahora gente cursi, y mi decir no, no i no y él, sí, sí y sí.. Yo tener marrido…”.
__ “ Entendido!. Y, ahora, déjeme que le haga las preguntas de rigor, a las que me obliga el cargo..”
__ “Rigorrr, carrrgo, mí no entender! “
__ “Se lo diré de otra manera, señora Litmann. El día de autos…”
__”Perrdón, ¿ qué ser día de autos..?”
__ “ Quiero decir el día en qué cayó al mar el profesor, o mejor dicho, la tarde en que tuvo lugar el accidente, ¿ dónde se hallaba usted, señora Litmann? .
Erika quedó pensativa y se dijo que sería mejor para ella, y para todos, decirle al Sargento casi toda la verdad: El acoso de que era objeto por parte del maestro, la gran pasión que despertó en él y su negativa a acceder a sus deseos. Al final, omitiendo su aventurilla con don Gorgue , le dijo la cita que había concertado con el maestro, y a la que ella acudió aquella tarde.
___” Mi ir a cita con magíster, mi dar lástima, pero Klaus, mi marido, no saber. Mi no querer que él saber…”
___ “ No se preocupe, por mí no sabrá ni una palabra, yo me limito a los hechos y sacar mis propias conclusiones”.
___ “Mi entender mitad, y decir OK”.
___ “¡Buena chica!”
___ “ ¿ Mi chica..? Mi very buena, pero no chica, mi enseñar…”
Erika se calló de pronto y acordándose de los consejos de Prubí, se dio cuenta de lo contraproducente que podría ser el enseñarle las piernas al Sargento, el cual, en vista del silencio a su pregunta, siguió: ___” Decía: Así, pues, fue la última persona en ver y hablar, con don Mario antes de que éste cayera al agua…”
___ “Mi ver, pero no hablar..”
___ “Explíquese, señora!”
____ “Mi gustar que decir señora.. usted ser very caballero.”·
___¨”¡ Vaya al grano, señora!”
___ Mi no ir al grano, pero ir a cita y ver, pero no hablar. Mí ver magíster sobre suelo y very borracho, como cuba. Él dormido y tampoco poder hablar, ni hacer amor, ni…”
___ “ No siga, la he entendido perfectamente”
___ “ Yo dejar magíster que dormir, mi marchar como venir…”
¡Compuesta y sin novio!, pensó el Sargento, y atusándose de nuevo los mostachos, dijo : ___” Pues, ahora, ya se puede marchar… o ir”- Ah! y le doy las gracias por colaborar con la justicia”, dando así por terminada la entrevista.
___ “Mi gustar grandes bigotes!”
Y, de esta manera, el accidente que puso al borde de la muerte a don Mario Gayá fue objeto de habladurías, por parte del pueblo y, con el tiempo, algunos pudieron respirar aliviados. Sobre todo Prubí que tan sólo subía al pueblo para comer, y a veces para cenar, y alguna vez para dormir, si no lo hacía en su cueva, lejos del mundanal ruido…

