16 febrero 2026

    Monjas Franciscanas: “El futuro del convento de Cala Rajada es para nosotras una decisión de gran responsabilidad”

    Conversamos con las responsables del gobierno general de la Congregación de Franciscanas, responsables del inmueble cerrado desde hace años.

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    Hace tan solo unas ediciones, Faxdepera se hacía eco del estado en el que se encuentra el convento de las Franciscanas de Cala Rajada.

    Un espacio que lleva prácticamente una década cerrado a cal y canto. Fue aquí cuando surgieron nuestras dudas en torno a cuál es el futuro que le depara a este lugar en el que un gran número de personas de Cala Rajada y Capdepera acudieron en su juventud al colegio y en el que vivían unas monjas que desarrollaban labores sociales, educativas y humanitarias para la gente de la zona.

    Un espacio que contaba además con el respaldo de la familia March. Un lugar en el que como marcan los ideales de los franciscanos se promovían las acciones sociales educativas y sanitarias entre la población de Cala Rajada.

    Estos días hemos podido conversar con las responsables del Gobierno General de la Congregación de Franciscanas Hijas de la Misericordia, responsables y propietarias del inmueble.

    Entre los diferentes aspectos que nos han comentado está que “pese a que el espacio lleva más tiempo del deseado cerrado, en la medida de lo posible se han ido realizando actuaciones de mantenimiento para que el inmueble se conserve en el mejor estado posible y no se deteriore”. 

    Una de estas actuaciones ha sido la protagonizada por un tratamiento a los techos de madera que sufrían una plaga de carcoma y termitas.

    “A veces se realizan actuaciones en el convento para intentar conservarlo en el mejor estado posible. Nosotras vamos de tanto en tanto y vamos intentando preservar el espacio”, nos cuentan. 

    A la hora de preguntarles sobre el futuro que le depara al convento de Cala Rajada nos indican que “es una decisión que todavía no hemos tomado, porque todavía estamos realizando otras actuaciones en diferentes inmuebles de la congregación de ubicadas en diferentes zonas de Mallorca, cómo pueden ser en Llubí o Lloseta, que ahora mismo están captando toda nuestra atención y dedicación” dicen.

    “Vamos con mucha cautela a la hora de dar un paso en cada uno de los conventos, porque somos conscientes de la importancia que tienen no solo para nosotras si no también para los pueblos en los que se encuentran, siendo Cala Rajada uno de ellos”.

    Es por ello que dicen: “cuando llegue su turno, que llegará y esperamos que sea pronto, podamos valorar con toda responsabilidad y conciencia qué posibilidades existen para este espacio”.

    “Hemos tenido que cerrar otros conventos en diferentes lugares de Mallorca – dicen – y queremos darles a todos ellos la mejor salida posible, respetando siempre la esencia social que han tenido”, subraya la responsable de la congregación con la que hemos podido conversar. 

    A día de hoy la congregación va realizando acuerdos con diferentes administraciones públicas, “para que de una u otra manera siga siempre vivo el carisma y el sentido con el que nacieron y fueron creados estos espacios”.

    “En el caso de Cala Ratjada hemos de abrir un proceso de reflexión en el que miraremos, pensaremos y nos asesoraremos; y hasta que no tengamos claro y bien definida cuál es la mejor opción para un lugar tan importante, no haremos nada, solo mantenerlo en el mejor estado posible”, agregan.

    El convento de Cala Ratjada estuvo a punto de acoger a refugiados ucranianos. Para ello una brigada de limpieza se hizo cargo de acondicionar el espacio para que diferentes familias ucranianas pudieran hospedarse en el edificio. Finalmente el Govern balear consideró que el convento de Cala Rajada no era una de las mejores opciones por encontrarse muy lejos de Palma.

    En este sentido nos dicen que “a la hora de tomar decisiones para nosotras implica una gran responsabilidad, porque buscamos siempre y ante todo respetar en la decisión que tomemos la historia y tradición de nuestra congregación”.

    Todavía quedan para muchos en la memoria nombres como los de Miquela Ollers, María Cabrer, Magdalena Feliu o la tan querida Joana Mateu, que era la que realizaba las funciones de enfermera y prestaba atención sanitaria a tantas personas de Cala Ratjada.

    “La decisión que se tome para definir el futuro del convento de Cala Ratjada ha de tomarse con mucho seny”, reiteran una y otra vez para dejar latente que no puede ser algo que se decida a la ligera y de una manera rápida, porque “queremos que tal y como reza en la creación de la congregación, el espacio, al igual que los otros que tiene ésta en toda Mallorca continúen con su labor social, sanitaria y educativa, entre muchas otras que desarrollan las Franciscanas Hijas de la Misericordia. 

    HISTORIA DE LA CONGREGACIÓN

    La Congregación de Franciscanas Hijas de la Misericordia nació en Mallorca en 1856 para dar ayuda y servicio a lugares lejanos de Palma (en los pueblos) donde no llegaban los recursos de Ciutat. 

    Fue la familia noble Ribas de Pina la creadora de esta congregación, en concreto Gabriel María Ribas de Pina, capellán, que junto a su hermana Josefa fundó la congregación de mujeres. 

    Desde el gobierno general de la Congregación de Franciscanas Hijas de la Misericordia nos comentan que “hemos de asumir que las cosas han cambiado y que son otros tiempos”. Añaden que “nos duele en el alma tener que cerrar los conventos y por ello tratamos siempre, con mucha prudencia y responsabilidad tomar la mejor decisión acerca del futuro de cada uno de estos espacios”, tratando que en el futuro “preserven siempre la esencia de los valores e ideales de servicio y misericordia de la congregación”. 

    “Nosotras podremos morir, pero el carisma de la Misericordia que es nuestro estandarte es lo que intentamos que prevalezca siempre, dando la mano al que lo necesita, dando vida y ayuda a los otros, que es nuestra razón de ser”. 

    De ahí, que la decisión del convento de Cala Rajada no sea, al iguala que en los de otros municipios de Mallorca, nada fácil, y “hasta que no llegue el momento de poder prestarle nuestra total atención a este espacio tan importante, como se merece, preferimos intentar conservarlo en el mejor estado posible”. 

    ESPACIO CEDIDO POR LA FAMILIA MARCH

    Además, aquí se da la circunstancia de que hay una parte del convento que fue cedida por la familia March y por esto que para las franciscanas implica una responsabilidad muy grande. 

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