16 febrero 2026

    MANOJO DE NOTAS HISTÓRICAS de Melchor Llull Mesquida

    Transcripción: Pep Maria Moll-Maria Juan

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    DESDE 1572 A 1589: MAYORÍA DE EDAD DE CAP DE LA PEDRA (III) 

    Dos siglos y medio  sin que ningún hecho importante altere el ritmo religioso de la pequeña feligresía. No se crea por ello que la vida de aquellos moradores fuera monótona, fácil y tranquila en este lapso de tiempo; muy al contrario, la pesadilla de las frecuentes incursiones de los sarracenos que llenaban de sobresaltos y ponían días de luto en muchos hogares por la desaparición de algún ser querido, ribeteaban de tristeza aquellos años, quizás los más difíciles de nuestro puedo Cap de la Pedra. 

    Pero llega el 30 de abril de 1572, que es otro mojón que señala nueva etapa importante en el aspecto religioso de nuestra familia. Llega, de Visita Pastoral, a ésta el Excmo. Sr. Obispo de Mallorca D. Diego de Arnedo y, haciéndose cargo sobre el terreno de las dificultades y peligros que rodeaban la vida de los sufridos habitantes, establece y decreta lo siguiente: “Igualmente, porque el lugar del Cap de la Pedra en donde está construída dicha iglesia, dista no corto espacio de camino de la iglesia parroquial de la villa de Artá y es muy expuesto en invierno y en tiempo de lluvia llevar a los recién nacidos a dicha iglesia parroquial para recibir el bautismo por un camino áspero y difícil y hasta pueden peligrar sus vidas; por tanto, consideramos como un deber de conciencia, atendidas y consideradas otras muchas razones y para acceder a la instancia de los habitantes de Cap de la Pedra, se construya una pila o fuente bautismal para administrar el Santo Sacramento del Bautismo a los que nacerán en este lugar, para que no tengan que ser llevados, entre tantos peligros, a Artá”.

    Por este documento, vemos que se concede permiso para bautizar mucho antes que nuestra capilla fuera Vicaría y que este permiso se concede accediendo a una instancia que habían dirigido al Obispo los habitantes y en atención a las dificultades que tenían para trasladar a los recién nacidos a Artá, lo cual hacían a pie o montados en bestias, necesitando varias de ellas, si tenían que ir así los padrinos, en lo que consumirían cerca de media jornada, deseos muy razonables comprendidos y atendidos por el Rdmo. Sr. Obispo.

    Únicamente, a título de curiosidad, volvamos dos años atrás, al 18 de septiembre de 1570, para aducir los decretos de otra visita pastoral efectuada a Cap de la Pedra por el mismo Obispo. En ella, ordenó que al cabo de un mes se fabrique una llave para la puerta de la iglesia, que no la tenía y para que se toquen las campanas a la puesta del sol y, también, para la oración por los difuntos, como muy laudablemente se hace en otros lugares y pueblos, ordenando que a diario al ponerse el sol se repique la campana para saludar a la Virgen María y, poco después, se toque de nuevo para los difuntos. Deben poner sumo cuidado –d ice el decreto – de todo lo dicho, cerrando y abriendo la iglesia y mantenerla limpia. A Sebastián Juan, natural de la villa, se le abonarán 20 sueldos anuales por los trabajos descritos; siendo éste el primer sacristán de Capdepera, de nombramiento episcopal.

    El pequeño pueblo, año 1577, aumentaba en número, como crece el niño que ha de alcanzar la plena robustez humana y fue conveniente otorgarle otros medios de acrecentar y vigorizar su vida espiritual. Atendiendo a estas razones, D. Juan Vich Manrique, a la sazón Obispo de Mallorca, tendrá muy pronto nuevas atenciones de padre para los heróicos y sufridos hijos de esta tierra, instituyendo en la iglesia del Castillo de Capdepera, el 10 de abril de 1577, la Reserva del Santísimo Sacramento.

    El que tiene sus delicias en morar entre los hijos de los hombres, desde este día vivirá entre los habitantes de este pueblo, que sentirán cerca de sí el latido del corazón paternal; las ovejas del pequeño redil verán a su lado al Buen Pastor que velará incesantemente por ellas y las alimentará con el divino pasto de su Cuerpo y Sangre todas las veces que apetezcan tan saludable manjar. Esta fecha debe quedar grabada con caracteres de amor y gratitud en el corazón de todo buen hijo de la parroquia. Son 373 años que Jesús Sacramentado mora entre los hijos de nuestro pueblo.

    La falta del documento en que se contiene tan estimada e importante concesión no permite enumerar todas las causas que moverían al benemérito prelado a otorgar tal gracia a nuestros padres; pero indirectamente algo se ha podido saber por un documento del Ayuntamiento de Artá en el cual razona ante los hijos de Son Servera la negativa en concederles esta merced que se había concedido antes a Capdepera, diciéndoles que era porque nuestra villa superaba en vecinos a la suya y por estar la iglesia rodeada de murallas y así defendida contra el robo y el sacrilegio en caso de invasión sarracena. Por estas razones, se ve que los celosos prelados serían parcos en conceder esta gracia a aquellas iglesias que carecían de defensas seguras o no contaban con un número considerable de fieles que las pudieran guardar y proteger, en caso de peligro.

    Mayoría de edad: Vicaría “in capite”.-   Pese al terrible azote de las incursiones piratas que castigaban estas tierras como las nieves agarrotan los campos, nuestra prosapia crecía y aumentaba día a día. Este aumento no es probable que fuera por inmigración, pues ¿Quién vendría a establecerse aquí, lugar tan peligroso,  estando mucho más seguros tierras adentro?  Es mucho más razonable que algunos emigraran al interior de la isla en busca de más tranquilidad. Por ello, debe considerarse el crecimiento que experimentaba nuestra villa como el propio y normal de su población. El libro de bautismos más antíguo que he visto y que, seguramente, es el primero de esta parroquia, el cual empieza en agosto de 1597, da en el primer lustro un promedio de 20’6 bautismos anuales. Si suponemos una natalidad de un 30 por mil, suposición que no es exagerada para aquella época en que el manchón de la inmoralidad matrimonial no afeaba los hogares cristianos, nos da un censo de unos 709 habitantes para nuestro pueblo.

    Dicha población no cabía, ni en mucho, dentro del castillo, en cuyo interior había, un siglo más tarde al que historiamos, según un dato de Torres y Berard, 25 casas y la del Gobernador. La gran mayoría de estos habitantes vivirían por las afueras de la fortaleza y diseminados por la campiña y serían ellos los que corrían con enseres y animales a refugiarse dentro de las murallas para no caer en manos piratas, cuando oían la señal  de alarma o divisaban las fogatas de las atalayas que delataban la presencia de naves enemigas próximas a nuestras costas. El desarrollo que experimentaba este coto y las dificultades anotadas anteriormente para acudir a la parroquia, movieron al Obispo a tener para con los trabajados feligreses otro rasgo de paternal consideración, elevando en el año 1589 la pequeña iglesia a la categoría de Vicaría “in capite”, sufragánea de la parroquia artanense. Desde esta fecha, nuestros fieles tuvieron régimen propio y la plenitud de los sacramentos eclesiásticos.

    Este año 1598 y el nombre de D. Juan Vich Manrique, figuran íntimamente vinculados en la primera página de nuestra historia como feligresía. Si es grato a todas las familias mostrar las glorias que ennoblecieron su alcurnia, séanos también dado a nosotros sacar a relucir algunas que se refieren precisamente a este período que historiamos y a esta iglesia elevada a la nueva categoría. En la segunda mitad del siglo XVI nació en Capdepera y fue bautizado en la pila sagrada del Castillo un niño que sería, más tarde, el padre Jaume Massanet, religioso del convento de Sant Francesc de Palma, hombre de elevada contemplación célebre por su espíritu de rigurosa pobreza, caridad y don de milagros. Entre los que obró, se cuenta que una vez, con la señal de la cruz, resucitó a un niño que había muerto al caer en un pozo. El padre Jaume Massanet falleció, con fama de santidad, el 20 de septiembre de 1634.

    En la vida de Frai Antoni Llinás, nacido en enero de 1635,  célebre por su apostolado en las Indias Orientales y en Europa, fallecido en Madrid en olor de santidad en junio de 1693, se cuenta que estaba, una vez, predicando con gran fervor desde el púlpito de la capilla del castillo, quedando arrebatado en éxtasis y rodeado de resplandor, apareciéndose el Niño Jesús en medio de una blanca nube. 

    Estos hechos los cuenta Furió y Sastre en sus Memorias de la Historia Eclesiástica de Mallorca y a él me remito en cuánto a su autenticidad.

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