En 1839 existía un sacerdote de Capdepera, el presbítero Bartomeu Sureda, el cual ejerció de Vicario coadjutor de la parroquia, que cuidó de forma desinteresada del Oratorio del Castillo y de forma concreta de la capilla donde estaban expuestas las reliquias, vestimentas y donaciones de quiénes se habían salvado de las contiendas contra los moros y posteriores guerras y ofrendas de personas que no se habían librado de ir a la lucha.
Esta capilla estuvo en esta situación hasta 1960, año en que el ecónomo Miguel Picornell Mayol ordenó desalojar aquellos objetos de fe cristiana y limpiar la nave, al unísono con la propiedad del Castillo que fue quien apremió al sacerdote a que así lo hiciera. Desaparecieron aquellas prendas, reliquias, exvotos y donaciones (tan veneradas por los “gabellins” por cuánto de historia local rezumaban) y nunca más se supo. Se acometió una pequeña reforma del templo y se guardó – según cuenta la historia – una reliquia de madera de la Virgen de la Esperanza en un hueco existente en la sacristía que, al parecer, guardaba en su espalda la imagen de la patrona existente en la parroquia de Sant Bartomeu.


Parece ser que los rectores de la iglesia parroquial, desde 1934 hasta 1943, los presbíteros Monserrate Rosselló, Antonio Morey y Melchor Llull habrían conservado esa pieza que denominaron reliquia, la cual apareció cuando la talla de madera de la Virgen fue encontrada en el sótano del molino existente fuera del recinto, enfrente del “Portalet”.
Y fue, precisamente, el rector Rosselló versus Antonio Morey quien consiguió la venerada y estimada reliquia del patrón de Capdepera, Sant Bartomeu, que fue depositada en una especie de pequeña custodia que, desde años ha, reposa en un diminuto tabernáculo del altar mayor de la parroquia, la cual es adorada con olor de “alfabaguera” cada día 24 de agosto.

Se decía – jamás se ha confirmado – que un carpintero denominado “Ros”, de Capdepera, recibió el encargo del párroco eclesial para injertar al bastón que lleva la imágen de San José un trozo de madera que perteneció al cayado del Santo, el cual en la colina de San Potito en Nápoles consiguió adquirir para Capdepera un peregrino en 1954.
Finalmente citar a Santa Catalina Thomás, la santa mallorquina, patrona restaurada recientemente con motivo de la reforma del Oratorio d’Es Carregador de Capdepera, que cuando fue nombrada Beata, muchos años antes de ser canonizada, una ferviente y devota familia consiguió un fragmento del hábito de la monja y lo enmarcó en un cuadro de la Santa, el cual regaló a la parroquia, cuadro que presidió la fiesta de reinauguración del Oratorio, hace unos meses, en el oficio y procesión que allí tuvo lugar.
