Poco tiempo antes de ingresar en la institución, Estela perdió en un accidente a un hermano que iba de paquete en una motocicleta, que falleció en la Vía Juan Carlos I de Capdepera.
Antoni Estela es, en la actualidad, un activista que ha ratificado ante el Juzgado una denuncia por graves abusos sexuales, a cargo de un exmonitor de la Fundació Nazaret, donde Toni estuvo acogido de niño, en los años 80 del pasado siglo. Estela compareció en un Juzgado de Palma, con sus abogados (según recogieron diversos medios como UH o DM), donde agradeció la amabilidad de la juez y fiscal que intervinieron y la oportunidad de haber sido escuchado. De este modo, Estela se reafirmó en que, cuando tenía entre 11 y 14 años, él y otros niños del centro sufrieron, de forma continuada, graves abusos.
“En aquel momento no sabía si había un pago de por medio, puesto que era un niño. En ocasiones me encontraba con varios hombres adultos esperando en una furgoneta, no lo he podido olvidar”, ha expresado el denunciante que, ahora, cuenta con 52 años. Estela ha reivindicado que este tipo de delitos no deberían prescribir mientras las víctimas vivan y ha deseado que la investigación sirva para ayudar a que otras víctimas de abusos, que guardan silencio, se animen a denunciar. Episodios en que el acusado monitor iba a despertar en su celda a muchachos, en mitad de la noche, para llevarlos a otra habitación y cometer sus fines, han hecho que el Juzgado, en gesto de apoyo a Estela, haya acudido a otro usuario de Nazaret que también denunció otros abusos, en este caso, atribuidos a otra persona.
El presunto agresor, aunque primero negó las acusaciones, llegó a pedir perdón si en algo pudo hacer daño, hace 30 o 40 años, pero dijo que ya lo había olvidado y se arrepentió. Esta revelación hizo que otros perjudicados alzaran su voz y corroboraran los hechos. El abogado de Estela, Francisco Fernández, subrayaba entonces que un vídeo y la aparición de más víctimas justificaban la investigación, a modo de sentencia declarativa.
Un Juzgado de Palma ha transformado el caso en un procedimiento ordinario, un importante avance para la celebración de un juicio, una novedad procesal que alegró a Antoni Estela que alzó sus brazos en señal de victoria, visiblemente emocionado, manifestando que esta lucha le ha costado 40 años de su vida. “Un castigo, una condena de maltrato físico, psicológico y moral, un asesinato en vida”, expresa Estela.
Antoni Estela vivió su niñez y preadolescencia en Capdepera. Fallecidos sus padres y desaparecido su hermano por un accidente mortal, un sacerdote amigo de la familia consiguió que pudiera ingresar en la institución Nazaret donde cursó estudios y fue un excelente trabajador del centro. El peso de las terribles vicisitudes por las que tuvo que atravesar y que se hicieron patentes a la hora de denunciarlas, demuestran el triste recorrido de este “gabellí”. ¡Le deseamos suerte!
