Este verano, el histórico aparcamiento de Cala Agulla —aquel que durante cuarenta años fue parada obligatoria antes del chapuzón— ha dejado de existir (bueno lo hizo realmente el pasado mes de febrero que es el máximo que tenía la empresa para desmontarlo). No por capricho, ni por desidia institucional, sino por un cúmulo de factores legales y administrativos que tienen su origen en una normativa autonómica y supramunicipal para la protección del territorio del Parc de Llevant. La playa sigue en su sitio, espectacular como siempre, pero acceder a ella con vehículo ya no es cómodo y tan fácil como antes, porque ya no se puede; al menos de momento. Y eso ha desatado una tormenta. No de arena, sino de opiniones. Basta ver los comentarios de la gente (que no quiere decir que sea la mayoría de la ciudadanía, ni una muestra demoscópica de la misma, o sí; quién sabe).
Una legalidad que no da opción
La razón de fondo es clara: el aparcamiento estaba en una zona incluida en el ámbito del Parque Natural de Llevant y esto implica una serie de aspectos. Las normas de protección ambiental, que son autonómicas, impiden ahora que se mantenga el aparcamiento histórico con el uso que ha tenido durante casi medio siglo (porque las cosas, con el paso del tiempo y la ‘evolución’ cambian). Sus propietarios, cumplidos los plazos, han restaurado el terreno a su estado original porque así lo indicaba la normativa vigente. Fin del episodio.
La modificación del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del parque, aprobada en su día por el Govern balear, supuso una reinterpretación del uso permitido del suelo. Esa reinterpretación proteccionista del territorio choca por lo visto con las comodidades habidas hasta la fecha de algunas o muchas personas (no sabemos realmente si son la mayoría o una pequeña parte), y ha tenido efectos directos sobre espacios que durante años operaban con cierta tolerancia administrativa. Pero los tiempos cambian, y con ellos las exigencias de legalidad urbanística y ambiental.
Desde el Ayuntamiento se intenta recordar que este aparcamiento no era municipal, que no lo explotaba y que fue el Parc Natural el que dijo que no podía estar allí. Y aunque se ofrecía como un servicio a residentes y visitantes, lo cierto es que operaba en una situación jurídicamente compleja. En los últimos años, ya se había advertido de la imposibilidad de mantenerlo en el tiempo. De hecho, esta situación no viene del año pasado o del otro, sino de años atrás, porque estas cosas no se planean y organizan de la noche a la mañana, y más si hay terceras administraciones supramunicipales de por medio. Pero como pasó hace cosa de un mes con la reforma de Canyamel, como técnicamente las cosas de palacio van despacio porque no pueden dar respuesta a todo cuando se quiere o necesita, perquè hi ha ses mans que hi ha, no se llega a tiempo para solucionar determinados problemas, y después surgen los problemas, como ahora, que la gente está caliente, cabreada y en algunos casos no atiende a razones.
El solar alternativo aún no está disponible
Una de las preguntas más recurrentes estos días es: ¿por qué no se ha abierto ya el nuevo aparcamiento previsto? La respuesta, aunque poco mediática, es sencilla: porque el solar todavía no está en manos del consistorio. Se ha aprobado ya la expropiación forzosa (fue en el último pleno celebrado ayer jueves). Ahora, se iniciará el proceso de expropiación. Un procedimiento largo, técnico y sometido a los plazos que marca la ley. No se puede habilitar un espacio sin titularidad pública ni sin las condiciones legales y urbanísticas necesarias.
El proyecto existe, se trabaja en ello, pero no llegará a tiempo para este verano, al menos de momento, porque según hemos podido saber desde el Ajuntament están intentando forzar la máquina para conseguir una solución temporal y transitoria para este verano. Sería buscar la forma burocrática de crear un sistema excepcional para este verano. Pero al parecer los técnicos de la casa no lo ven con buenos ojos y no quieren dar un paso en falso (normal que no lo hagan si lo ven así). Es por ello que paralelamente se están buscando argumentos de jurídicos de garantía y en otras administraciones que permitan abrir un aparcamiento temporal para este verano. No es fácil y nos consta que más de uno en el intentando de encontrar una solución para este verano (hablamos de político que no de técnico), apenas duerme por la noches.
Lo que no sabemos, y es lo que queremos preguntar, es si este tiempo de impasse de este verano entre el cierre del antiguo aparcamiento y los trámites de expropiación para la creación del nuevo se podrían haber agilizado y evitar que este verano no hubiera aparcamiento en Cala Agulla. Porque según la respuesta, la cosa cambiaría. Bueno, sí lo sabemos porque lo hemos podido confirmar por otro lado. Burocráticamente el tema se ha demorado. Lo que parecía que iba a ser un sí a última hora fue un no y eso ha dejado amb els calçons baixos al equipo de gobierno. De ahí, que ahora se intenten encontrar soluciones paralelas, pero siempre dentro de la legalidad.
El tema es calcado en cuanto al proceso al de Canyamel que comentábamos antes. Hay quien no piensa en los tiempos y en las consecuencias de llegar antes o después en los plazos. Y así tuvieron que resolver después con buena voluntad de todo el mundo el problema (eso sí, una vez que trascendió a la opinión pública y se vio de por dónde podía cojear el tema).
Que quede claro que aquí todo el mundo está actuando de buena fe, incluso cuando se da un no por respuesta (eso nadie lo pone en duda). De hecho, ese no es consecuencia de un acto de responsabilidad. El tema está en los plazos y organizaciones previstas para ser previsores de posibles problemas que se puedan producir después y soluciones previas que se podrían haber intentando aplicar (porque no todo sale siempre bien, como es ahora el caso).
Soluciones temporales y gestión del espacio
Mientras tanto, paralelamente el Ayuntamiento ha optado por reforzar la señalización de zonas de aparcamiento ya disponibles, como la habilitada en la carretera de Can Patilla, a partir del cruce con el carrer Castellet, o los espacios en la zona de Floreal y Sant Andreu. También se ha habilitado el solar de Sa Gravera (maldita la hora para alguno que intentó proponerlo como una solución al tema de Cala Agulla, porque no le ha dado más que problemas y quebraderos de cabeza).
Fue un error y así se entiende ahora el plantear estas acciones como posibles soluciones a Cala Agulla. Cala Agulla es lo que es y tiene la situación que tiene. Y estos aparcamientos nuevos, que ayudan a descongestionar determinadas zonas, para algunos pueden ser una solución – como aparcar en Can Patilla -, pero para otros ni hablar.
Es lo que traen las prisas e intentar dar solución a todo. Con ello no estamos justificando a nadie, pero si nos ponemos en su piel, y el hecho de intentar mezclar churras con merinas para dar una solución a algo ha salido más caro que el propio problema en sí.
Un cambio de costumbres y una oportunidad de reflexión
El ser humano es un animal de costumbres. Acostumbrado a aparcar junto a la arena, ahora, a no ser que se encuentre una solución al problema, tendrá que hacerlo a pie. El cambio no es cómodo, pero a día de hoy es obligatorio.
Este episodio también invita a una reflexión sobre el modelo turístico y de movilidad. ¿Debe toda playa tener aparcamiento propio? ¿Debemos seguir permitiendo que el coche llegue hasta el último metro de naturaleza? ¿Qué papel juega el transporte público y cómo se puede mejorar su eficiencia? Porque se podrían haber creado buses lanzadera (como han hecho por ejemplo en Campos con ses Covetes), pero no se estudió a tiempo y además implica unos procesos burocráticos y una legalidad que no se puede sortear.
Comunicación, expectativas y autocrítica
Tal vez la mayor crítica que puede hacerse al proceso no es la falta de soluciones, sino la falta de una comunicación más clara y anticipada. Una reunión pública, una campaña informativa específica o una señalización temporal más visible hubieran ayudado a preparar a residentes y visitantes para este nuevo escenario. Muy poca es la gente que conoce realmente el proceso que ha llevado a esta situación y ni le importa (como es normal porque ya tiene suficientes problemas). El Ayuntamiento aquí podría haber sido más previsor porque conocía la situación, las posibilidades que había sobre la mesa y los tiempos.
Lo importante ahora es intentar luchar una posible solución de urgencia para este verano, a ver si se da, y gestionar bien la transición para el futuro. Porque el cambio ya ha llegado. No hay marcha atrás. Lo que sí hay es una oportunidad para hacerlo bien.
Porque Cala Agulla sigue allí. Hermosa, libre y protegida. Como debe ser.
