Hace ya algunas fechas, estaba sentado muy plácidamente en el jardín de la casa de mi hija, acompañado de Felipe Romaguera, gozando de una placentera tarde otoñal, que invitaba a un atardecer de relax en todos los aspectos, y me dispuse a dialogar con este excelente paisano.
Todo un personaje de primera magnitud, donde los haya. Así de entrada diré que Felipe está casado con una de mis hijas, o sea que estaba gozando de la compañía de mi yerno.
En esta entrevista, por lo extensa que pudiera resultar, transcribo lo que Felipe me detalla para así no interferir con mis preguntas y sus respuestas. Dejo que sea él quien se exprese y me cuente sus aventuras, dentro lo que quepa, en el espacio que dispongo en el semanario FAXDEPERA. Empieza diciendo:
Nací en 1965 en Tolouse, mi madre era francesa y mi padre un valenciano de Alcácer. En mi niñez vivíamos en la ciudad del sur de Francia, hasta que tuve cinco años, y nos trasladamos a vivir a la localidad valenciana. En el transcurso del tiempo me puse a trabajar en el campo recogiendo naranjas aparte de otras actividades.
En el año 1981: En un principio, vinimos mi padre y yo, años más tarde vendría mi hermano Raúl, a trabajar en Mallorca fijando la residencia en S’Illot.
Trabajamos en Canyamel, lo cual era un poco engorroso, ya que teníamos que subir por «Es Coll des Vidrier», en aquel año, el túnel no estaba construido.
Estuvimos con Pedro Reche, (quien fue un gran maestro empresarial en el ramo de la construcción). Embaldosamos en un edificio de la calle Magallanes. Aquí ya tuve una anécdota: el que nos servía el mortero quería más dinero para servirnos deprisa, yo se lo comuniqué a mi padre, el cual habló con Pedro y acordamos trabajar de noche, en vez de hacerlo de dia, y quien pedía más dinero por servirnos, tuvo que servir el mortero a última hora, antes de nuestra llegada y dejarlo en planta. Empezábamos sobre las 19,00 horas hasta las 03,00 hs de la madrugada y entre mi padre y yo hacíamos entre 80 y 100 metros cuadrados de embaldosado. Nunca he trabajado con tanta tranquilidad y paz en el trabajo nocturno.
Año 1984: Me fuí al Servicio Militar en Alicante. Una vez cumplido este requisito, regrese a Cala Rajada. Me puse a trabajar en la construcción con el empresario José Gómez Quintero. En el espacio de unos tres años trabajé, de portero en Malibú, con Paco Terrasa, en Phisical, y en «Ca’n Maia» entre otros que no voy a mencionar por no extenderme.
En el año 1988, decidimos ir a la Guayana francesa, ya que yo disponía y dispongo de la doble nacionalidad: española y francesa. Fuimos mi padre y mi hermano Raúl. Estuvimos allí un año, con expediciones en la cuenca del río Amazonas, una zona que no estaba explorada. Fue una experiencia única con una expedición de seis personas, machete en mano para abrirnos paso en la selva virgen. En Guayana montamos una empresa constructora, que nos fue bastante bien pero al final, en el año 1989, decidimos volver a Mallorca.
Nos pusimos a trabajar de nuevo con Pedro Reche. En el año 1990, conocí a la que fue mi pareja, con la que en el año 2005 me casé, y he tenido dos hijos: Lluc y Aura.
En el año 1995, con un compañero decidimos bajar por el «Torrent de Lluc», me agarré a una roca, se ve que esta se afloja por la humedad ya que hacía poco que había llovido, esta se suelta y me cae sobre la pierna derecha, quedando allí inmovilizado. Explicar cómo me rescataron me llevaría tiempo y más tiempo, pero mi compañero se fue a dar aviso a la Guardia Civil en Escorca. La G. C. movilizó un helicóptero llevándome a «Son Dureta», Mientras, en aquel entonces mi compañera estaba esperando nuestra bajada, en la playa del «Torrent de Pareis», hasta que un policía le dió el aviso del percance que yo había tenido. Ella cogió el coche que disponía y se desplazó a la clínica donde estuve hospitalizado, como decía era «Son Dureta», que entre esta y la clínica «Verge de Lluc», estuve dos meses hospitalizado y diez meses de baja.
El ir a rehabilitación con la ambulancia era una «odisea». Me recogía y me devolvía, fue una soberana historia. Entre ir y venir con los demás pacientes de otras poblaciones como Capdepera, Artá y otras localidades, suponía una gran pérdida de tiempo. Decidí montar en mi casa y por mi propia cuenta una tabla de «tortura» un tanto sofisticada, entre poleas y otros artilugios, mis sesiones eran constantes y por propia voluntad
Mientras tanto, hice un curso de «sofrología!» con los doctores Javier Arranz (epd) y Pedro Subirana, que con la relajación, de la mente, el hueso afectado se soldó, y la pierna que en principio parecía que iba a quedar imposibilitada, se recuperó al cien por cien, no siendo necesaria intervención quirúrgica alguna.
Año 1996 / 97: Una vez recuperado de mi percance, me dedico de nuevo a la construcción, trabajando en Capdepera, Algaida y Pina, llevando a cabo distintas obras de albañilería.
Año 1998: Empecé una serie de tres cursos para obtener el título de Capitán de yate, que culminó en el año 2000 obteniendo el título acreditativo.
Año 2002: Me intereso por la empresa «Humicontrol», que se dedica en eliminar las humedades, y actualmente soy el Delegado de esta empresa en Baleares, con un sistema muy innovador para hacer desaparecer las humedad de los edificios, siendo una empresa muy puntera, para eliminar lo que ataca tanto a los edificios en Mallorca, como es la humedad.
Año 2004: Contacté con Vicente Grande, que fue una historia muy compleja. En aquellos tiempos Vicente era el Presidente del RCD Mallorca y mayor accionista de la inmobiliaria Drac. Este se fue a la quiebra, dejándome una deuda bastante elevada, ocasionando un grave quebranto, que me costó mucho tiempo poder recuperar.
Año 2005: 25 de septiembre de ese año, me casé en el castillo de Capdepera, con la que había sido mi compañera y pareja desde el año 1990.
Esto es un tanto a grandes rasgos las inquietudes de Felipe Romaguera Riu, que trabajando en la zona Sol de Mallorca, para prepotentes oligarcas de Rusia, construyó fabulosas mansiones.
Por otra parte, hay que ser prudentes y no inoportunos, saber cuando se tiene que ir con la música a otra parte y no cansar al lector o al entrevistado.
Así que también hay que pensar con el espacio que se dispone. Aquí pongo fin a la entrevista con Felipe Romaguera Riu, que en el «tintero» quedan temas para una próxima edición.
