22 marzo 2026

    La eliminación del parque infantil responde a una reunión entre Ajuntament y vecinos de Canyamel 

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    La desaparición del parque infantil de Canyamel, que en los últimos días ha generado debate entre vecinos en redes sociales, tiene su origen en un acuerdo alcanzado entre el Ajuntament de Capdepera y residentes de la zona tras una reunión, en la que se trató la cuestión relacionada con este espacio. 

    El encuentro, según fuentes municipales, fue solicitado por vecinos y sirvió para analizar la situación del parque, su uso y su encaje dentro de la reordenación urbana que se está llevando a cabo. A partir de ese diálogo, ambas partes coincidieron en que la mejor opción era su eliminación.

    Entre los factores que se pusieron sobre la mesa, se señaló que el parque era una zona que en determinados momentos no tenía un uso adecuado para un espacio infantil, además de presentar un estado mejorable en cuanto a instalaciones. En este sentido, algunos de los elementos no eran homologables hoy en día, lo que también influyó en la decisión final.

    No obstante, en la reunión se acordó la retirada del parque en su ubicación actual.

    Como alternativa, se planteó actuar sobre la zona infantil de la plaza Cap Vermell de Canyamel, con el objetivo de reforzar este espacio como punto de referencia para las familias. Esta mejora se estudiará una vez finalizada la temporada turística, momento en el que se podrán ejecutar actuaciones sin interferir en el periodo de mayor afluencia.

    De este modo, la decisión responde a un proceso dialogado con los residentes, aunque el debate surgido en redes sociales en los últimos días pone de manifiesto que no todos los vecinos comparten la misma visión sobre la desaparición de este equipamiento.

    Las obras de mejora de Canyamel eliminan un parque infantil 

    En los últimos días, la recta final de las obras de mejora en Canyamel ha venido acompañada de un debate vecinal que ha tomado forma en redes sociales. Lo que hasta ahora parecía una actuación bien recibida ha abierto un nuevo foco de atención tras la publicación de un comentario anónimo que cuestiona la desaparición del parque infantil de la zona.

    El mensaje, que rápidamente generó interacción y decenas de respuestas, planteaba una reflexión directa: “Después de 15 años viviendo en Canyamel, el verano pasado es cuando más niños he visto jugar en el parque infantil que ya no existe”. El mismo texto criticaba la sustitución del espacio por un uso vinculado al mercadillo semanal, señalando que se trata de una actividad puntual frente a una necesidad diaria de las familias.

    A partir de ahí, el hilo se convirtió en un punto de encuentro de opiniones diversas, aunque con un denominador común: la preocupación por la falta de espacios adecuados para los más pequeños.

    Varios vecinos expresaron su desacuerdo con la desaparición del parque, subrayando el papel que este tipo de instalaciones juega en la vida cotidiana del núcleo. “Es una pena que los ciudadanos del pueblo tengamos que salir a otro sitio para entretener a los niños”, señalaba una residente, que además apuntaba al crecimiento del número de familias en los últimos años. En la misma línea, otro vecino destacaba que “un parque infantil es un lugar donde los niños juegan, ríen y se encuentran, y eso forma parte de un pueblo vivo”.

    Las críticas no se centraron únicamente en la eliminación del espacio, sino también en el estado de otras zonas infantiles alternativas. Algunos comentarios apuntan a la necesidad de reformar y acondicionar el parque ubicado en la zona de la antigua comisaría, mencionando carencias en limpieza, iluminación o mantenimiento.

    También hubo quien puso el foco en aspectos técnicos de las obras, señalando posibles problemas en la ejecución, como desniveles, accesibilidad o dudas sobre el sistema de drenaje en caso de lluvias intensas.

    El debate, sin embargo, no ha sido unánime ni exento de matices. Entre las respuestas también se encuentran voces que comprenden la complejidad de la actuación o que apelan a buscar soluciones alternativas, aunque el tono general refleja una inquietud compartida: cómo equilibrar la mejora urbanística con las necesidades reales de quienes viven en el núcleo durante todo el año.

    Más allá de la polémica puntual, lo ocurrido en Canyamel evidencia una cuestión de fondo que trasciende este caso concreto: el papel de los espacios públicos en núcleos pequeños y su capacidad para responder a diferentes usos, especialmente cuando se trata de conciliar la actividad turística con la vida cotidiana de los residentes.

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