La tradición ancestral encara su edición de 2025 con 150 manojos de faies ya preparados
Capdepera vuelve a mirar hacia el Castell con la misma mezcla de respeto, emoción y memoria colectiva que desde hace décadas acompaña al Alei-alei. El pasado sábado 22 de noviembre, vecinos de todas las edades participaron en la jornada de recogida de càrritx que permitió preparar 150 manojos de faies, el material que iluminará la tradicional bajada del próximo 18 de diciembre, día de la Esperanza. Una tradición que en nuestro municipio, siempre ha sido un disfrute para los más pequeños.
Este año, además del componente organizativo, la jornada volvió a reafirmar su dimensión pedagógica: enseñar a los pequeños de dónde salen las faies, qué es el càrritx, cómo se elaboran y por qué esta tradición forma parte del patrimonio cultural de Capdepera.
Una de las voces más autorizadas para explicar ese vínculo es Joana Colom i Brunet, una de las artífices de la recuperación del Alei-alei en el municipio. Sus palabras lo resumen y lo iluminan todo: “En Capdepera, el Alei-alei siempre ha sido cosa de los niños”.
Colom i Brunet recuerda que, aunque esta tradición tiene su origen en los Pirineos y se celebra históricamente con la gente más mayor, en Capdepera tomó un rumbo distinto desde sus inicios: “Aquí siempre lo hemos vivido centrado en los pequeños. Las personas mayores lo recuerdan así desde antaño, como una fiesta que pertenecía a los niños, y por eso creemos que debemos continuar preservándola de ese modo”.
Esa transmisión generacional es, precisamente, lo que explica que el Alei-alei haya resistido el paso del tiempo, manteniendo su esencia vinculada al solsticio de invierno y a la simbología de la luz venciendo a la oscuridad. La bajada de faies desde el Castell, con las varas encendidas dibujando un río de fuego, se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles y emocionantes del calendario local.
Este año, además, la fecha de celebración ha cambiado. Tradicionalmente se hacía el sábado de Navidad, pero, tal como explica Joana Colom i Brunet, “las fiestas de empresas y los compromisos de estas fechas hacían difícil que todas las familias pudieran participar. Cambiar la fecha permite que el pueblo entero pueda vivirlo”.
La celebración mantiene también su conexión con la festividad de la Esperanza, patrona del municipio. Una combinación, asegura Colom i Brunet, absolutamente natural: “El Alei-alei encaja perfectamente, aunque sea una festividad pagana ancestral, con la celebración religiosa. La luz, la esperanza, el sentido comunitario… todo convive sin ningún problema”.
Con los 150 manojos ya preparados, Capdepera inicia la cuenta atrás para uno de los momentos más esperados del año. Un ritual que no solo ilumina las calles de Capdepera, sino también la memoria colectiva de un pueblo que ha sabido custodiar una fiesta ancestral y mantenerla viva a través de la mirada —y las manos— de sus generaciones.




