14 marzo 2026

    Antonia Fornaris: “Lo mejor de estos diez años ha sido la gente”

    Antonia Fornaris

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    Hace diez años, la farmacéutica Antonia Fornaris, nacida en Son Servera, abrió su farmacia en Capdepera. Desde entonces, ha vivido una década marcada por la proximidad, el aprendizaje constante y la evolución del perfil de paciente. Estos días, con motivo del aniversario, hablamos con ella sobre los inicios, las anécdotas, los cambios del sector y el papel que juega una farmacia de confianza en la vida diaria de un municipio como el nuestro.


    Estos días celebráis 10 años. ¿Cómo lo vives?
    Increíble, me asusté al pensarlo. Pero alegre de poder celebrarlo.

    ¿Qué recuerdas de aquellos primeros días?
    Me acuerdo de la gente. Aparcaba el coche, caminaba dos calles y me encontraba con dos señoras que, al tercer día, ya me preguntaron a dónde iba. (Pasa mucho en los pueblos.) Después ya me relacionaron con la farmacia y nos saludábamos cada mañana. Ese es el encanto de las rutinas en los pueblos.

    Tú eres de Son Servera. ¿Cómo fue ese paso a Capdepera?
    Ha sido fácil. Yo también me he criado en un pueblo, estoy acostumbrada a los malnoms, a la ilusión de las fiestas locales… En este sentido, el cambio no fue muy grande.

    ¿Ha habido anécdotas divertidas en estos años?
    Sí. Una vez me pidieron “una prova” y yo entregué un test de embarazo. Para los gabellins, prova significa termómetro. ¡Imagínate la cara de la mujer… y la mía! Fue gracioso.

    ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención durante estos diez años?
    (ríe) Que las pastillas que siempre faltan son las de dormir, nunca llegan a final de mes.
    Pero también me ha sorprendido la buena colaboración de la gente. Gracias a muchos pacientes y sus historias médicas, pude presentar trabajos en congresos. Hicimos proyectos para visibilizar el dolor crónico y sus efectos en el día a día. Fueron meses de entrevistas, y académicamente, resultó muy satisfactorio.

    ¿Qué esperabas que fuera de una manera y resultó diferente?
    Quizás la parte de investigación. No pensaba que desde la farmacia podríamos llegar a generar contenido para congresos. Y al final, con pacientes comprometidos, se pudo hacer.

    ¿Cuál es el perfil de paciente habitual?
    Principalmente adultos mayores de 50 años con medicación crónica. También personas mayores con movilidad reducida, a quienes ayudamos con productos específicos como ayudas para la incontinencia o para la piel frágil. En verano llegan familias con segundas residencias, aunque últimamente se nota más el alquiler vacacional.

    Dicen que los farmacéuticos de confianza sois como confesores… ¿Estás de acuerdo?
    Totalmente. Al final acabamos descubriendo la verdad. A veces la gente no toma la medicación como toca, no lo entendieron bien, o la sacan y luego no la toman. Y esto compromete el tratamiento. Muchos no se lo dicen al médico por vergüenza o por falta de tiempo. Ahí empieza nuestra labor: ser un poco detectives y, sobre todo, educadores sanitarios.

    ¿Tienes alguna experiencia que te haya marcado especialmente?
    Hay dos que recuerdo con cariño: el proyecto de Capdepera Activa, cuando montábamos una carpa en los mercados de Capdepera y Cala Rajada, y otro sobre artrosis que hice con varios pacientes.

    ¿Y algún recuerdo personal que quieras destacar?
    Sí. Las visitas de Pedro Orpi, que llegó a los 100 años. Contaba historias de la guerra, de cómo era Capdepera cuando era pequeño… Me impactó mucho saber que iba caminando de Capdepera a Cala Rajada, e incluso hasta Artà. Hoy en día, en una sociedad tan sedentaria, eso es admirable. También había quien recordaba la época en que la farmacia la llevaba la señora Melis y cómo ha cambiado todo desde entonces.

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