12 marzo 2026

    ¿El regreso de Rafel Fernández?

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    A veces, en los pueblos, las historias no se cuentan. Se intuyen. Se oyen entre susurros en el mercado, se deslizan con la brisa del atardecer entre las terrazas del centro, se enredan en la espuma de los cafés matutinos y, si prestas atención, se cuelan también entre las cortinas entornadas de los despachos donde se decide el futuro del municipio. Capdepera no es una excepción. Y ahora, entre rumores y recuerdos, entre expectativas y reproches, una historia empieza a tomar cuerpo. O tal vez solo forma. La historia de un posible regreso. La historia de Rafel Fernández. Qué hay de cierto, o no, eso lo dirá el tiempo.

    Les comenta que lo está pensando. Que lo está Que no se manifiesta, ni para sí ni para no. Que no lo desvela. Dicen que Deixa pixar es mul para ver cómo reacciona la gente ante el lanzamiento del globo sonda. Algunos no le perdonan y por otros, por lo visto, muy a su pesar, no pueden evitar añorarle. Dicen que camina sin presión, a verlas venir. Ahora se debe debatir entre el silencio y la posibilidad de una última palabra. Y esa palabra, cuentan, podría ser un regreso.

    No con las siglas del PSIB, el partido al que defendió durante años con cuerpo y alma. Con el que ganó elecciones, formó gobiernos, y acabó despidiéndose por la puerta de atrás. Ya no. Esa etapa, según todos los indicios, ha quedado atrás. Su renuncia a la alcaldía y su posterior marcha del partido fueron gestos que marcaron una ruptura profunda, tanto política como emocional. Quienes le conocen bien aseguran que no fue fácil. Que costó. Que dolió. Pero también que dejó una puerta abierta, una grieta. Y por esa grieta parece estar colándose ahora la idea de volver. Pero de otra forma.

    Una nueva formación. Independiente. Sin colores ni siglas conocidas. Sin necesidad de repetir discursos de partido ni pactar lealtades con estructuras ajenas. Una herramienta. Un artefacto político diseñado no para ganar por mayoría, sino para pesar, al menos al principio, porque su ambición en cuanto a resultados es de sobras conocida. Para equilibrar. Para estar. Y, llegado el caso, para decidir. Porque si algo tiene claro —según cuentan quienes aún conversan con él— es que su regreso solo tendría sentido si sirviera para cambiar la deriva actual del municipio. O al menos, para frenar la que, a sus ojos, dicen, se avecina.

    Porque el calendario avanza, y con él el pacto de gobierno actual: en noviembre, tal y como estaba acordado, el Partido Popular cederá la alcaldía a Més per Capdepera (dos años y medio para los populares y un año y medio para los eco soberanistas). Un relevo previsto y previsible que, sin embargo, ha encendido más de una alarma. Sobre todo entre quienes miran con recelo un futuro dominado por una izquierda más nacionalista, más ecosoberanista, más convencida. 

    Es aquí donde la hipotética reaparición de Fernández adquiere un matiz más estratégico, sobre todo para aquellos que desde bambalinas le han alentado y le alientan. Porque él sabe —y muchos también lo saben— que con su experiencia, su conocimiento del terreno y su capacidad para atraer voto de centro y de antiguos votantes socialistas desencantados (PP, e incluso alguno descontento con Més por haber pactado con la derecha), podría convertirse en una llave imprevisible. Y eso, en un pueblo donde los márgenes son estrechos y los pactos determinan los gobiernos, es una baza demasiado tentadora como para ignorarla (no olividemos que en las últimas fue 5-5-5).

    En los últimos meses, el descontento en algunos sectores concretos ha ido calando. Sectores con mucha fuerza. De esos que te quitan y te vuelven a poner si se dan cuenta de que te necesitan para cubrir sus necesidades. No es un vendaval, pero sí una brisa persistente que cada vez cobra más fuerza. Dicen que con él hay antiguos cargos del PSIB de Capdepera, militantes de toda la vida, vecinos con peso en el entramado social y sobre todo ese poder fáctico y económico de Capdepera, empresarios que antes torcían el gesto ante su estilo, hoy lo dicen sin ambages: «Tal vez no nos gustaba cómo hablaba y sus formas, pero sabíamos hacia dónde iba”. 

    Algunos van más allá. Susurran que detrás de esta hipotética operación hay apoyos discretos, influencias tejidas con paciencia. Que ciertos poderes fácticos locales —llámense como se llamen— ven con buenos ojos una candidatura que les devuelva estabilidad, interlocución, visión a medio plazo. Que aunque las formas de Fernández no fuesen del agrado de todos, su figura garantizaba una gestión previsible, técnica, reconocible. Y eso, en tiempos de cambios acelerados y pactos forzados, es oro.

    Y en este escenario, el Partido Popular, aunque oficialmente en silencio, respira como si un balón de oxígeno futuro hubiera recibido. Porque una candidatura como la de Rafael Fernández podría evitar un pacto entre Més y el nuevo PSIB. Podría romper la geometría política prevista y natural que se rompió por aspectos personales. Podría permitir que las mayorías cambien de signo. O al menos, que nadie tenga la partida ganada de antemano.

    Pero nada está confirmado. Nadie ha oído de su boca una afirmación clara, ¿o sí?. No hay ruedas de prensa, ni comunicados, ni movimientos visibles. Solo señales. Comentarios en los márgenes. Frases en condicional. Gente que dice que lo ha oído. Gente que dice que le han preguntado. Gente que dice que dijo que no. O que sí. O que ya veremos.

    Y quizás eso sea lo más revelador. Porque en política, cuando los rumores se repiten, cuando se normaliza la posibilidad, cuando la calle lo empieza a dar por hecho, es porque algo se está moviendo. O porque alguien quiere que se mueva. Y esa es, en esencia, la historia que hoy circula por Capdepera: ¿vuelve Rafel?

    Quizás. Tal vez. Solo si hay demanda social. Solo si siente que no es un capricho, ni una venganza, ni una cuenta pendiente. Solo si percibe que hay un hueco, una necesidad, una oportunidad de volver a ser útil, de una manera diferente, comentan los que saben qué intenciones tiene Fernández.

    ¿Será esta historia el preludio de un regreso? ¿O solo un capítulo más en el largo libro de la política municipal de Capdepera, donde muchas páginas se escriben con tinta invisible hasta que llega el momento de imprimirlas?

    Lo sabremos pronto. O no.

    Porque en Capdepera, como en todos los pueblos, lo importante rara vez se grita. Se dice bajito. Y se escucha mejor cuando uno calla y presta atención. 

    Estaremos atentos y prestaremos atención, entonces. 

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