14 marzo 2026

    NUESTRA HISTORIA

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    CON MOTIVO DE LA 25ª EDICIÓN DEL MERCAT MEDIEVAL DE CAPDEPERA

    Capdepera conserva restos de tiempos muy anteriores a la Edad Media: de tiempos prehistóricos y de la época árabe. Sólo a partir del siglo XIII, con la conquista cristiana, asume una personalidad y un vínculo directo con el momento histórico. Con los catalanes llega un complejo cultural y tecnológico que alimenta nuestras raíces. La religión cristiana, la lengua catalana, la familia nuclear y la propiedad familiar, el sistema de labrar la tierra y las herramientas para cultivarla, las formas de ocupación del espacio y los mismos sistemas constructivos, todo junto estructura una nueva sociedad.

    Dentro de este contexto de sustitución de una civilización (la cultura árabe) por otra (la cultura cristiana), hay que situar los orígenes más propios de Capdepera. Todos sabemos que Capdepera aparece por primera vez en las fuentes cristianas con motivo de la firma del Tratado de vasallaje de los musulmanes de Menorca. El hecho es importante, aunque tiene poca relación con el desarrollo de esta comarca.

    Más importante fue el reparto entre los conquistadores catalanes. Nuestra demarcación quedó a merced del Rey. Después, Jaume I repartió el territorio siguiendo unos criterios claros: la primordialidad de la defensa. Eso quería decir establecer Caballeros y Ordenanzas. No es una casualidad que todo el término de Capdepera, término fronterizo con el mar y su contorno, pasara a caballeros como Miquel Nunis y Guillem de Montsó y a órdenes como los premostratenses de Bellpuig. El resto fue dispensado a marselleses y otros pobladores particulares.

    Dentro de nuestra comarca existía un núcleo antiguo y otro más desarrollado. Ambos puntos marcaron la vida de los “gabellins” durante todo el siglo XIII. Sus problemas y conflictos tenían que ser tramitados por los “Batlles”. En Manacor, en su iglesia parroquial, se reunieron los síndicos para el juramento al nuevo Rey, Alfons III.

    Todo empezó a cambiar a partir de 1300. Jaume II tenía Mallorca en su pensamiento. Existían en la isla actividades que iban bien, como el comercio; otras que precisaban ser rehechas, como era la distribución de la población en el campo; y otras que debían ser creadas de nuevo, como era el montaje industrial.

    En el campo mallorquín eran evidentes los desequilibrios. La población se concentraba en diversos lugares, mientras que otras gentes, debido a la pobreza, se situaban en tierras dedicadas al pasto de animales. Toda la fachada marítima de la isla estaba débilmente poblada y defendida. Además, muchos caballeros que contaban con feudos vivían siempre en Ciutat de Mallorca. Así lo hicieron los Nunis de Capdepera y también, a finales del siglo XIII, los Montsó.

    Capdepera, entre otras localidades, fue escogida por Jaume II para establecer allí un pueblo. Mientras los programas de colonización pasaban a la mayor parte de villas para una distribución de propiedades entre los nuevos pobladores (15 cuarteradas de tierra y medio cuartón de huerto), en Capdepera no se ofreció nada de esto, por su particularidad.

    En Capdepera, el programa oficial era un simple reagrupamiento de la población dentro de la nueva “força emmurallada”, como se la denominaba. Jaume II y, después, Sanç I pagaron de su propio peculio la construcción de las murallas, aunque el asentamiento de los pobladores dentro de la fortaleza iba a cargo de cada particular.

    Pau Cateura Bennàsser, de la UIB, hablaba en un artículo de que las citadas condiciones no fueron atractivas para nadie. La perspectiva de un desembarco de enemigos no era suficiente motivo para un traslado con considerables gastos y la incomodidad del nuevo hogar dentro del recinto.

    Solamente cuando el Rey Sanç I decidió subvencionar la construcción de casas con 100 sueldos, la gente se decidió a hacer la mudanza. Por eso, en el año 1328, ya existían 59 casas en el interior de la fortificación.

    Pero la formación de la villa de Capdepera era sólo un paso. El nuevo núcleo no contaba con personalidad propia, no tenía consideración de municipio. Debido a ello, los “capdeperins” iniciaron una nueva ofensiva: la consecución de municipio propio. No lo consiguieron por una razón numérica: los pueblos programados por Jaume II debían contar con un mínimo de cien cabezas de familia.

    Si Capdepera no pudo tener municipio propio en la Edad Media, sí que consiguió una cuota de poder: una cuarta parte de regidores y consejeros y un segundo “Batlle”. No era mucho, pero sí constituyó el reconocimiento de una comunidad diferente, con personalidad propia.

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