15 marzo 2026

    Nombres propios, insignes personajes, de épocas pretéritas

    Contxa Garau

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    Como ya les he dicho en otras ocasiones, me gusta adentrarme en los archivos, publicaciones, textos varios, etc. que recopilo, al ver que tratan de Capdepera, mi pueblo. Quizás lo haga –en el momento de transcribirlos a este papel para Vds.– de forma un tanto desordenada, aunque pienso que ello no es óbice para que deje plasmados aquí nombres, situaciones, hechos que, tal vez por mi bisoñez, desconocía, los cuales me complace trasladarles, por si, como una servidora, existen lectores en mi misma situación.
    Pere d’Alcàntara Peña, en 1891, contaba con una guía en la que Capdepera estaba incluida. Nuestra villa tenía, en ese año, 2.613 habitantes, contaba con un pequeño templo parroquial. La obra de palma y la pequeña industria pesquera fueron sus medios de vida, entonces. El palmito se exportaba a través de grandes embarcaciones locales hacia la península, con importación de productos varios, dándole a este pueblo un fuerte impulso comercial. Previamente, un cuarto de siglo antes, ya se había construido el Faro de Cap de la Pera y con la llegada de turistas se abrió el primer hotel en Cala Rajada, cerca del puerto.
    Un nieto del insigne doctor “gabellí” don Juan Alzina Melis manifestó que su abuelo jamás aceptó ser distinguido como hijo ilustre de Capdepera. De hecho, durante la alcaldía de Bartolomé Flaquer Moll se propuso a la familia del médico el interés del consistorio para declararle hijo predilecto. Nacido en esta misma semana, día 27 de marzo de 1883, falleció en 1979, sin que su nombre jamás haya aparecido en ningún rótulo de plaza o calle de Capdepera, como sí lo tienen Pere Ferrer, Baltasar Covas, Leonor Servera, Juan Moll u otros. Alguien me indica que hubo un tiempo que los gobernantes locales detestaban poner nombres de vecinos en las calles y que los sustituyeron, a algunos, por flores, plantas o labores. Personas como el maestro Antonio Flaquer Reynés, el doctor Antonio Llinás o el primer director de la Escuela S’Alzinar, Miguel Moll Coll, deberían contar con, al menos, una placa o distintivo de reconocimiento oficial a su persona y su trayectoria. Recientemente, se aprobó dar su nombre a dos vías de Cala Rajada, a los fallecidos doctores Lorenzo Caimari y Bartolomé Balaguer. Olvidar a sus antecesores podría suponer un agravio comparativo, me apuntan.
    En 1863, el historiador Jaume Alzina subraya que existían en Capdepera muchos terratenientes, grandes propietarios de fincas, tales como Felipe Fuster (Son Jaumell y Son Barbassa), Francisco Villalonga (Torre de Canyamel), José Quint Zaforteza (S’Heretat, na Maians, Cloves d’en Sureda), Juan Font (Sa Mesquida) y Salvador Sureda (Son Bessó).
    Por otra parte, Alcàntara Peña ofrece un listado de comerciantes de la localidad a finales de los 1800, dedicados a la venta de frutos del país, como Lorenzo Caldentey, Juan Flaquer, Antonio Fuster, Pedro Ginard, Juan Moll y Bartolomé Servera, este último padre de Leonor Servera de March; las tiendas eran también de los mismos Caldentey, Fuster y Ginard; la fabricación de harina corría a cargo de Juan Flaquer y Bartolomé Servera; la farmacia de Lorenzo Sureda, siendo los médicos Sebastián Ferrer y Gabriel Melis Terrasa, tío del doctor Juan Alzina. Melis tuvo un importante papel en la vida de este galeno.
    En esta época, los representantes de la administración municipal, maestros y sacerdote parroquial, estaban formados por Mateo Sirer, secretario de la Corporación; Mateo Melis, juez municipal; Bartolomé Servera, fiscal; Miguel Melis, secretario; Gabriel Artigues, vicario; Bernardo Prats, profesor, y la maestra Antonia Sancho.
    Pasamos a 1902 y encontramos referencias a nombres de personas que fueron destacadas en el contexto histórico de aquellos años en Capdepera: Sebastián Sancho Ferrer, profesor de primera enseñanza, además de apicultor; Pedro José Vaquer Massanet, secretario del Ayuntamiento; Mateo Sirer Font, experto en herramientas para cuidar la tierra y los árboles; Juan Flaquer Caldentey, constructor, y Juan Sard Servera, maestro nacional. Fueron mujeres eruditas María Alzina Melis, María Terrasa Sancho y Margarita Melis Melis.
    Durante el siglo XX, Mateo Melis Moll, Antonio Ferrer Pellicer, Bartolomé Melis Flaquer, Juan Sancho Espinosa, Juan Moll Garau, Juan Vaquer Font, Mateo Orpí Pellicer, Lorenzo Flaquer Caldentey, Pedro Antonio Bauzá Serra, Antonio Cursach Amorós, Miguel Caldentey Ginard, Luciano Sirer Terrasa, Gabriel Flaquer Massanet, Miguel Juliá Melis, Pedro Juan Servera Brunet, Juan Melis Flaquer, Antonio Brunet Oliver, Mateo Massanet Mascaró, Antonio Orpí Llinás, Antonio Terrasa Pascual, José Cursach Sancho, Bartolomé Massanet Sureda, Juan Vaquer Garau, Jerónimo Flaquer Melis, Jaime Fuster Massanet, Bartolomé Flaquer Moll, Juan Serra Melis, Salvador Moll Vaquer, Juan Pascual Amorós, Antonio Alcover Femenías, José Andrés Gallego Méndez y Antonio Muntaner Pomar, en total 32, detentaron la vara de mando en su calidad de primera autoridad –alcalde– de Capdepera. Unos estuvieron largo tiempo en la Casa Consistorial, otros por vicisitudes varias ejercieron el cargo durante un corto período y, unos terceros, como sustitutos del titular por cese o dimisión de éste.

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