En el mirador de Cala Provençals, cada mañana cuenta una historia diferente, escrita en envoltorios vacíos, colillas y otros residuos que el mar amenaza con arrastrar en cualquier momento. Situado al final del carrer Vell Marí, este rincón natural de nuestro municipio despierta cada día como si una celebración se hubiera congelado en el tiempo, dejando tras de sí huellas de una fiesta que los vecinos observan, impotentes, mientras pasean en busca de tranquilidad.
Una vecina, fiel al lugar en sus paseos por la zona, comenta con tristeza: “Es una pena ir a pasear por la zona y encontrarnos cada día con toda esta porquería”. Son, según asegura, “grupos de jóvenes que acuden habitualmente a pasar el rato, porque se trata de un lugar muy agradable y tranquilo, pero luego lo dejan hecho todo una porquería”. Este escenario, lleno de restos de comida, colillas, e incluso preservativos usados, se repite con especial intensidad durante el verano, cuando la frecuencia de visitas y el clima invitan a pasar más tiempo al aire libre.
Una preocupación por el entorno y el civismo
Sin señalar a los jóvenes como “problemáticos”, subrayan la necesidad de conciencia, recordando que esta suciedad, si no se retira, “acaba en el mar”. Cala Provençals es más que un punto de encuentro: es un espacio natural que invita al descanso y a la desconexión. Sin embargo, aseguran que la falta de concienciación amenaza con convertirlo en un foco de contaminación que afecta tanto a quienes lo visitan como al propio entorno.
Para otros residentes, la solución podría ser sencilla. “Quizás habría que darles clases de civismo a nuestros jóvenes o simplemente poner una papelera… ahí lo dejo”, comenta un vecino que frecuenta el enclave. Este punto, aunque parece simple, plantea un debate sobre la responsabilidad compartida en el cuidado de los espacios públicos. ¿Es suficiente instalar una papelera, o es cuestión de concienciar y educar a quienes disfrutan del lugar para que también cuiden de él?
La Policía Local y la huida de los jóvenes
Quienes pasean habitualmente por la zona explican que la presencia policial suele disuadir a los grupos que se concentran en la zona. “Cuando las patrullas de la Policía Local pasan, los jóvenes suelen coger sus vehículos y marcharse rápidamente”, relatan. La cuestión es que este comportamiento solo pone un parche temporal al problema, ya que la verdadera solución, para muchos, no se limita a la vigilancia policial, sino a fomentar el respeto y la responsabilidad hacia el entorno.
Un reflejo de la convivencia en los espacios públicos
La estampa amanece cada día con la imagen de una convivencia rota entre quienes desean disfrutar del lugar y quienes lo ven como un simple punto de reunión sin ataduras. Los vecinos, sin renunciar al optimismo, creen que puede haber soluciones si todos, como comunidad, tomamos la decisión de cuidar del entorno, ya sea con papeleras, con campañas de concienciación o con el simple acto de llevarse la basura.
Mientras tanto, este enclave sigue siendo testigo silencioso de una realidad que invita a reflexionar, porque, al fin y al cabo, cuidar de nuestros espacios es cuidar también de quienes vendrán después a disfrutarlos.
