El 4 de septiembre de 1921 se celebró una importante reunión en la Casa Consistorial de Capdepera en relación con el ferrocarril con terminal de línea en Capdepera y Cala Rajada. La prensa de aquel año explicaba la noticia de la siguiente manera:
El pueblo de Capdepera, que cuenta con una de las mejores cualidades para una población – tener vivo el sentimiento de patria – ama apasionadamente todo lo suyo y lucha siempre por mejorar. Al ver que la línea de tren desde Manacor se acercaba hacia Artà, ha creído aumentada considerablemente la probabilidad de poder algún día disfrutar de tan esencial mejora. Y, desde entonces, ha sido esta la preocupación constante de todo aquel pueblo, siendo este el tema de conversación que se ha convertido en el ideal de todos los “gabellins”.
De la comunicación de este ideal nació la idea de entrevistarse con el compatriota artanense, don Rafael Blanes Tolosa, alma de la prolongación de la vía hasta Artà, por lo que un delegado consistorial de Capdepera iría a visitarle para solicitar una cita con el fin de que recibiera, el señor Blanes, a una comisión municipal de Capdepera. Con toda deferencia, don Rafael, modesto como él mismo, les dijo que no importaba que se desplazasen a su domicilio, sino que él mismo se desplazaría a Capdepera para asistir a la reunión que aquellos vecinos convocasen. Y, en efecto, el Ayuntamiento de Capdepera acordó convocar una magna sesión en “La Sala” para el domingo 4 de septiembre, a las cuatro de la tarde, a la que se invitó con todo interés al Ayuntamiento de Artà y a cuantos estuviesen interesados de aquella villa y, en especial, al señor Blanes.
Desde Artà, hicieron acto de presencia su alcalde, Juan Casellas; el juez Juan Sancho; el secretario de aquel Ayuntamiento, Rafael Sard; los médicos Rafael Blanes y Antonio Solivellas; el farmacéutico Llorenç Garcies y el concejal Antonio Genovard. Los señores Lorenzo Tous y Francisco y Gabriel Forteza, artanenses residentes en la colonia de Cala Rajada, subieron, asimismo, a Capdepera.
En Sa Creu del Terme, a la entrada de Capdepera, las autoridades “gabellines” y la plana mayor del pueblo esperaban a los de la vecina villa, partiendo desde allí en comitiva, presidida por don Rafael Blanes Tolosa, hasta la Casa Consistorial, donde se efectuaría la reunión. La sala de sesiones estaba llena a rebosar y, también, la dependencia de Secretaría, las habitaciones vecinas y la escalera. Era obvio que el pueblo sentía vivamente el deseo de tan importante mejora.
Ocupó la presidencia el alcalde de Capdepera, Lorenzo Flaquer, acompañado del rector de la parroquia, el alcalde de Artà, don Rafael Blanes y el señor Mateo Melis, propietario del predio de Ca’n Patilla. Entre la numerosa concurrencia se podían ver a vecinos de Artà, clero de Capdepera, el telegrafista Luis Garau, el médico Juan Moll, los maestros de escuela Sebastián Sancho y Luciano Alzina, los concejales del Ayuntamiento local y los comerciantes Miguel Caldentey, Antonio Vaquer y Gabriel Flaquer. El alcalde de Capdepera saludó a los presentes y agradeció la deferencia a los foráneos por haberse dignado desplazarse, y dio la bienvenida a todos en general.
> “Hace tiempo – dijo Lorenzo Flaquer, alcalde – que es enorme el deseo que este pueblo siente para poder contar con una línea de tren que una Capdepera con otras localidades. Desde que el ferrocarril llegó a Artà, viéndolo tan cercano, la ilusión se ha convertido en una cierta envidia. Creemos, hoy, realizable aquello que en otro tiempo se consideraba un imposible. Aquí y ahora, queremos expresar nuestro agradecimiento al señor Blanes y le solicitamos que nos señale los pasos a seguir para la consecución de la llegada del tren hasta nosotros y su ayuda para tal finalidad”.
> “Soy enemigo de las palabras que no vayan acompañadas de hechos – señaló Rafael Blanes Tolosa –; estos son los únicos eficaces. Las vías de comunicación vienen a ser las arterias de los pueblos; los trámites e incidencias para conseguir el ferrocarril hasta Artà se deben a la ayuda de Dios y a su Madre, a la constancia e insistencia en pedirlo, a la unión y los esfuerzos de todos y a la multiplicidad de cartas, indicaciones, influencias y otros resortes que se han puesto en juego. Quiero agradecer la ayuda de Capdepera por habernos prestado sus firmas en la solicitud al Estado para la aprobación del tren hasta Artà. Y, ahora, en este 4 de septiembre de 1921, en justa correspondencia, encuentro que debe prestarse auxilio para conseguir el tramo hasta Cala Rajada, para lo cual me encontraréis, “gabellins”, siempre dispuesto para que en breve tiempo pueda ser un hecho”.
> “Los planos y trabajos preparatorios – continuó el señor Blanes – de la línea Cala Rajada-Sa Pobla, pasando por Artà, están todos redactados; no falta otra cosa que la firma del Ministro y, creo, que esta autorización se obtendrá si se crea una Comisión de vecinos que active el asunto y sepa aprovechar la oportunidad. Me extraña que aún no se haya recibido la subvención para el inicio de las obras. Es preciso que Capdepera haga toda ella una piña, un solo corazón, huya de todo espíritu de bandería y se deje al margen todo partidismo político o personal”.
A la petición del secretario de la Corporación, Juan Reynés, para que don Rafael encabece el lugar principal de la Comisión que él mismo ha sugerido, este se excusa diciendo que este grupo tendría que estar compuesto solamente por gente “gabellina”. Se propone a don Mateo Melis “Patilla” –que siempre dio pruebas de su amor hacia Capdepera– como cabeza de la mencionada Comisión. Antonio Vaquer “de S’Heretat” comentó que el ingente trabajo que las gestiones y los trámites exigen merece el nombramiento de Melis, el cual se ve acosado por el asentimiento espontáneo de la concurrencia vecinal. Mateo Melis manifestó que no se creía en condiciones de ser él quien llevase a cabo este asunto, aunque sí se mostró dispuesto a encargarse de ello, siempre que todo Capdepera contribuyese y contase con la constante colaboración de don Rafael.
Los aplausos no se hicieron esperar, se sirvió un refrigerio y, finalmente, se acompañó a la comitiva de Artà hasta la salida del pueblo, donde se despidieron haciéndose votos para que en breve tiempo pudiesen asistir a cantar un “Te Deum” en agradecimiento a la consecución del tren hasta Cala Rajada. Alguien de la Corporación Municipal propuso dar el nombre de Rafael Blanes Tolosa a una calle del término municipal. Con el tiempo, y sin que este señor moviese un solo dedo para que el tren llegase a Cala Rajada, se dedicó una calle – actualmente “Carrer Xuclamel” – a su nombre. El “Te Deum” todavía está pendiente de ser cantado.
Llorenç Garcies i Font “Pujamunt”, reconocido farmacéutico artanense, comentaba: “El día que el ferrocarril de Artà sea prolongado desde esta población hasta la desembocadura del torrente de Canyamel, y las Cuevas sean iluminadas eléctricamente, pudiéndose contemplar aquellas maravillas que, hoy, tienen que examinarse fatigosamente a la luz de una deficiente lámpara de acetileno, habremos avanzado hacia la modernidad”. Otro artanense que deseaba que todo quedara en casa, léase Canyamel y las Cuevas (Artà).
Garcies hizo hincapié, con sus palabras, recordando el accidente, la caída, en el interior de las Cuevas de Artà del Rey Alfonso XIII, al cual denominaban S.M. Rey don Anfós, en su visita, acompañado del presidente del Consejo de Ministros, don Antonio Maura, con motivo de la llegada a este lugar del Infante Fernando de Baviera, en febrero de 1923.
Garcies recordó, en esta alocución, a don Rafael Luis Blanes Massanet, quien fue el primero en pronunciar la palabra “ferrocarril” y quien trabajó e inició este ideal que no se pudo ver cumplido. Aunque su hijo, Rafael Blanes Tolosa, incapaz después de un siglo de hacer llegar el tren a Capdepera, en calidad de “factótum” de la Compañía de Ferrocarriles de Mallorca, en aquellas mismas fechas de 1923, comunicó a Mateo Melis “de Ca’n Patilla”, presidente de la Comisión de “gabellins”, en relación con la llegada del transporte viario al puerto de refugio de Cala Rajada, que se había extraviado la Real Orden en la que se ordenaba que el expediente pasara a informe de la Junta de Defensa del Reino, con el soporte del General Weyler.
El 16 de junio de 1924 se celebró en Artà una gran fiesta para conmemorar el tercer aniversario de la llegada del tren
a aquel pueblo, en 1921. El director-gerente de la Compañía de Ferrocarriles de Mallorca, en su discurso, apuntaba – al igual que, durante un siglo, han venido haciendo todas las autoridades que han pasado ante nosotros – “la pronta puesta en marcha de las obras de colocación de las vías hasta Cala Rajada”. Aseguraba que, al decirlo, contaba con la venia del presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura, el cual veraneaba en nuestro puerto cada año.
Y se cumplió en junio el siglo de la celebración del tercer año de tren en Artà, y en Capdepera y Cala Rajada continúan – pese a las promesas últimas de quienes hoy detentan el poder político en nuestra Comunidad – esperando “un imposible”. ¡Alto y claro!
