Maria Esteva Pascual, la persona más longeva de Capdepera y Artà, es un testimonio viviente de más de un siglo de historia. Nacida el 6 de abril de 1916, María ha vivido una vida llena de cambios, desafíos y alegrías.
“Capdepera ha cambiado muchísimo. Antes la gente tenía muy poca cosa, era una vida muy pobre, sin embargo era una vida muy feliz. Incluso más que ahora”, recuerda María. “Los vecinos eran como una familia, en las noches nos reuníamos en ‘ses vetleries’, era muy divertido. No teníamos televisor, ni radios, entonces nos juntábamos en casa de una vecina para hacer llata, hacíamos cestas y yo era la redactora de rondalles. También hacíamos representaciones con los más pequeños, cantábamos, había mucha música.”

María vivió una infancia feliz hasta que a los 10 años su vida cambió drásticamente cuando su madre falleció a causa de la tuberculosis. “Mi infancia fue muy tranquila, mis padres me cuidaban muy bien. Después mi madre murió y todo cambió mucho. Murió de tuberculosis, en aquél tiempo no había penicilina. Y había muchos casos de tuberculosis”, recuerda María. Tras la muerte de su madre, María pasó a vivir con su abuela “Pil.lita”, que se convirtió en una segunda madre para ella.
A los 27 o 28 años, María dio un gran paso al mudarse a Palma, experimentando así un cambio radical en su vida al pasar de vivir en un pequeño pueblo donde todos se conocían, a residir en un piso en la bulliciosa ciudad de Palma. En su nueva etapa, crió a su hijo Toni Alzina y se desempeñó como empleada del hogar.


Cuando le preguntamos qué consejo le daría a la gente más joven y que tiene toda una vida por delante, María respondió con sabiduría: “Que no vale la pena enfadarse”. Su hijo Toni añade: “Yo no la he visto nunca enfadada, ni tampoco enferma. Nunca ha tenido gripe. Ni la hemos vacunado, siempre ha estado sana. No tiene dolor, tiene buen apetito…”.


María está contenta con la vida que ha llevado. “Muy contenta. He tenido una familia muy buena, lo que más recuerdo de mi infancia son mis padres, eran muy buenos, y yo era muy feliz. Eran personas excelentes. Nos tenían un cariño muy grande. Pero todo eso acabó cuando mamá enfermó.”

Hoy en día, María pasa sus días tranquilamente. “Duerme mucho, de día y de noche, ojea el periódico, las revistas, come bien, está tranquila”, nos comenta su hijo. Y añade: “Eso sí, cada día pide por su bisnieto Toni, de 5 años, con quién tiene muy buena relación. El niño cada vez que llega a casa, siempre va a despertarla, y ella le dice, ‘donem sa maneta’”.
María Esteva Pascual es un testimonio viviente de una época pasada, una mujer que ha vivido más de un siglo de historia y que sigue siendo una fuente de sabiduría y amor para su familia y su comunidad.

