En un gesto de amor y nostalgia, Itziar Belil Sans ha decidido ceder al Ajuntament de Capdepera su querida barca Mariona, un llaut construido por su abuelo en 1948 y que ha sido testigo de innumerables momentos de felicidad y libertad en su familia a lo largo de los años.
«Esta barca era como un miembro más de la familia. Siempre la hemos cuidado con mimo y cariño, realizando todo el mantenimiento necesario para que pudiera seguir navegando y acompañándonos en nuestros viajes por el mar», nos cuenta emocionada Itziar.

La historia de la barca Mariona está intrínsecamente ligada a la historia de la familia Belil en Mallorca, que se remonta a 1902. Desde que sus bisabuelos descubrieron la isla a principios del siglo XX, Mallorca se convirtió en un lugar especial para la familia, un paraíso al que regresaban año tras año.Primero recalaron en Portocristo. Gracias al comentario de un conocido, al año siguiente ya estaban pasando sus primeras vacaciones en Cala Rajada.
Itziar recuerda con cariño los veranos en Cala Rajada, las comidas en la casa de Cas Bombo, las salidas en la barca Mariona hasta la bahía de Alcúdia o el Portet des Caló. Para ella, crecer junto a esta barca significó “libertad, aventura y amor por el mar”.
Tras años de cuidados y reparaciones, llegó el momento en el que la barca Mariona “ya no podía seguir navegando”. Con un casco deteriorado y sin posibilidad de reparación, Itziar tomó la difícil decisión de despedirse de su querida compañera de viaje. “La intentamos reparar y poner a punto pero la madera ya estaba tan deteriorada con el paso de los años, que ya no aguantaba y requería de hacer una enorme inversión que no nos podíamos permitir; era hacer el casco de nuevo y un mestre d’aixa nos dijo que 20000 euros no bastaban ni para empezar el trabajo”.
«Para mí fue como perder a un ser querido. La Mariona representaba tantos recuerdos y emociones, que verla en ese estado me dolía en el alma», confiesa Itziar.
Ante la imposibilidad de restaurarla por completo, Itziar decidió contactar con el Ajuntament de Capdepera para ofrecerles la barca, con la esperanza de que pudieran darle un nuevo hogar y preservar su historia y tradición.
Mandó una carta al consistorio de la que no recibió respuesta. Era a finales de 2022 o principios de 2023. Al llegar el verano, con el cambio de Ajuntament, llamó por teléfono al consistorio para preguntar si habían visto algo de su petición (la cual había hecho por registro). Fue aquí cuando inmediatamente le respondieron diciendo que estaban muy interesados pero que necesitaban unos días para ponerlo todo en marcha. Dicho y hecho, un técnico del ayuntamiento se desplazó a su casa, donde Itziar tenía a Mariona, para ver su estado y características.
Al cabo de pocos días, un camión grúa recogía la barca para llevarla a las dependencias municipales.
La idea era recuperar y adecentar para poder colocarla, tal y como anunció Faxdepera hace semanas, en la rotonda dels Quatre Cantons, para sustituir a la barca que con el paso de los años tuvo que ser retirada porque estaba destrozada.
El nombre de Mariona se lo puso Francisco Belil Torres (abuelo de Itziar) porque así se llamaba su hija pequeña (tenía dos hijos más mayores). “Mariona era mi tía”, cuenta Itziar con nostalgia, ya que estamos hablando de la que era “la barca de la familia”.


Durante los primeros años, Mariona era sacaba al seco en invierno y guardada en un garaje. “Con el paso de los años, se quedaba en el mar y se le hacía un mantenimiento anual; cada año la recuperábamos”.
Los Belil se pasaban siempre sus primeros días de verano repasando y adecuando a la barca que había acompañado a la familia desde hacía muchos años. “La madera es una pieza viva porque aguanta las tensiones y es una obra maravillosa. Se juntan las maderas con el agua cuando ésta dilata”.
Al fallecer el abuelo de Itziar Mariona pasó a ser de su padre. “Éramos seis hermanos que esperábamos a que llegaran las vacaciones de mi padre para ir a Cala Rajada, porque por entonces nosotros vivíamos en La Molina (Catalunya). Con el tiempo el hermano pequeño, Carlos Belil Sans (que es ingeniero) e Itziar fueron los que se quedaron realizando el mantenimiento de la embarcación.
“El último año, en julio, 2022, yo me pasé tres semanas arreglándola. La tiramos al agua y solo tirarla al agua hizo mucha agua. La volvimos a sacar para ver qué podíamos hacer. La usamos unas semanas más, hasta que mi hijo (Lluís Calvera Belil) salió un día a navegar y ya comprobamos que Mariona tenía una mala herida”, recuerda nuestra protagonista.
El mestre d’aixa de confianza de la familia les dijo que “ya no sabía qué hacer y requería hacer un casco nuevo”.
“A Mariona le tenemos un amor emocional. Yo recuerdo haber ido con ella desde pequeña y mis hijos igual”, cuenta Belil, quien tiene recuerdos de haber ido hasta la Cuevas de Artà con su abuelo navegando en el llaut. “Desde bebé he ido con la barca, y con mis hijos hice lo mismo”, apunta.
Cuando vieron que no había nada que nacer, fue a principios de septiembre 2022. No había posibilidad de hacer nada. “Estaba muerta. Vimos que la barca no existía”.
Fue aquí cuando antes que tirarla y deshacerse de Mariona de cualquier manera, Itziar preguntó al Ajuntament de Capdepera a ver si les interesaba para algo. “Era una barca que navegaba divinamente”. Todo el mundo la conocía. “Hasta yo salía a navegar sola. Yo tenía plena confianza en mi barca para ir por todo”.
“Escribí una carta y la mandé al Ajuntament de Capdepera. Me dijeron que hiciera un registro de entrada. Esto fue a finales de 2022 o principios de 2023. No recibí contestación”.
Al principio la barca estaba en el dique seco del puerto. Luego la llevaron a su casa, donde hay una zona de pinos. Estaba tapada y apuntalada. “Al llegar Semana Santa no había recibido respuesta. Al haber elecciones llamé al Ayuntamiento a preguntar. Me dijeron que estaban interesados”.


Fue a principios de julio cuando Itziar Belil Sans recibió una carta del Ayuntamiento en la que le confirmaban el interés y que se pondrían en contacto con ella.
“Aquí empezó el proceso. La vinieron a revisar, valorarla por un técnico del consistorio y la pasaron a recoger en noviembre con una grúa”, describe.




“A mí me dio mucha pena que ‘muriera’ Mariona porque le tenía mucho cariño. Cuando nosotros éramos seis hermanos y veníamos a Mallorca tres semanas por las vacaciones de mi padre, venir a Mallorca eran las grandes vacaciones. Desde la Molina a Barcelona y no dormir y meternos en el Canguro y directos a Cala Rajada”, subraya.
Estos son los recuerdos de su infancia; “era una maravilla”.


“Mi infancia era absoluta”, recuerda emocionada, a la vez que describe que a la vuelta de las salidas con Mariona, como había viento del sur, “nadie quería ir en barca porque nos mojábamos por las olas. Yo era la única que quería ir, envuelta en toallas para no empaparme”.
“Para mí, Cala Rajada era la libertad”.
