14 marzo 2026

    De canteras, presos, aspirantes y una Cala Rajada vendida a precios irrisorios

    UNA MIRADA ATRÁS Paula Valls

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    Las canteras de marés de Sa Mesquida, la de Regana Blava o de Cala Provensals, todas ellas en Capdepera, fueron, en otro tiempo, imprescindibles para la materia prima en pro de la construcción, las cuales tuvieron su punto álgido a finales de los años 50 y principios del 60, en los albores del “boom” turístico, del pasado siglo. Bartomeu Tous, Biel Orpí, su hijo Pedro, Guillem Reus, Leonardo Muntaner, Juan Sancho y otros personificaron los golpes de pico o “escodra” en la elaboración de las tan necesarias piedras de marés. 

    Bartomeu Tous (a) Col.lecta, había trabajado en la cantera de Sa Mesquida cuando decidió alquilar la de Cala Provensals a su propietario José Quint-Zaforteza. Esos hombres se desplazaban a sus lugares de trabajo en bicicleta y de los pocos camiones transportistas de las pesadas y rústicas piezas debemos destacar el de Joan Serra, Joan Ferrer (a) Prebe y “En Rabassó” (padre de Pere Nadal, quien fuera el primer regidor de Mallorca del partido comunista en los albores de la democracia en el Ayuntamiento de Capdepera). Auténticos dominadores del volante cual era preciso para poder transitar por aquellas dunas arenosas e irregulares asentadas en los caminos, que no carreteras, lejos de ideas urbanizadoras futuribles. 

    CANTERA DE CALA PROVENSALS

    Gabriel Orpí era conocido en la canteras como “el general”, pues era el capataz, mientras otros trabajadores como su hijo Pedro, que falleció a los 104 años, o Guillem Reus o Juan Sancho recibían el nombre de los rangos de “capitán”, “teniente”, “sargento o “cabo furriel”. 

    La guerra y el servicio militar los había marcado, dejando huella. 

    Tous tenía su casa en la calle del Mar, vivienda que había sido del centenario misionero “gabellí” Felio Morey Amengual (que cuenta con su nombre en una vía del pueblo), el cual se había desplazado, en el pasado, a Temuco (Chile), llegando a ser confesor del Obispo y otros clérigos chilenos. El padre Felíu hizo construir en aquel lugar una réplica de la pequeña iglesia del Castillo de Capdepera. Falleció a los 105 años en Temuco, jamás había regresado a su villa natal. La venta de su casa a la familia Tous-Massanet costó a éstos la cantidad de mil doscientos duros de las antiguas pesetas.

    En tiempos de la guerra civil, existía en Capdepera un rector llamado Antonio Morey, el cual con el vicario Gabriel Gili regentaba la parroquia de San Bartolomé. Tenían sus rifi-rafes tanto con los evangélicos-protestantes de la Capilla de la calle San Pedro, como con los frailes de San Alfonso María de Ligorio (ligorinos) que contaban con una escuela y un templo en lo que actualmente es el teatro de la localidad. 

    ZONA DE SES ROTGES EN LA ANTIGUA CALA RAJADA

    Asimismo, vivía en su casa de Capdepera otro sacerdote conocido como “Es capellà Ranxer” (de apodo), que por sus excentricidades y sus aficiones a las obras de teatro y comedias, los jóvenes hacían befa de él y le cantaban, debido a su apodo: ”Allá en el rancho grande, allá donde vivía, había una rancherita que alegre me decía: Te compraré unos calzones como los usa el ranchero..etc.etc”. 

    Volviendo a don  Antonio Morey (a) “Carboneret”, el párroco, intercedió por la libertad de numerosos “gabellins” presos republicanos. Uno de ellos fue Bartomeu Tous, como también lo fueron Bartomeu Melis, Antonio Massanet o  Miguel Llull. 

    Ninguno de los cuatro frecuentaba la iglesia y, no sin cierta sorna, solían comentar que no sabían donde se encontraba la puerta principal de la parroquia. 

    Sin embargo, sí supo donde se encontraba la entrada de la Rectoría el liberado Tomeu Melis, apicultor y agricultor, el cual, a la chita callando, depositó en un recodo de dicha entrada una tinaja rebosante de miel en agradecimiento por el favor que le había hecho Morey, seguro como estaba el donante de que el clérigo iba a encontrarla. 

    EL VICARIO GABRIEL FUSTER Y TRES ASPIRANTES DE ACCION CATÓLICA

    Mientras que Miguel Llull, a la sazón director de la Banda de Música de Capdepera, jamás puso impedimento alguno ni cobranza cuando el conjunto musical era requerido para actuar en alguna fiesta religiosa.

    Fue Don Antonio Morey un cura que ayudó con limosnas a los pobres. Al finalizar su ejercicio sacerdotal en Capdepera fue designado capellán castrense del estamento militar.

    Algunos muchachos de Capdepera que se incorporaron a filas fueron asistentes de Morey, y precisamente, uno de ellos, Mateo Garau, siempre comentaba que con la confianza que tenía con el castrense jamás pudo conseguir que le dejara leer, o incluso copiar, los jocosos versos que en su estancia en Capdepera había ido dedicando a numerosos vecinos que desprendían singularidades y caracteres físicos personales, suficientemente atractivos para poder ser objeto de sus juglares invectivas.  

    Fue sustituido don Antonio Morey por los reverendos Melchor Llull y Gabriel Fuster. Este último era muy activo con la juventud y fue quien creó la fiesta de San Juan, centrada en niños y adolescentes, fundando en Capdepera la Acción Católica, donde todos los jóvenes concurrían. 

    Un hermano de este sacerdote transportaba a Capdepera, desde la Colonia de San Pedro, montado en una moto Guzzi, los viejos y raídos balones de fútbol del equipo de aquella población. 

    ANTONIO MOREY , SALVADOR DE PRESOS

    El maestro zapatero remendón vecino de la iglesia, maestro Eloy Bonnín, los arreglaba, cosiéndolos como podía para que quedaran listos para practicar el balompié, deporte que combinaban (los denominados “aspirantes de Acción Católica”) con el tenis, en verano, en “Es Carregador”, en las pistas de don Tito Alomar, que fue catedrático del Instituto Ramón Llull de Palma.

    Cuando Cala Rajada no era más que una zona cercana al mar, con tierras nada aptas para la agricultura, por su aire salobre y amarineradas, su litoral estaba distribuido entre Ca’n Climentó y Ses Rotges. Un carro “de parell” fue el precio de la compra-venta del primer predio indicado, a la ribera del mar la tierra carecía de valor. Sin embargo, no prosperó la venta de Ses Rotges al más arriba citado Bartomeu Melis (a) “Saletes”, a cambio de un carro, un mulo y 500 pesetas.  Imagínense toda Cala Rajada adquirida con dos carros, tres bestias y cien duros…

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